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©Gaudencio Rodríguez Juárez*
Jueves 28 de septiembre de 2017
¿Las nuevas tecnologías son buenas o malas? ¿Qué le hacen a las mentes de nuestros hijos? ¿A partir de qué edad son recomendables? ¿Cuánto tiempo de exposición es conveniente? ¿Los vuelve violentos, aislados, apáticos? ¿O son un instrumento de sana estimulación?
Todas estas preguntas son propias no sólo de los padres contemporáneos sino también de los científicos. Los efectos aún se están investigando. No obstante, ya contamos con algunos resultados y recomendaciones al respecto:
– Las tecnologías (televisores, consolas, dispositivos y cualquier otro medio electrónico) no son buenas ni malas por sí mismas. Es el uso el que determina el resultado.
– Utilizados de forma adecuada pueden aportar algunos beneficios al desarrollo infantil: ciertas habilidades motoras, de lenguaje y cognitivas; atención; capacidad de razonamiento y discernimiento entre dos cosas o situaciones; reconocimiento de formas y colores (claro que lo mismos beneficios se obtienen de otro tipo de juegos, por ejemplo, los de mesa).
– El uso excesivo está relacionado con obesidad, falta de sueño, pérdida de comunicación y convivencia, afectación de la inteligencia emocional, la concentración y atención sostenida, el pensamiento profundo y resolución de conflictos, el rendimiento escolar; así como predisposición a conductas agresivas.
Es por eso que se recomienda:
– Considerarlos sólo una de las múltiples posibilidades en cuanto a tipo de juego y mejor recurrir a los juegos tradicionales que fomenten la imaginación.
– Utilizar los videojuegos indicados para cada edad, por periodos cortos y supervisados.
– Evitar los que tienen temas de violencia y optar por juegos formativos.
– De preferencia jugar en grupo, y de vez en cuando con los papás involucrados para enseñarles a resolver situaciones, a responder a la frustración cuando pierden o cuando no consiguen un punto o superar un nivel…
La Academia Americana de Pediatría y la Sociedad Canadiense de Pediatría, establecen que los bebés de 0 a 2 años no deben tener ningún contacto con dispositivos portátiles (teléfonos celulares, tabletas, juegos electrónicos), de 3 a 5 años restringirlos a una hora por día, y de 6 a 18 años a 2 horas por día.
He observado que cuando los niños cuentan con otras modalidades alternativas a las pantallas, terminan por regular ellos mismos el tiempo y el tipo de juego: después de unos minutos de videojuego se desconectan para ir en búsqueda de sus amigos y cambian de actividad.
Un problema contemporáneo tal vez sea que no estamos construyendo ciudades, rutinas, dinámicas y ocasiones para que los niños tengan suficientes alternativas: las rutinas cotidianas y las dinámicas laborales nos alejan de ellos, lo mismo que el cansancio y el estrés; en las urbes no hay espacios suficientes ni seguros para que jueguen libremente; debido a la cuestión demográfica no siempre hay más niños en el vecindario para jugar en grupo de manera espontánea (o sí los hay, pero todos se encuentran en sus respectivos talleres o cursos extraescolares a los que se les inscribe para dotarlos de más habilidades).
Ante este tipo de limitaciones a muchos niños no les queda más que conectarse en exceso a las pantallas; es el exceso el factor de riesgo, no las pantallas.
Un dato valioso para finalizar: al día de hoy no se ha comprobado que la tecnología ayude a desarrollar el cerebro más que las interacciones con las personas y con el medio ambiente. Es por eso que el neuropsicólogo Álvaro Bilbao recomienda que si queremos estimular la inteligencia de una persona, estimular su memoria, lo mejor que podemos hacer es ponerlo frente a otro ser humano y no frente a una pantalla.
La interacción con las personas, con los seres vivos, con el entorno real y sus objetos, son alternativas potentes para la estimulación cerebral aún no superadas por la más avanzada tecnología.
* Psicólogo / [email protected]
Foto de portada: Pixabay.
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