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Luna Izquierdo / Contrainformación
Miércoles 20 de octubre de 2021
La montaña de basura es el medio de vida de muchos recolectores que buscan botellas de plástico, vidrio, alambre y metal que luego venden en los mercados de residuos de la ciudad
En la ciudad costera de Bombay, en India, existe una montaña de basura situada en el vertedero de Deonar tan alta como un edifico de 18 plantas y de más de un siglo de antigüedad. La montaña de basura tiene más de 16 millones de toneladas de desechos, ocho de ellas repartidas en una extensión de 121 hectáreas y los desechos se apilan hasta alcanzar una altura de 36,5 metros. Desde la cima se puede ver el mar y sobre los sólidos montones de basura se han construido villas miseria.
El pasado 1 de octubre, el primer ministro Narendra Modi anunció un «programa nacional de limpieza» de casi US$13.000 millones que incluirá la instalación de una serie de plantas de tratamiento de aguas residuales para reemplazar gradualmente los vertederos de basura al aire libre como el de Deonar, pero los expertos se muestran escépticos.
En el país existen 3.159 montañas de este tipo que contienen 800 millones de toneladas de desechos en descomposición que liberan gases nocivos como metano, sulfuro de hidrógeno y monóxido de carbono.
La joven Farha Shaikh, de 19 años, acude al vertedero de Deonar desde que tiene memoria en busca de botellas de plástico, vidrio y alambre que luego vende en los prósperos mercados de residuos de la ciudad.
Sobre todo busca teléfonos móviles rotos, que repara con sus escasos ahorros, para poder pasar las tardes viendo películas, jugando a los videojuegos, enviando mensajes de texto y llamando a sus amigos.
Cuando el móvil deja de funcionar, Farha vuelve a perder el contacto con el mundo exterior y debe volver a rebuscar entre las montañas de basura más productos para vender y móviles que restaurar.

Foto: France 24.
En 2016, en el vertedero de Deonar se produjo un incendio y desde entonces es más difícil acceder a la montaña. El municipio incrementó la seguridad para evitar que los recolectores entren y provoquen incendios con el fin de que las llamas derritan la basura más liviana y quede expuesto el metal que se vende a precios altos.
Algunos recolectores acceden al vertedero antes que los guardias de seguridad comiencen a trabajar o los sobornan, ya que si logran colarse a menudo son golpeados, detenidos y expulsados.
Farha, que no tiene teléfono desde hace meses, se ve obligada a sobornar a los guardias con al menos 50 rupias (US$0,67) todos los días para entrar y trabajar en los terrenos de Deonar.
También ahora gran parte de la separación de residuos se hace en la ciudad y es por ello que Farha pensó en buscar entre la basura que comenzó a llegar desde las salas del hospital en las que se atendía a los pacientes de covid-19 el año pasado, pero su familia le pidió que no recogiera esos desechos «dañinos».
Ahora se queda cerca, observando a los recolectores que usan equipo de protección para seguir recogiendo plástico bajo la lluvia para revender. «El hambre nos matará si no nos mata la enfermedad», dice Farha.
Desde hace 26 años, los vecinos llevan luchando en los tribunales exigiendo el cierre del vertedero de Deonar y desde el año 2000, India ha aprobado regulaciones que obligan a los municipios a que procesen los desechos, pero no hay suficientes plantas de tratamiento. Por ejemplo, Bombay, con unos 20 millones de habitantes, solo tiene una planta.
Foto de portada: Contrainformación.
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