SOMOSMASS99
Oscar Alzaga*
Martes 19 de octubre de 2020
Resulta un espectáculo penoso y poco democrático la elección de la dirección de Morena, que no atiende un cambio de fondo o alternativa para mejorar el partido. Todo el proceso y el resultado queda en manos del INE, que coronó la división interna y la falta de autonomía. La elección exhibió la ausencia de un debate político e ideológico y la falta de programa y alternativas de Morena. Redujeron esa lucha solo a un cambio de puesto, excluyeron las demandas del pueblo y la nación. Todo se les fue en dimes y diretes entre los aspirantes y las campañas publicitarias. Así, la independencia política y organizativa de Morena la dejaron en el «intachable» e «incorruptible» INE.
El INE -antes IFE- avaló los fraudes electorales de 2006 y 2012, como en 1988 lo hizo el Gobierno de la Madrid y Gobernación: el prestigio del INE se debe a los fraudes del hoy juez electoral de Morena. No olvidemos el fraude de 2009, en el PRD, cuando gana la presidencia Encinas y Jesús Ortega pierde. Este lleva al TRIFE la decisión final y entrega la independencia del PRD, lo divide y somete al fuero del gobierno de Calderón. Por eso nació Morena, para el cambio.
Así, los “chuchos” se apoderan del PRD y en 2012 apoyaron el fraude electoral de Peña Nieto y la compra de votos de dominio público, ¡ah! menos para INE. Morena, pese a sus buenos propósitos, no quiere recuperar su independencia política y organizativa, permite que un organismo ajeno, desprestigiado y con intereses opuestos, sea la autoridad de su elección interna. Según el presidente del INE:
“A diferencia de una votación donde un voto hace la diferencia, en la encuesta la preferencia tiene un intervalo…dado que los rangos se traslapan estadísticamente no se puede determinar el ganador.” “Muñoz Ledo tiene, en promedio, 25.34 por ciento y Delgado 24.29 por ciento.” (La Jornada, 11-X-20), afirma el prestigiado y austero presidente del INE, por lo cual se hará otra “encuesta” para desempatar. ¿De quién son las reglas y su limpia aplicación?
El problema no es el método de la elección de los miembros de Morena, que sea por votación o encuestas, sino en manos de quien se dejan las encuestas, el procedimiento, la vigilancia y la decisión del resultado que representa la voluntad de la mayoría de Morena. ¿Será un método de empate o para atizar la división interna o externa de Morena?
Si en un sindicato no se debe permitir que sea la autoridad la que decida el resultado de una elección, porque se pone en peligro la voluntad de los afiliados y arriesga la independencia, unidad y libertad del sindicato, menos lo puede hacer un partido, porque la autoridad no se identifica con los intereses, limpieza, ideología y política del Partido.
Peor aún sería sí un sindicato dejara al patrón decidir quien dirija a los obreros, cuando los derechos e intereses de ambas partes son distintos y aún contrarios, como ocurre en tiempos de paz en el primer caso, no en tiempos de huelga, cuando el patrón se niega a ultranza llegar a un acuerdo equitativo, justo y legal con el sindicato.
En 36 años de neoliberalismo la derecha avanzó como nunca, si ya antes los empresarios y los partidos de derecha llevaban gran ventaja de 1940 a 1982, después esa desigualdad la ahondaron. Ya que no es fácil superar las organizaciones empresariales y políticas que hicieron y hoy tienen los patrones más poderosos -los oligarcas-, además de sus grupos empresariales y financieros, nacionales y extranjeros.
El INE fue creado para renovar la gastada imagen electoral de los fraudes del PRI de 1952 a 1988, cuando era partido único, con comparsas de derecha, el PAN; del pasado, el PARM y de la izquierda, el PPS. Que el PRI a todos les impedía ganar por la buena: en Nayarit (1976) al PPS, en Chihuahua (1986) al PAN: El PARM, siempre un apoyo del PRI. Tal sistema llegó a su crisis en 1988 con el impopular Salinas y, por otro lado, quien a la vista de todos tenía el apoyo de la mayoría ciudadana, el Ing. Cárdenas. Entonces la lucha electoral fue una realidad en México, dejó de ser simulación y surgió un verdadero pluripartidismo, capaz de ganar por votos la elección presidencial. Pero ese triunfo costó enormes y memorables luchas históricas.
Recordemos que en 2018, antes que el INE, fueron los candidatos del PAN y el PRI los que reconocieron el triunfo de AMLO, para apuntalar el gatopardismo: “es necesario el cambio para que todo siga igual”. A eso apostaron los perdedores: no a cambiar ellos, como lo reclamó el pueblo y la amplia votación a favor de AMLO (30 millones), contra la menor del PAN (12.6 millones) y la mínima del PRI (9 millones).
Por supuesto que la oligarquía, en primer lugar, no quiere que cambie el país ni sus privilegios; tampoco la mayoría de los empresarios grandes y medianos, y con ellos sus seguidores, además de los que por dinero trabajan para ellos, como mercenarios civiles o en algunos medios, y los que tienen altos cargos de gobierno, para servir a la oligarquía, que sabemos es nacional e internacional. ¿O, quiénes son los patrones que controlan las cámaras industriales, de servicios y comerciales?
En este contexto sociopolítico necesitamos cambios en la sociedad civil, en las organizaciones sociales y que los partidos progresistas y de izquierda se vinculen y se organicen con la ciudadanía desde abajo para fortalecer el cambio a fondo, no en la simulación gatopardiana, ni en sindicatos que se inclinen ante empresarios, ni en organizaciones populares manipuladas. En una nueva política nacional del pueblo y los trabajadores.
*Abogado, miembro de la Asociación Nacional de Abogados Democráticos y la Asociación Latinoamericana de Abogados Laboralistas
Foto de portada: Composición SM99 con imágenes de la Cámara de Diputados
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