SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 31 de marzo de 2017
Cuando los dirigentes de un país tienen mentes colonizadas, únicamente puede esperarse de ellos medidas y acciones que obedezcan a los designios de su amo.
Tal es el caso del aprendiz de diplomático que cobra como secretario de Relaciones Exteriores, el mismo que en su anterior encomienda cobrara como secretario de Hacienda y con magros resultados demostrara su ineptitud para ese cargo.
Sí, nos referimos a Luis Videgaray Caso, personaje que a la voz del amo responde obediente y se suma a un coro de lacayos en clara intromisión en asuntos internos de países que no se pliegan a los designios del imperio en su ofensiva contra los pueblos libres.
Dos ejemplos recientes de tal actitud son: uno, la promoción del debate sobre la situación de Venezuela, convocado por una facción de países en el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA), el 28 de marzo pasado, de aplicar a ese país la carta de la OEA y la Carta Democrática Interamericana, instrumentos que reflejan la visión yanqui de la forma como deben comportarse los países y los pueblos de este continente, so pena de ser sujetos de sanciones; el otro, la realización en nuestro país, con la asistencia de un grupo de contrarrevolucionarios cubanos, de una mesa redonda con el ostentoso título de “Construcción de Ciudadanía, una Perspectiva para Cuba”, en la que fungen como organizadores visibles al Consejo Mexicano de Asuntos Exteriores (Comexi) y FLACSO-México (para ubicar a los invisibles no hace falta mucho esfuerzo, bastaría conocer sus fuentes de financiamiento).
Y Videgaray tiene un jefe, que en lugar de buscar cómo arreglar los asuntos de otros, debieran de preocuparse y ocuparse en los problemas de este país, que son muchos y en no pocos casos muy graves.
¿Por qué Videgaray y su jefe no abordan con la seriedad debida la violación de derechos humanos de los migrantes mexicanos en Estados Unidos y de los centroamericanos y caribeños en México?
¡Por qué el jefe de Videgaray es incapaz de ver, entender y enfrentar la grave crisis en que vive desde hace muchísimo tiempo nuestro país, crisis que ve, siente y padece la mayoría de los mexicanos?
¿Por qué si Venezuela y Cuba ante la agresiva e insultante política migratoria y discriminatoria del imperio del norte manifestaron su solidaridad con México, nuestro gobierno responde con intromisión en sus asuntos internos?
La respuesta es obvia: los intereses que defienden quienes nos gobiernan no son los del pueblo mexicano, son los del grupo que detenta el poder, la oligarquía, grupo en el que varios de sus integrantes pertenecen o tienen fuertes vínculos con la oligarquía internacional y el gran capital financiero. Y como son intereses contrapuestos, el hecho de que algún pueblo se sacuda, o intente sacudirse, el yugo del imperio constituye un mal ejemplo que amerita acciones correctivas; como lo muestra lo que sucede en la República Bolivariana de Venezuela, en el Estado Plurinacional de Bolivia, en la República de Ecuador y lo sucedido recientemente en Brasil y Argentina.
Y la OEA, esa lamentable y decrépita organización, a la que alguna vez Fidel llamara el ministerio de colonias yanqui, es el instrumento del que se vale el imperio (con el apoyo de algunos lacayos, entre los que se cuenta su secretario general, Luis Almagro), para ejercer su dominio sobre los países de este continente; la misma OEA que en enero de 1962 expulsó a la Cuba revolucionaria y que en el 2009 se vio obligada a revertir esa decisión, aunque por el negro historial de ese ministerio de colonias, Cuba, por dignidad, se niegue rotundamente a formar parte de él.
Sin embargo, no obstante el ridículo que hacen ante la comunidad internacional, ante su propio pueblo y el descrédito que causan a la política exterior de México, estos personajes se niegan a ver la viga en el ojo propio y continúan fieles a sus amos internos y externos que son, en buena medida, quienes los mantienen en sus puestos.
Y es que su sometimiento, su estrecha visión del mundo y la realidad, y la ausencia de un mínimo de decoro, les impiden comportarse de otra manera, por lo que es ingenuo pensar que estas personas alguna vez puedan representar los intereses de nuestro pueblo.
La solución no es fácil, pero tampoco imposible. Está en nosotros, el pueblo.
*Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular de Salamanca, Guanajuato.
Foto de portada: Moisés Pablo / Cuartoscuro.
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