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La lucha ideológica. Una reflexión

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SOMOSMASS99

 

Alfonso Díaz Rey*

Viernes 14 de julio de 2023

 

«Resulta no sólo inaceptable sino peligroso que se lleven las cosas al extremo de creer que Ia empresa privada, aun extranjera, es Ia condición de Ia estabilidad y el guardián por excelencia del interés público; que Ia defensa de los intereses fundamentales de la nación se deje al mito del mercado libre, y que en nombre de esa “libertad” vayamos incluso a Ia servidumbre».

– Alonso Aguilar Monteverde.[1]

 

En las sociedades divididas en clases, la clase dominante impone su visión del mundo y la realidad ─su ideología─ como una manera de evitar la agudización de las contradicciones a extremos peligrosos y ejercer su dominio con la menor cantidad posible de contratiempos.

Tal imposición ideológica impide a los sectores dominados una apreciación correcta de la realidad, lo cual incide negativamente en el resultado de sus esfuerzos y luchas por liberarse se esa condición, debido a que sus acciones se desarrollan en un contexto de concepciones que conviene a los intereses de la clase dominante.

En nuestro país, la burguesía y su segmento hegemónico, la oligarquía, constituyen la clase dominante. Como tal, mantiene una constante ofensiva ideológica cuyas armas principales son la demagogia, verdades a medias, mentiras completas, ofertas de futuros inalcanzables, promesas recicladas siempre incumplidas y una serie de explicaciones falsas de la realidad para imponernos su visión y tener un mayor control sobre la sociedad.

Para ello se valen de instancias del Estado, como el sistema educativo; de los grandes medios de comunicación e información, la mayoría de su propiedad; del control de las organizaciones de trabajadores; de las iglesias y las cúpulas religiosas; de partidos políticos afines o subordinados; de «intelectuales» y «periodistas» a sueldo y de quienes aspiran, totalmente ganados por la ideología burguesa, a formar parte de esta clase.

Nos pintan al capitalismo como el sistema económico, político y social ideal para la humanidad. Sistema en el que ─según la ideología burguesa─ lo característico es la prevalencia de la libertad, la justicia y la democracia, todo ello girando en torno a la defensa de la propiedad privada, defensa que mediante la competencia, la libre empresa y la acción del mercado, equipara el derecho de una persona a poseer una casa, quizá un automóvil o algunos enseres de confort ─con el producto del esfuerzo de toda una vida de trabajo─,  con el derecho de otra a poseer una o varias mansiones de lujo, automóviles, aviones privados, yates, fábricas, cadenas de establecimientos comerciales o de servicios y muchas cosas más, todo ello producto de la explotación de cientos o quizá miles de trabajadores.

Considera la propiedad privada de los medios de producción como un derecho individual casi sagrado y una condición para el progreso y desarrollo de toda la sociedad, cuando en realidad es un obstáculo para ello y es el principal mecanismo de explotación y causante de la enorme y creciente desigualdad social.

Como parte de la defensa de los «valores de la «libre empresa» y de la «propiedad privada», previene contra cambios sociales que pudieran afectar por igual a patrones, trabajadores y a toda la sociedad. Condena la lucha de clases, a la que considera un obstáculo al progreso y al desarrollo; en su lugar proponen la unidad y la colaboración de las clases para avanzar gradualmente. Por tanto, en vez de luchar por un nuevo orden, habría que mejorar el actual. 

Y como las crisis del sistema ─que anteriormente se presentaban de manera cíclica─ ahora se eslabonan en una sola de carácter estructural y los intentos por resolverla no logran corregir sus graves fallas, la ideología burguesa intenta atemperar las contradicciones mediante una serie de «buenas intenciones» que en lugar de resolver la situación propone suavizarla, haciéndola menos pesada ─como un mal menor─ para los de abajo y con ello, paralelamente, nos ofrece un futuro promisorio.

Caer en las redes de la ideología burguesa crea más dificultades a los trabajadores en el proceso de toma de conciencia de que los creadores de la riqueza son ellos y no los capitalistas, lo que sería un punto de partida para encontrar las vías de solución a sus problemas y los de la sociedad entera.

Por ello es necesario demostrar la falsedad de las bases teóricas de la ideología burguesa y elaborar una visión propia del mundo y la realidad, con fundamentos científicos, que permitan confrontarla en todo momento con la realidad misma, que explique el porqué de los problemas y sirva de guía para su solución.

De ahí que la lucha en este terreno es de suma importancia para la construcción de un mundo mejor.


Nota:

[1] Aguilar Monteverde, Alonso. Revista Problemas del Desarrollo. Democracia y economía. México en la encrucijada. México, Vol. XXV, No. 97. abril-junio 1994.


* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.

Imagen de portada: Trabajadores del agave. | Foto: Wikimedia Commons.






Luis López




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