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Lunes 31 de julio de 2023
La noticia del New York Times sobre el inicio de la “fase principal” de la contraofensiva del ejército ucraniano dio a Putin el jueves la oportunidad de exponer el punto de vista de Rusia en medio de la cumbre con los países africanos que se celebraba en San Petersburgo.
Todos los intentos del ejército ucraniano de relanzar su contraofensiva se han detenido y el enemigo ha sido empujado hacia atrás, sufriendo numerosas bajas, dijo. Durante el último ataque del ejército ucraniano, más de 200 soldados ucranianos murieron y las fuerzas rusas destruyeron al menos 26 tanques enemigos. Agregó que el 60 por cien del equipamiento militar del ejército ucraniano ya había sido destruido durante la reanudación de las hostilidades.
Según él, “el enemigo no tuvo éxito en ninguna de las direcciones de la batalla”. Puede tener algunos éxitos tácticos temporales… pero la situación en el frente no va a cambiar. Lo más probable es que termine de la misma manera que terminaron las fases anteriores de la guerra.
La llamada segunda fase de la contraofensiva de Kiev no es más que un truco propagandístico del New York Times para transmitir que Kiev todavía es capaz de llevar a cabo operaciones militares de cierta envergadura.
El punto clave es la central nuclear de Zaporiya, que conduce directamente a Crimea por la ruta más corta. Si el ejército ucraniano se apoderara de ella, podría simular una posible contaminación radiactiva de la región y exigir que Rusia retire sus tropas y desmilitarice la zona, supuestamente para proteger a Europa de una nube radiactiva.
El ejército ruso apenas se mueve de sus posiciones. Le basta con la superioridad aérea para triturar las sucesivas oleadas ucranianas en cuanto se acercan. Los medios occidentales señalan resignados que los resultados de la contraofensiva son muy poco relevantes.
Zelensky admite que el progreso ha sido “más lento de lo deseado” y el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, John Kirby, también ha tenido que reconocer que la contraofensiva ucraniana no estaba progresando tan rápido como esperaban.
En el otro bando, el Ministerio de Defensa ruso afirma que las tropas ucranianas lo siguen intentando, pero no logran avanzar. Según Shoigu, desde el inicio de la contraofensiva el 4 de junio, Rusia ha destruido 21 aviones enemigos, cinco helicópteros y unos 1.244 tanques, eliminando también a más de 26.000 militares ucranianos.
Putin dijo lo mismo en una reunión del Consejo de Seguridad de Rusia la semana pasada: la contraofensiva ucraniana no estaba dando resultados y que el ejército de Kiev había sufrido bajas masivas, con “decenas de miles” de soldados muertos.
La Guerra sólo continua porque la OTAN tiene miedo al fracaso
La Guerra de Ucrania no va bien para Estados Unidos y la OTAN, pero no les queda otro remedio que continuarla. Si la guerra sigue, parece que aún tienen una oportunidad. Si paran ahora, estarán confesando su fracaso.
“El freno a la ofensiva de Ucrania pone a Biden en una posición política incómoda”, reconoce el Wall Street Journal. La estrategia de Occidente se está poniendo a prueba en Ucrania. Estados Unidos tiene que seguir proporcionando ayuda militar multimillonaria a Kiev para “comenzar negociaciones con Moscú desde una posición de fuerza”, dice el periódico.
“Obviamente, es más fácil brindar apoyo cuando las cosas van bien”, afirma John Herbst, antiguo embajador de Estados Unidos en Ucrania que trabaja para el grupo de expertos del Consejo Atlántico.
Herbst opina que a la Casa Blanca no le queda más remedio que seguir suministrando armas, porque cortar la ayuda a Ucrania y permitir una victoria rusa, aunque sea parcial, “sería un gran fracaso de la política exterior de Joe Biden, que incluso superaría la retirada de las tropas de Afganistán”.
Estados Unidos mantiene la esperanza de un avance de las tropas ucranianas o de que dentro de Rusia estallen protestas y disturbios. La pregunta principal, sin embargo, es si Estados Unidos y sus aliados tendrán la voluntad de continuar con su apoyo al gobierno de Kiev, o incluso ampliarlo, si la ofensiva del ejército ucraniano no avanza como se esperaba.
El Wall Street Journal cita a la viceprimera ministra canadiense, la nazi Chrystia Freeland, quien dice: “Mi principal preocupación sobre Ucrania somos nosotros mismos”.
En cuanto dejen de enviar armas, la guerra se acaba.
El ejército ucraniano tiene muy pocos motivos para lanzar las campanas al vuelo, pero el Washington Post ha encontrado uno. Hay una “revolución” en marcha, asegura el periódico. La guerra ha sacudido el papel militar de los drones, especialmente en un área nueva: el uso de dispositivos de inteligencia artificial.
Para el ejército ucraniano los drones son muy valiosos. “Le han permitido realizar operaciones de vigilancia y atacar objetivos estratégicos muy por detrás de las líneas enemigas”, señala el periódico.
Desde el año pasado, el país se ha transformado en “una especie de laboratorio gigante, que atrae inversiones de grandes empresas, como Eric Schmidt, el antiguo director de Google. Más de 200 empresas ucranianas involucradas en la fabricación de drones trabajan en estrecha colaboración con unidades militares en el frente “para mejorar los dispositivos”.
Rusia ha respondido “desplegando nuevas armas de interferencia electrónica”. Pero los drones equipados con programas de inteligencia artificial ofrecen una ventaja. Pueden llegar a su objetivo incluso si pierden contacto con el operador humano. Ante la interferencia de la señal, el programa “estabiliza el dron, que permanece orientado hacia el objetivo preseleccionado”. El dispositivo equipado con una bomba también puede golpear “incluso si el objetivo se mueve”.
No obstante, con los nuevos drones puede ocurrir lo mismo que con el resto del armamento enviado a Ucrania. Quizá nunca lleguen a su destino. “Podrían ser explotados por infames actores no estatales”, advierte el Washington Post. Una vez que se han desarrollado este tipo de programas, se pueden difundir y reutilizar en otros lugares casi sin cargo.
“Es realmente fácil para los actores no estatales obtener el programa de internet y reutilizarlo”. El viceprimer ministro ucraniano, Myjailo Fedorov, que supervisa el programa de drones, reconoce que esta tecnología representa “una amenaza para el futuro”.
Pero la supervivencia de Ucrania está por encima de todo lo demás, dice Fedorov.
Fotos de portada e interiores: mpr21.



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