SOMOSMASS99
Yadira Sarabia
Martes 10 de mayo de 2022
Llevo dos meses lidiando con algo muy fuerte donde lo único que me ha mantenido a flote es el amor por ella, donde sin darme cuenta cerré los ojos y me dejé caer. Es hora de aceptar que tengo depresión postparto.
Fueron casi 9 meses de luchar todos los días por no caer en depresión en el embarazo. Debo admitir que solo me mantuve por la ansiedad de saber que mi bebé ya corría demasiado peligro como para afectarla más. Me mantuve solo por mantenerla a ella.
El día de su nacimiento cuando la escuché llorar supe que estaba bien, sana, fuerte; al saber que mi estado de ánimo ya no ponía en riesgo su vida, se me acabó la fuerza, aun sabiendo que mi ánimo la influye, la verdad ya no pude más y me cayó todo lo que intenté mantener, encima.

Una de las cosas que más me han afectado es que no pude producir leche. Fueron dos/tres semanas de tirar dos o tres gotitas y la desesperación de no poder alimentarla.
Lo único que he leído, escuchado y recibido de otras mamás ha sido «está bien que te sientas mal» pero siempre hay un pero.
“Es que tienes que relajarte; pero ya intentaste hacer… “(Con una insistencia abrumadora, aun cuando ya lo había intentado todo); y mi favorito «Es que es psicológico», esa fue la frase más recurrente y dolorosa. Tradúzcase a: no puedes alimentarla porque no eres capaz de sentirte bien. Sentía como si me dijeran «Ah pues siéntete bien y ya».
El acompañamiento que esta nueva corriente de mamás da, habla mucho de la magia en la conexión con tu bebé a través de la lactancia y busca que todas lo hagamos porque es lo mejor, con un mensaje implícito de que si no puedes, no sirves, cerrando con pero está bien si das fórmula (si no eres capaz).
No digo que ése sea el mensaje que buscan dar, pero como mujer que está del otro lado, sin haber generado leche, con la presión del deber ser que he recibido de otras mamás (primerizas en su mayoría) y viviendo esa depresión de la que nadie habla, así se siente.
Se habla mucho de las maravillas de ser mamá, pero nadie habla de la depresión postparto, del dolor de no poder verte al espejo, no reconocerte, de sentirte incapaz, de sentirte fea, de no tener ganas de despertar y aun así, poder generar una mágica conexión con tu bebé, aún con los pechos secos y la sombra de sentirte jodida a morir.
Me da gusto que haya mamás que pueden alimentar por meses o incluso años a su bebé, que lo viven y disfrutan, pero también hay otra cara de la moneda donde se vive distinto, donde tenemos que buscar la lata de leche adecuada para nuestras crías, donde se lucha todos los días por estar de pie.
La maternidad es horrible, cansada, desgastante, dolorosa… Pero tener a tu bebé, abrazarlo, vivirlo, es la sensación más hermosa que pueda existir.
Mi nena no se alimentó de mí, pero está sana, llena de energía y preciosamente muy despierta para su edad, apegada e inmensamente amada.
Mi hija es mi faro.
Foto: Megan te Boekhorst (thesequoialife) / Unsplash.
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