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La guerra en Europa, Trump y la paz

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SOMOSMASS99

 

Alfonso Díaz Rey*

Viernes 21 de febrero de 2025

 

Tras el desmembramiento y desaparición de lo que fue la Unión Soviética (1989-1991), que en algunos círculos yanquis creó la ilusión de que se convertirían en un imperio mundial y se cumpliría el designio divino del Destino Manifiesto, el bloque de países imperialistas ─con Estados Unidos a la cabeza─ pensó que podría que podría controlar ese vasto territorio y apoderarse de las inmensas riquezas y recursos naturales existentes en él.

Transcurrió el último decenio del siglo XX y los imperialistas fallaron en su intento; sin embargo, dado que continuaba como potencia militar, avanzaron en el despliegue de fuerzas e instalaciones de la OTAN en países que habían sido aliados o parte de la Unión Soviética, para estrechar el cerco a Rusia, no obstante que existía un acuerdo de que esas fuerzas e instalaciones permanecerían en las posiciones que tenían en 1991, antes de la desaparición de la URSS.

Pese a advertencias, el incumplimiento de tal acuerdo llegó a un punto en el que fue intolerable para Rusia. A ese punto se llegó cuando la Unión Europea y Estados Unidos trataron de integrar a Ucrania a la OTAN, que prácticamente los ponía a las puertas de Moscú, lo que provocó que Rusia hiciera efectivas sus advertencias y se originara el actual conflicto bélico en Europa.

Pero esa guerra, contrario a la propaganda, no tuvo su origen en una invasión rusa a Ucrania. Desde mucho antes, en 2014, Estados Unidos preparó un golpe de Estado que derrocó al presidente ucraniano, democráticamente electo, e impuso a otro, alineado a sus intereses, golpe en el que participaron fuerzas neonazis ─que de una u otra manera subsistían, con antecedentes históricos en tropas fascistas ucranianas que ayudaron a los nazis a invadir la URSS en la Segunda Guerra Mundial─ que durante varios años causaron terror y muerte entre la población con ascendencia y habla rusa en regiones como Crimea, Lugansk y Donetsk. 

Tal estado de cosas llevó a que en 2014, mediante un plebiscito, Crimea se separara de Ucrania y se adhiriera a la Federación Rusa; posteriormente, ante los ataques ucranianos, lo mismo hicieron las regiones de Lugansk y Donetsk. El asedio constante de las tropas neonazis ucranianas a esas regiones y la intención de incorporar a Ucrania a la OTAN provocaron la intervención militar de Rusia.

En esta guerra los imperialistas apostaron al debilitamiento económico y militar de Rusia, pero les fallaron sus predicciones. No obstante las sanciones impuestas por el bloque europeo y Estados Unidos, los mayores afectados fueron los países de Europa; por otro lado, se vieron favorecidos los monopolios petroleros y la industria de guerra yanquis.

Aunque se habían establecido acuerdos para que Ucrania pagara la «ayuda» norteamericana, mediante concesiones industriales, de tierras y recursos de esa nación, la duración y desarrollo de esa guerra implican cada vez más gastos para Estados Unidos y la Unión Europea, que no se reflejan en el debilitamiento que esperaban tuviera Rusia. Y como a los monopolios yanquis lo que les interesa es la obtención de ganancia, con la versión 2.0 de Donald Trump en la presidencia ahora lo que tratan es de poner fin a esa guerra que ellos mismos propiciaron. Y ver la manera de cobrar por su «ayuda».

De ahí el interés de Trump por buscar el fin de esta guerra y entrar en pláticas con Rusia, excluyendo a Ucrania y a la Unión Europea. Al mismo tiempo, exigir a Ucrania el respeto a los acuerdos para compensar la «ayuda» militar ─según Tump, 350 mil millones de dólares de su país─ y, además, el pago equivalente a 500 mil millones de dólares, en tierras raras, materiales esenciales para la industria de las nuevas tecnologías.

Solamente falta que el interés de Trump por la paz ─además de llevar varios miles de millones de dólares a los monopolios yanquis, para hacer grande a Estados Unidos otra vez─, sea para que, atendiendo a su egolatría, alentar a sus lamebotas a proponer su candidatura al premio Nobel en ese rubro. 

Sin embargo, la actitud de Trump respecto de la guerra en Europa es contradictoria con la que mantiene en relación al genocidio israelí contra los palestinos, en Gaza y Cisjordania. 

De cualquier manera, la paz es necesaria. No solamente en Europa, sino en todo el planeta. Alcanzarla dependerá más que de los gobiernos, de los pueblos, en el ejercicio de su derecho a la vida.


* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.

Foto de portada: Razón Pública.






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