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La liebre y la tortuga

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SOMOSMASS99

 

Pepe Ramírez*

Miércoles 24 de agosto de 2022

 

Un día, una liebre, de suyo inteligente y veloz, vio cómo una tortuga deambulaba por el camino y se le acercó. La liebre empezó a presentar denuncias, muchas denuncias, en contra del mapache (Peña, le decían a este mapache, ya que por mucho tiempo habitó en la cima de un monolito monumental). El del antifaz, en medio de un escándalo de fraude electoral, había sido elegido el gobernador del mundo animal hacía ya 10 años (por cierto, una vez que dejó el gobierno, decidió ir a visitar a unos primos gallegos y, visto que su vida era bella y placentera por aquellos lares, tomó la determinación de por allá residir).

En fin, decía la liebre a su lento interlocutor, que Peña se había robado mucho dinero, que había utilizado el dinero de los animales para construir ostentosas madrigueras, que el ruin mapache había repartido mucho dinero de los impuestos recaudados en el reino animal a todos sus amigos, que realizaban obras públicas en “beneficio” de los gobernados; en fin, que el mapache, copetonamente guapo, ya divorciado de la gaviota, se había vuelto inmensamente rico y que eso no era justo. La tortuga le respondió lo ya sabido: que las denuncias serían procesadas por la dependencia a su cargo, la Fiscalía General del Reino Animal (FGRA).

La liebre empezó a burlarse de la lentitud de la tortuga (Tortugertz era su nombre) y de la longitud de sus patas y de sus procedimientos. Le retaba.

Tortugertz, herido en su orgullo ante la crítica de la liebre (y del reino animal en su conjunto), sin pensarlo dos veces (y es que recordaba la Fábula de Esopo en la que ella salía triunfante), lanzó la apuesta: hagamos una carrera a ver quién llega primero a la meta. Si tú ganas, estimada liebre, daré celeridad a la investigación y Peña tendrá que pagar por todas sus fechorías. Si yo gano, me dejarás en paz, respetarás mis lentos tiempos para realizar las investigaciones y permitirás que mi vida sea como hasta hoy, tranquila y llevadera. Es más, hablarás con todos los animales para que dejen de criticarme un día sí y otro día también. Estoy harto de todo ello. 

La liebre, segura de su victoria y considerando el reto imposible de perder, aceptó. Ambos pidieron a la zorra que señalara la meta, a lo que ésta aceptó, al igual que al cuervo (ejemplar de dudosa reputación) para que hiciera de juez.

Llegó el día de la carrera. Cientos, miles de animales, se habían congregado provenientes de todos los rincones de la comarca. Deseaban el triunfo de la liebre y de la justicia. Presentían que Tortugertz, mañoso como era, algo tramaba. La gaviota, ex del mapache, despechada, deseosa estaba también del triunfo del lepórido orejón.

Al llegar el día de la competición, al comenzar la carrera, la liebre y la tortuga salieron al mismo tiempo. La tortuga avanzaba sin detenerse, muy lentamente.

La liebre era muy veloz y viendo que sacaba una gran ventaja a la tortuga decidió, a diferencia de la liebre de la Fábula de Esopo, arreciar, no parar, no detenerse. Correr mucho. Hasta el agotamiento. Llegar a la meta, no tirarse a dormir, era su objetivo. No en sus manos, pero sí en sus grandes patas, estaba la esperanza de toda esa comarca que sentía, por fin, un atisbo de justicia. La liebre corrió y corrió. Y llegó a la meta con tanta anticipación que el cuervo, juez corrupto y truculento, no pudo hacer nada ante tan evidente triunfo. Tortugertz se jodió. La pelota estaba en su cancha.

(El pasado 2 de agosto, la Fiscalía General de la República, dio a conocer que existen tres carpetas de investigación que incluyen al expresidente Enrique Peña Nieto como posible responsable de delitos de carácter electoral y patrimonial, de enriquecimiento ilícito y lavado de dinero. La pelota está en la cancha de la Fiscalía. El pueblo de México, expectante, clama y reclama por justicia).

Moraleja: los finales de la historia pueden ser modificados por el consenso y empuje de las mayorías. Con esperanza. El pueblo decide hasta dónde soportar el dolor, la desigualdad, la injusticia y tanta corrupción.


* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece el autor.

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Foto de portada: Redes Sociales.






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