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Alfonso Díaz Rey*
Viernes 15 de junio de 2018
«[…] el respeto al derecho ajeno es la paz»
Benito Juárez
No falta un día en que en algún lugar de la república diferentes sectores de la población manifiesten su inconformidad por el clima de violencia física e inseguridad que padecemos, al grado que el reclamo por la paz adquiere en estos momentos la mayor importancia para la sociedad mexicana.
El reclamo por la salvaguarda de la integridad física y de un patrimonio conseguido muchas veces a costa de ingentes sacrificios es totalmente legítimo y debe ser atendido por las instancias del Estado a quienes compete, sin menoscabo de los demás derechos de la población.
Sin embargo, alcanzar la paz significa algo más que terminar con la inseguridad y la violencia física.
Otros tipos de violencia e inseguridad están presentes en nuestra sociedad y son tan perniciosos que su presencia en cierto modo promueve atentados contra la integridad física y patrimonial de las personas.
La desigualdad, la explotación, la pobreza, el desempleo, la insalubridad, el analfabetismo, la discriminación, la precariedad del empleo y los salarios, la corrupción, el insuficiente acceso a la educación y a la salud, los «recortes» al gasto social, el deterioro del medioambiente y el despojo a la nación de sus riquezas y recursos naturales, por citar algunas, son formas en que se manifiesta la violencia, de carácter masivo, contra el pueblo, las que en algunos casos derivan en atentados o daños contra la integridad física o del patrimonio de personas o de grupos.
Sin embargo, pareciera que para la propaganda oficial y la mayoría de los medios masivos de comunicación las únicas amenazas a la paz las constituyen la violencia y la inseguridad que atribuyen al «crimen organizado», cuando criminales mejor organizados, arropados por el gran capital y por mecanismos e instancias del Estado, promueven y mantienen otras formas de violencia contra la mayoría de la población, de las que muy poco o nada comentan.
Cuando se violentan los derechos de los seres humanos o las leyes de la naturaleza, se producen desequilibrios y se generan condiciones en las que en la medida que aumenta la incertidumbre se ausenta la paz.
Y en una sociedad en la que se privilegia el tener sobre el ser, donde se exaltan el individualismo y la obtención de ganancia a cualquier costo, necesariamente se producen desigualdades, desequilibrios, inequidades y contradicciones que impiden un clima de paz; además, si una situación como esta crea condiciones que favorecen los intereses y privilegios de un sector de la sociedad, éste intentará de múltiples maneras mantenerlas y reproducirlas para continuar en esa ventajosa posición.
Es el entorno económico, social, político, cultural y ambiental en que vive una sociedad el que en última instancia determina la conducta de sus miembros y sus condiciones de vida. En la medida en que avancen la equidad, la justicia, la solidaridad y el respeto al ser humano y a la naturaleza, se propagará y fortalecerá la paz.
Algunos creemos que además de marchas, mítines, protestas, volantes o textos como éste, mucho ayudaría la creación de espacios colectivos de análisis y discusión de nuestra realidad, para encontrar, desde la sociedad, formas de cambiar un entorno que actualmente nos es desfavorable, por uno que promueva la paz y la seguridad.
Porque no hay esfuerzos más nobles, justos y necesarios como los que se despliegan en la lucha por la paz.
* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular y del Frente Regional en Defensa de la Soberanía en Salamanca, Guanajuato.
Foto de portada: Pixabay.
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