SOMOSMASS99
PERSIGUIENDO SOMBRAS
Raúl Muñiz Torres
Segunda de tres partes*
Jueves 7 de julio de 2016
Mientras escribía sobre la muerte de Robin Hardy, me llegó de improviso la noticia del fallecimiento de Abbas Kiarostami, el cineasta iraní que deja este mundo reconocido en vida con el calificativo de pocos: clásico.
Víctima del cáncer, Kiarostami se fue el pasado martes 4 de julio a los 76 años como uno de los fundamentos cinematográficos más visibles en las últimas cuatro décadas del siglo XX.
En mi lejana juventud, pensé siempre a Irán con el estereotipo de nación en conflicto social permanente, su guerra contra Irak y la figura de un país impenetrable y misterioso de una complejidad difícil de entender para cualquier foráneo.
Años más tarde descubrí el nombre de Abbas Kiarostami, un director iraní que me mostró otra forma de entender su país a partir de una película que guardo en la memoria con total cariño: ¿Dónde está la casa de mi amigo?
Filmada en 1987, La historia es simple: Ahmed es un niño que busca la casa de su compañero Mohamed para regresarle su cuaderno, útil escolar que Ahmed tomó por equivocación y que traerá como consecuencia para Mohamed su expulsión de la escuela si no lleva la libreta con los deberes hechos.
Kiarostami me mostró entonces la parte más serena y hermosa de Irán, un espléndido pasaje de los valores como la solidaridad y el respeto aderezado por una poesía visual que describe el Irán más profundo, el de los pueblos y zonas rurales donde la paz y el amor son también cánones de la convivencia en una nación que pareciera quedó marcada en la década de los 80´s del siglo pasado, por la guerra que durante ochos años este país padeció en contra de Irak.
Pero Abbas Kiarostami fue ante todo, un profundo creyente en las posibilidades artísticas de su país de origen. Nunca quiso alejarse de su tierra y eliminaba la idea de que en Irán era difícil producir cine. Ante tal aseveración, Kiarostami ponía como ejemplo que a mediados de los años 90´s, Irak produjo más de cien películas.
Así, el diario español El País registra las razones que el director iraní esgrimía para su decisión de no salir de su patria:
“Cuando los periodistas occidentales le preguntaban por qué no abandonaba su país y se instalaba en Europa, allá donde solían tratarle como un semidiós, Kiarostami solía responder con una de esas metáforas que poblaban sus películas. Un hombre en el exilio era, para el director, igual que un árbol trasplantado: logrará sobrevivir en su nuevo hábitat, pero no dará frutos de la misma calidad. Por ese motivo, tras la revolución iraní de 1979, mientras la intelligentsia de su país huía lejos, Kiarostami decidió quedarse”.
Y es de esta manera que el trabajo artístico del iraní y su convicción de habitar su país, ajeno al canto de sirenas europeo, siguió tocando a las puertas de mi curiosidad como cinéfilo, después de ¿Dónde está la casa de mi amigo? Volví la mirada a Close up (1990), El sabor de la cerezas (1997), Diez (2002) y Copia certificada (2010), sin olvidar Shirin (2008) y El viento nos llevará (1999).
Pero en ocasiones es necesario ceder para seguir produciendo la belleza en imágenes y hacia el final de sus días, Kiarostami de cualquier manera tuvo que rodar sus últimas dos cintas en el extranjero, Copia certificada y Like someone in Love, la primera en la Toscana italiana y la segunda en Japón.
Kiarostami sabía que a pesar de todo, Irán es el país donde nació y que a pesar de todos los obstáculos que la censura le puso por el camino, fue esta nación la que lo encumbró, la que lo hizo feliz, la que nunca quiso dejar y que a pesar de filmar sus dos últimas obras lejos de ahí, nunca dejaría de pensar que Irán es una tierra fértil y milenaria para construir el arte. En esa construcción, su obra ya está perfectamente cimentada. Del Irán y su belleza, el futuro hablará de un hombre llamado Abbas Kiarostami.
Descanse en paz.
*Mañana: Michael Cimino
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