SOMOSMASS99
Eduardo Velasco Vásquez / Másde131
Iguala, Gro. / Domingo 6 de febrero de 2016
Despierto con el sol en la cara bañada en sudor, el camión con estudiantes normalistas, organizaciones y colectivos de la Ciudad de México llegó a Iguala con otros cuatro camiones.
En el centro de esta ciudad guerrerense está instalado un campamento, hay un templete listo para recibir a los familiares de los 43 normalistas desaparecidos por policías. En una tabla pintada se lee la frase que ha descrito al movimiento:
“Quisieron enterrarnos pero no sabían que éramos semilla”.
Una manta gigante con el rostro del Che Guevara cuelga del palacio municipal, mira hacia el horizonte donde las nubes se arremolinan prometiendo una tarde sin el inclemente sol.
En medio de fuertes vientos y algunas gotas que caen, comienza la conferencia de prensa:
“Porque esto que estamos viviendo es una pesadilla…
Yo les pregunto a los igualtecos:
¿Qué harían ellos si sus hijos no aparecieran?
Ellos harían lo mismo que nosotros estamos haciendo”.
Concluye:
“Nosotros vivimos con esa esperanza de que nuestros hijos están vivos”.
Carmelita Cruz, mamá de Jorge Aníbal Cruz, toma el micrófono, su palabra es dulce:
“Sabemos que hay personas de buen corazón. Hay personas que igual pueden acabar con este sufrimiento que tenemos.
Sabemos que hay personas que tienen un poco de información, a lo mejor no mucha, pero un poco y lo que sea se lo agradeceríamos la verdad…
Porque hoy, este día estamos inciando esta jornada de búsqueda, de información y como padres y madres que hay aquí, yo les pido, de favor, que se pongan aunque sea un segundo en nuestro lugar.
Estamos sufriendo demasiado, nuestros hijos no aparencen y en este lugar fueron desaparecidos por el Estado. Se los llevaron los policías, los militares, todo el cuerpo policiaco se los llevó a…”
(El audio de la conferencia se apaga por razones desconocidas)
El viento agita los rostros de los normalistas desaparecidos, regresa el audio y doña Carmelita retoma desde otro punto. Termina la conferencia de prensa y comienza la misa.
Antes del padre nuestro el sacerdote dice:
“Vamos a recibir ahora todos una vela porque la vela, la luz ilumina las tinieblas, porque las tinieblas no nos vencen…
Porque el silencio de hombres corruptos de cuello blanco no se va imponer…
Porque las tinieblas de la corrupción no ganan…
hoy tenemos luz
hoy tenemos luz
hoy queremos luz
hoy compartimos luz”.
Después de la oración, el padre pide a los asistentes que coloquen su vela al frente; don Clemente Rodríguez, papá de Christian Rodríguez, se acerca a poner su vela, mi mirada recorre su mano pasando por su antebrazo donde tiene tatuada una tortuga, su rostro se ilumina por la luz de la vela.
¿Es la religión el opio de las masas?
¿Quién tiene el valor para pararse frente a una madre o un padre que busca a su hijo, que diario le pide ayuda a dios y decirle que no existe? ¿Qué libertad le puede ofrecer esa “verdad” a quienes les han quitado a la persona que más aman?
Hoy, quienes mañana conformaremos 20 brigadas que recorrerán la ciudad, dormimos en el sótano de una iglesia con vitrales góticos. Los murciélagos de la fruta se escuchan volar entre la noche y la esperanza duerme a la luz de una vela.
“Es preciso y válido soñar pero con la única condición de creer en nuestros sueños”, asegura Ernesto Guerrero, alias Malboro, ahora secretario general de Ayotzinapa.


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