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LA COLUMNA ROTA
Frida Guerrera*
Jueves 13 de febrero de 2020
«Es muy triste saber que nunca te volveré a ver. La verdad me pone muy triste ver a algunas mamás con sus hijas, que las abrazan y todo tipo de afecto. Sólo te pido que me ayudes a estar mejor».
– Isis.
Erika Medina me cuenta en el comedor de su casa ubicada en Atizapán de Zaragoza, Estado de México, que es bueno hablarles a los bebés cuando estás embarazada. Ella lo hizo en cada uno de sus embarazos, pero recuerda especialmente el de su hija mayor: Angélica. “Le hablaba, le contaba cuentos, nació el 3 de febrero de 1990. A los tres años entró al kínder como oyente y un día, al llegar, me dijo que quería leerme un cuento, y leyó el que yo le leía cuando estaba embarazada. Fue una niña muy feliz”, recuerda Erika.
Angélica Nisharynday Sánchez Medina era originaria de Cuautitlán, Estado de México, hija mayor de una pareja sólida, trabajadora, sencilla, pero llena de muchos valores. Jesús y Erika tenían un año juntos cuando nació su primer amor, fue llamada Angélica por su papá y Nisharynday por su madre. Ella era muy blanca, su nombre en zapoteco significa Agua clara.
Fue madre soltera muy joven, lo que no la limitaba para seguir aprendiendo. “Obviamente nos enojamos con ella cuando decidió tener a ese bebé, pero la apoyamos. No era ningún pecado que fuera una madre joven”.
Angélica es descrita por sus hermanos Michell y Adonai como una persona de buenos sentimientos, alegre, sincera, que le tendía la mano a quien lo necesitara y brindaba su amistad incondicionalmente. Se esmeraba por mantener la unión familiar, cuidando de sus padres, hermanos y de su hija.
Angie había estudiado la preparatoria y trabajaba en un centro comercial, con su empleo se hacía responsable de sacar adelante a su hija y planeaba que su ahorro pudiera invertirlo en inscribirse a la escuela para graduarse como Educadora.
Hace tres años la joven madre conoció a Francisco, un sujeto dedicado a la abogacía, un hombre que le llevaba bastantes años. Además a su familia no le gustaba, era muy celoso, controlador, constantemente la humillaba, la hacía sentir inferior a él.
Sus peleas eran constantes por infinidad de situaciones. Finalmente, Angie estaba por decidir dejarlo, ya no soportaba sus peleas. El 04 de agosto de 2019 fue a ver a su madre y su pequeña hija comió con ellas. Se metió a su recamara a dormir con Isis, fue la última vez que ellas la vieron. La joven regresó al departamento donde vivía con Francisco, el 5 de agosto fue a buscar a su hermano Adonai a su trabajo. “No pude atenderla, tenía mucho trabajo, sólo me dijo que lo iba a dejar, que ya estaba cansada. Al ver que estaba ocupado, me indicó con la mano que después regresaba que sólo iba por su ropa. Ya no lo hizo, no volvimos a verla”.
El 5 de agosto de 2019 fue vista por última vez en la colonia Bosques de Iztacala, municipio de Atizapán de Zaragoza, Estado de México. La familia de Angélica durante todo ese día intentó dar con ella. No fue hasta el 6 de agosto que Francisco les llamó a sus padres para indicarles que Angélica se había ido de la casa, porque el día 5 habían peleado y ella se había ido. No dijo más.
Los padres desesperados confiaron en quien se supone amaba a su hija. Del 6 al 9 de agosto él los acompañó a “poner la denuncia. Nos traía de un lado a otro, nos llevó a Odisea en Cuatitlán, luego a Barrientos en Tlalnepantla, después a Atizapán. Nos trajo de un lugar a otro».
La cédula de búsqueda fue compartida en las redes sociales de la familia y amigos de Angie. Las autoridades del Estado de México no decían nada, no hacían nada. El jueves 6 de agosto, medios de comunicación de Hidalgo daban a conocer el hallazgo del cuerpo de una mujer que fue dejada asesinada, envuelta en una sábana, en la carretera Atitalaquia-Bojay, a la altura del fraccionamiento Unidad Habitacional Osorio León. La mujer estaba en calidad de desconocida.
El 12 de agosto fue cuando alguien de Hidalgo se comunicó con Lupita, una amiga de Erika, por Facebook. Le envió las notas que había de ese hallazgo y una cédula de identificación que las autoridades de Hidalgo dieron a conocer a los medios locales con el objetivo de identificar a la mujer. Le dijo que se parecía mucho a la persona que ella buscaba; de inmediato se lo mostró a su mamá.
Fue así como dieron con ella. Ninguna autoridad les notificó, ellos acudieron a pedir informes, a reconocer el cuerpo. Sí era Angie.
Hasta el momento las investigaciones no han arrojado nada que indique qué sucedió con Angélica. Su familia se enfrenta al infierno todos los días, hablando al Ministerio Publico, a la policía de investigación. Todo se dificulta porque Hidalgo hizo unas cosas, Estado de México otras y no terminan de concretar quién debe dar respuestas. La carpeta fue atraída por la Fiscalía de Feminicidios del Estado de México, pero hasta la fecha no hay respuestas.
Hoy su ausencia no sólo la sufre su familia, incluso los vecinos la tienen presente. La recuerdan con cariño por su carácter amable, porque gustaba de salir en las tardes a caminar en compañía de su hija y a dar la vuelta en su motocicleta. Con su personalidad amorosa y entusiasta, cuando su papá llegaba de trabajar le llevaba sus chanclas para que descansara sus piernas. “Me arrebataron a mi niña, ya no la tengo conmigo porque un maldito me la quitó y nadie nos dice quién fue”, lamenta Jesús.
Angie se encargaba de planear los festejos de cumpleaños de cada miembro de la familia. El pasado 3 de febrero no hubo festejos, día en que ella sería el motivo. Angie ya no cumplió 30 años, pero si ella hubiera estado habrían preparado su comida preferida. Angélica ya no recibió los abrazos de su madre, que todos los días recuerda como a su mejor amiga y confidente. Ya no se sentó a jugar una partida de baraja con su padre. Isis, su hija de 12 años, sólo tiene sus fotos y es a las que les habla, le reclama por qué no está, le dice que la extraña.
Los ojos de Isis se llenan de lagrimas contenidas cuando le pregunto si sabe lo qué le sucedió a su mamá. Ella me dice que sí, que fue víctima de feminicidio, pero que le cuesta entenderlo. Un abrazo largo es lo único que pude darle para dejarla llorar sin decirle más durante largos minutos.
Hay una familia más sumergida en el dolor de la ausencia, una hija huérfana que no tiene ya con quien comprar un helado, que ya no pelea con su abuela para saber a quién quería más Angélica. Ya no va a volver. Isis escribió una carta para su mamá, abrazando a sus abuelos, a su tía, y esperando que la justicia no le falle y logre dar con los asesinos de su mamita.
Para la mejor mamá del mundo: Angie.
No sé con qué palabras decir lo que estoy sintiendo en este momento. Saber que tú ya no estarás conmigo y que obviamente siempre te voy a extrañar, saber que nunca volverás a mi lado, que no vamos a poder contarnos todo lo que solíamos hablar e incluso criticar y burlarnos de mi tía Paty. Cuando fuimos a las aguas termales y decía yo te conozco, yo te conozco, y nosotras nos moríamos de la risa. En serio no tienes idea de cuánto te extraño, me haces mucha, pero mucha falta. Tengo tantas ganas de reírme contigo, platicar contigo, la verdad nunca me imaginé que te fueras tan pronto, cuando más te necesito. Es muy triste saber que nunca te volveré a ver. La verdad me pone muy triste ver a algunas mamás con sus hijas, que las abrazan y todo tipo de afectos. Sólo te pido que me ayudes a estar mejor. Tú sabes que no me gusta ir al psicólogo, me choca estarle contando todo, me pone de malas. Pero siempre te lo voy a decir, estés o no estés conmigo siempre serás la mejor mamá del mundo. Siempre recuerda que te amo mucho y voy a ser mejor persona, voy a estudiar mucho y voy a ejercer una carrera para que estés orgullosa de mí.
Te amo, Aloi.
¿Eres madre, padre, hermana, hermano, hija, hijo, de una mujer víctima de feminicidio o desaparición? ¿Eres sobreviviente de una relación violenta o intento de feminicidio? Búscanos, ayúdanos a visualizarlas y contar sus historias. Voces de la Ausencia
* Comunicadora libre, bloguera mexicana.
Facebook: FridaGuerrera Guerrera
Voces de la Ausencia, FridaGuerrera Villalvazo
Las fotos de portada e interiores se publican con autorización de los familiares.
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