SOMOSMASS99
Víctor Corona*
La muerte de nosotros mismos

Si lo pienso un poco de manera fría
-cosa que es difícil-
la crisis ya estaba aquí
desde mucho antes
antes de que todo esto pasara.
Pero no era socialmente compartida.
Se adivinaba en algunas miradas cansadas en el metro.
Conversaciones de Whatsapp de familias que ya saben
-desde hace mucho-
lo que es estar lejos unos de otros.
Pero las miserias
-cuando son personales-
son como inexistentes
están nada más para el que las respira.
La muerte de un padre
la sensación de no estar donde se debe
de estar cerca de los cuarenta
con el peso de la precariedad laboral
del descubrimiento del amor desterrado
y estos cuatro muros fríos
que se te caen encima
como carcajadas de desconocidos.
Las noticias iban pasando pero esa costumbre
-que se contagia-
de ver las desgracias siempre desde lejos
lo vuelve como todo imposible
el mal
todos los males
siempre están lejos
así como esos recuerdos de una Guerra Civil
una guerra tan contada por aquí
pero tan lejana.
Los muertos ya llenaban las calles vacías
de ciudades lejanas
de familias ajenas
mientras por aquí aun salían turrones
y chocolates
por todas partes.
La tristeza y las penas personales no impedían
seguir planeando todo
un viaje
un trabajo
un desamor
una canción reflejada en los charcos primaverales
que esperaban el verano
el verano cuando todo
siempre
siempre es mejor.
Encerrado
en este momento
pienso
es así como pasan las guerras
supongo
pasan pasando que no pueden pasar.
Porque soy un vato zarra
egoísta
que tripea que todo esto es para matarle la cura
porque no bastaba con esa sensación de soledad
atravesada por esas sheves compartidas
con los compas shinolas
entre risas y requinteos
del Natanael Cano.
No bastaba con una tristeza individual
faltaba esa que es colectiva
esa que es difícil de imaginar
-aún cuando llega de este lado-
llega
por ejemplo
leyendo los correos electrónicos
tu amiga de Milán diciendo que el congreso
y que todo lo demás
no podrá ser
están encerrados
que los cuerpos se apilan
en el frío de las calles.
Distopia
-lo dice ella-
esto es una distopia
y te acuerdas de Tomas Moro
y te las curas pensando que
zarra el vato
en tus cálculos
la tragedia no estaba contemplada.
Pero los días de encierro te confunden
es la muerte la tragedia
o la psicosis de la distancia
de la palabra
o del abuso del silencio
de la histeria.
Sentirte culpable por tirar la basura
o por querer respirar un poco de aire
o de retar las leyes impuestas para poder dar un abrazo
-los abrazos están prohibidos-
a tus morros
a tus compas
a los desconocidos.
Los recuerdos caen como fichas de domino
Ese miércoles cogiste el tren para ir a ver a tu carnal
A Madrid
¡A Madrid!
Tu carnal venia de la Ciudad de México
¿Cómo no ibas ir a verlo?
Sants estaba casi vacío
El tren casi vacío
Mascarillas
Guantes
Geles
Desconfianza
Una tos nerviosa que llegó para quedarse
Despertaba todas las sospechas.
Atocha vacía
Llamaste a Luisa para verla
-como es una tradición-
Grave te recomienda
mejor que te regreses a casa
no te vaya a pillar
-no sólo el miedo-
ese ya estaba
si no el encierro
cuando llegue el encierro
-al menos-
estar en casa.
Yo me sentía en casa con mi carnal
en Getafe rojo
tomando sheves nerviosas en medio de viejos que no creían
que esto pudiese pasar
pero vamo a ver, cómo cojones voy a quedarme en mi casa todo el día
eses aspiradas
de esa manera que hacen los madrileños
que arrastra en la garganta
pero el nerviosismo ya se había instalado.
El Juli te dice
coge el tren para mañana
mejor estar cerca de los tuyos
todos lo pensamos
vemos el Liverpool Atlético de Madrid
nadie canta los goles
como si se tratase de una pesadilla de siesta de verano
las calles de Getafe vacías
el halo de la muerte
en un Getafe rojo
en un Getafe miserable
en un Getafe roto.
Cogí el tren de vuelta
Los vagones iban llenos
quién sabe cuantas horas han pasado
pero desde ese momento mi crisis
mi tragedia
dejó de ser importante para mezclarse
con la tragedia de todos
de los que creen
de los que no creen
de los que no queremos creer.
Porque parece que el dolor sólo duele
cuando duele en carne propia
la amargura que traía se ha vuelto costra
una capa resignada
para aguantar todas las noches de frío
o todos los días sin sol
porque no todas las casas son la misma
y porque aún tendríamos que decir gracias
gracias
gracias por no habernos vuelto locos
por el privilegio de la cordura
por soportar una tragedia en gran parte
discursiva
que nos invita a encerrarnos
y creer
que la muerte
que la muerte
somos todos nosotros.
* Víctor Corona estudió Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Guanajuato, México, y el doctorado en la Universitat Autònoma de Barcelona, España. Actualmente se dedica a la investigación.
Imagen de interiores: Alice-Triquet (@alicetricky) / Unsplash.
Imagen de portada: Amin Moshrefi (@aminmoshrefi) / Unsplash.
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