SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Martes 12 de septiembre de 2017
No extraña que quien actualmente despacha en la Casa Blanca haya renovado por un año más la Ley de Comercio con el Enemigo (1917), que es el sustento «legal» del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto a Cuba por Estados Unidos.
Esa ley concede al presidente, en tiempos de guerra o emergencia nacional, la facultad de aplicar sanciones económicas y prohibir el comercio con el enemigo y sus aliados.
No extraña, porque su antecesor, Barack Obama, no obstante haber sido el presidente norteamericano que participó en el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba, visitara la Habana en marzo de 2016 y diera un discurso que muy pronto mostró su carácter falaz e hipócrita, antes de que transcurrieran seis meses de esa visita ampliaría, por un año más, la aplicación de la ley que Trump acaba de extender hasta el 14 de septiembre de 2018.
La ampliación de Trump, así como todas las anteriores, ha sido para beneplácito de la fauna contrarrevolucionaria de Miami y Nueva Jersey, además de los sectores más retrógradas de la derecha a nivel internacional.
Actualmente, Cuba es el único país del mundo sancionado bajo esa ley y no está en guerra con Estados Unidos ni este país vive una emergencia nacional por causa de los cubanos.
El bloqueo, impuesto en octubre de 1960, con todas las dificultades que ha ocasionado a la mayor de las Antillas, fracasó en su objetivo de doblegar al pueblo cubano y destruir su Revolución, tal fracaso obligó al imperio a un cambio de táctica, para la misma estrategia.
Además, el bloqueo a Cuba ha concitado la repulsa internacional al grado que la votación de la propuesta de resolución para poner fin al bloqueo, durante la Asamblea General de la ONU en octubre del año pasado, de los 193 países miembros, recibió 191 votos a favor y dos abstenciones, Estado Unidos e Israel, el país que lo impone y su eterno aliado. Sin embargo, el bloqueo continúa.
El resultado de esa votación, aun cuando un mes antes el presidente Obama había extendido por un año más la aplicación de la ley que sustentan el bloqueo, originó que no pocos de los amigos de Cuba, y de sus enemigos, pensaran que el fin de esa genocida política estaba cerca, por lo que los primeros se quedaron con esa ilusión y, los segundos, arreciaron sus embates contra la isla. A estos últimos, el triunfo de Donald Trump les vino como anillo al dedo.
La política del actual y de los anteriores presidentes norteamericanos se caracteriza por la oposición y agresión a todo lo que no esté acorde a los intereses no tanto del pueblo, sino los de las grandes empresas y de la oligarquía de ese país. Venezuela es ejemplo palpable de tal política.
Quizá el imperio y sus vasallos se ilusionan con los cambios que en el terreno de la economía han iniciado los cubanos y confíen en su propaganda y control de los medios para desplegar una lucha, en el terreno ideológico, que les permita lograr su objetivo.
Olvidan que enfrente tienen a un pueblo educado y consciente que, precisamente, ha hecho de las ideas, la batalla de ideas, un bastión inexpugnable.
Basta leer la reflexión de Fidel «El hermano Obama» para darnos cuenta de que para ganar la guerra en el terreno de las ideas el control de los medios es insuficiente, el arma más poderosa es la verdad.
* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular y del Frente Regional en Defensa de la Soberanía de Salamanca, Guanajuato.
Foto de portada: Pixabay.
Comparte en Facebook
Twittéalo








