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La educación y la violencia

Diálogo Estado / Top News / 24/01/2018

SOMOSMASS99

 

Laura Cuevas*

Miércoles 24 de enero de 2018

 

La violencia que en la actualidad manifiesta la sociedad mexicana en sus diferentes estratos no ha surgido de manera repentina o espontánea, sino que ha venido desarrollándose en el transcurso de las últimas décadas.

Como es sabido, la llamada guerra contra los cárteles de la droga llevada a cabo en el sexenio de Calderón, desató la peor de las masacres vistas en nuestro país -se ha repetido innumerables ocasiones, por diferentes voces, que hemos tenido más muertos que en Irak sin estar en un estado de guerra-. Ante ese desacierto emprendido por el mencionado gobierno, los mexicanos de bien no hicimos nada, dejamos que ocurriera como si pasara lejos. Pero no, pasaba en nuestra propia casa. Pronto los muertos, las extorsiones, los levantados, las balaceras estaban a nuestro costado, en las casas de nuestros vecinos, de los amigos, de los conocidos. Se descompuso el tejido social, dicen. El lenguaje de la narcoviolencia ocupó lugar en el habla cotidiana y estaba -sigue estando- en el lenguaje de los adultos, de los jóvenes y lo más grave: de los niños. La violencia, en palabras y hechos, nos había -nos ha- invadido.

Y qué institución o instituciones de las creadas para el bien de la gente ha intervenido ante esta situación. De las instituciones gubernamentales poco tenemos que esperar, han generado y manejado la violencia de una u otra forma. No así el caso de la escuela. ¿Qué ha hecho la escuela para ayudar a la Nación a superar la violencia en la que vivimos día con día? O, ¿qué ha dejado de hacer?

En la Escuela Pública -por ejemplo- los maestros reciben en sus aulas a gran cantidad de alumnos en los cuales de primera mano palpan el resultado de este estado de violencia: niños que quieren ser narcos, niños que forman parte de bandas narco menudistas, niños que van armados, niños que son hijos de un probable delincuente y muchos más. Y ante ello, ¿qué le ordena la SEP a los maestros? Que se preparen, que se evalúen, que acepten el nuevo modelo educativo, que llenen su ruta de mejora escolar para brindar una educación de calidad, una ruta en la que por orden de la supervisión las prioridades son el aprendizaje de la lectura y escritura, así como lo relacionado con las matemáticas. ¿No sería necesario dar prioridad a materias como el civismo, llamado ahora Formación cívica y ética?

Durante mucho tiempo, en la Escuela Pública se ignoró la formación cívica de los mexicanos, que tiene sus raíces en la filosofía y que es la parte de las ciencias que estudia la ética, la lógica, la moral, es decir los llevados y traídos valores humanos. Generaciones de mexicanos carecieron de esta formación porque alguien pensó que no era importante. Tal vez por ello la violencia ha florecido de tal manera, pues ha encontrado terreno fértil.

En la reforma llevada desde 2002 a 2009 a los planes y programas de la educación básica de nuestro país, se incorporó la Formación cívica y ética; pero aun así, en la práctica, a la materia se le concede poca importancia, porque la mayoría del tiempo dentro del aula lo ocupan las materias de español y matemáticas. La materia de Formación cívica y ética ocupa un lugar menos que secundario en las planificaciones cotidianas de los maestros de primaria (lo anterior lo he constatado revisando las planificaciones de los docentes de al menos cinco escuelas primarias). Otro dato es el poco interés que los maestros de primaria manifiestan por esta materia, pues todas sus actividades, tanto de evaluación docente como del proyecto escolar, se centran -como ya mencioné- en español y matemáticas.

Como vemos, ante los graves problemas de civilidad que presenta nuestra sociedad, es necesario que la escuela y sus maestros respondan con la parte que les corresponde -no lo hará el gobierno, no lo hará la religión- en la educación de los nuevos miembros de la sociedad. Enseñar a leer y escribir es muy importante -y ya ven que, aunque todos los esfuerzos de la escuela pública estén enfocados a ello, los resultados según las pruebas internacionales son pobres- pero es prudente, necesario y vital para que esté país sea, sin ser violento ni corrupto, que la formación en la raíz filosófica se lleve a cabo, pues ello dará a los educandos herramientas para responder de manera crítica y, sobre todo, humana ante los acontecimientos que vivimos en nuestro país.


* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo, de Celaya, Guanajuato, al que pertenece la autora.

Foto de portada:






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