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La muerte de nosotros mismos

Diálogo Global / Diálogo País / Para Ver, Oír y Comer / Top News / 06/04/2020

SOMOSMASS99

 

Víctor Corona*

 

La muerte de nosotros mismos

Si lo pienso un poco de manera fría

-cosa que es difícil-

la crisis ya estaba aquí

desde mucho antes

antes de que todo esto pasara.

 

Pero no era socialmente compartida.

Se adivinaba en algunas miradas cansadas en el metro.

Conversaciones de Whatsapp de familias que ya saben

-desde hace mucho-

lo que es estar lejos unos de otros.

 

Pero las miserias

-cuando son personales-

son como inexistentes

están nada más para el que las respira.

La muerte de un padre

la sensación de no estar donde se debe

de estar cerca de los cuarenta

con el peso de la precariedad laboral

del descubrimiento del amor desterrado

y estos cuatro muros fríos

que se te caen encima

como carcajadas de desconocidos.

 

Las noticias iban pasando pero esa costumbre

-que se contagia-

de ver las desgracias siempre desde lejos

lo vuelve como todo imposible

el mal

todos los males

siempre están lejos

así como esos recuerdos de una Guerra Civil

una guerra tan contada por aquí

pero tan lejana.

 

Los muertos ya llenaban las calles vacías

de ciudades lejanas

de familias ajenas

mientras por aquí aun salían turrones

y chocolates

por todas partes.

 

La tristeza y las penas personales no impedían

seguir planeando todo

un viaje

un trabajo

un desamor

una canción reflejada en los charcos primaverales

que esperaban el verano

el verano cuando todo

siempre

siempre es mejor.

 

Encerrado

en este momento

pienso

es así como pasan las guerras

supongo

pasan pasando que no pueden pasar.

 

Porque soy un vato zarra

egoísta

que tripea que todo esto es para matarle la cura

porque no bastaba con esa sensación de soledad

atravesada por esas sheves compartidas

con los compas shinolas

entre risas y requinteos

del Natanael Cano.

 

No bastaba con una tristeza individual

faltaba esa que es colectiva

esa que es difícil de imaginar

-aún cuando llega de este lado-

llega

por ejemplo

leyendo los correos electrónicos

tu amiga de Milán diciendo que el congreso

y que todo lo demás

no podrá ser

están encerrados

que los cuerpos se apilan

en el frío de las calles.

 

Distopia

-lo dice ella-

esto es una distopia

y te acuerdas de Tomas Moro

y te las curas pensando que

zarra el vato

en tus cálculos

la tragedia no estaba contemplada.

 

Pero los días de encierro te confunden

es la muerte la tragedia

o la psicosis de la distancia

de la palabra

o del abuso del silencio

de la histeria.

 

Sentirte culpable por tirar la basura

o por querer respirar un poco de aire

o de retar las leyes impuestas para poder dar un abrazo

-los abrazos están prohibidos-

a tus morros

a tus compas

a los desconocidos.

 

Los recuerdos caen como fichas de domino

Ese miércoles cogiste el tren para ir a ver a tu carnal

A Madrid

¡A Madrid!

Tu carnal venia de la Ciudad de México

¿Cómo no ibas ir a verlo?

Sants estaba casi vacío

El tren casi vacío

Mascarillas

Guantes

Geles

Desconfianza

Una tos nerviosa que llegó para quedarse

Despertaba todas las sospechas.

 

Atocha vacía

Llamaste a Luisa para verla

-como es una tradición-

Grave te recomienda

mejor que te regreses a casa

no te vaya a pillar

-no sólo el miedo-

ese ya estaba

si no el encierro

cuando llegue el encierro

-al menos-

estar en casa.

 

Yo me sentía en casa con mi carnal

en Getafe rojo

tomando sheves nerviosas en medio de viejos que no creían

que esto pudiese pasar

pero vamo a ver, cómo cojones voy a quedarme en mi casa todo el día

eses aspiradas

de esa manera que hacen los madrileños

que arrastra en la garganta

pero el nerviosismo ya se había instalado.

 

El Juli te dice

coge el tren para mañana

mejor estar cerca de los tuyos

todos lo pensamos

vemos el Liverpool Atlético de Madrid

nadie canta los goles

como si se tratase de una pesadilla de siesta de verano

las calles de Getafe vacías

el halo de la muerte

en un Getafe rojo

en un Getafe miserable

en un Getafe roto.

 

Cogí el tren de vuelta

Los vagones iban llenos

quién sabe cuantas horas han pasado

pero desde ese momento mi crisis

mi tragedia

dejó de ser importante para mezclarse

con la tragedia de todos

de los que creen

de los que no creen

de los que no queremos creer.

 

Porque parece que el dolor sólo duele

cuando duele en carne propia

la amargura que traía se ha vuelto costra

una capa resignada

para aguantar todas las noches de frío

o todos los días sin sol

porque no todas las casas son la misma

y porque aún tendríamos que decir gracias

gracias

 

gracias por no habernos vuelto locos

por el privilegio de la cordura

por soportar una tragedia en gran parte

discursiva

que nos invita a encerrarnos

y creer

que la muerte

que la muerte

somos todos nosotros.


* Víctor Corona estudió Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Guanajuato, México, y el doctorado en la Universitat Autònoma de Barcelona, España. Actualmente se dedica a la investigación.

Imagen de interiores: Alice-Triquet (@alicetricky) / Unsplash.

Imagen de portada: Amin Moshrefi (@aminmoshrefi) / Unsplash.






Luis López




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