Breaking

La señora de los gallitos

Diálogo Estado / Diálogo País / Top News / 05/06/2019

SOMOSMASS99

 

Jesús Oñate Moreno*

Miércoles 5 de junio de 2019

 

En el año de 1978, contratado por la Fundación Friedrich Ebert Stiftung de Alemania, me encontraba trabajando en el Centro de Educación de Adultos (CEDA) en la ciudad de Ixmiquilpan, Hidalgo.

Estaba a mi cargo el programa de artesanías con un plan de acción consistente en cinco rubros: a) Historia y rescate de la artesanía original; b) Organización de productores en sus comunidades; c) Materia primas y costos de producción; d) Promoción de canales de comercialización; e) Formas de organización.

En dos años de trabajo logramos conformar una organización regional integrada por 400 artesanas de cuatro municipios del Valle del Mezquital (la más grande del país, en ese entonces). En la actualidad la organización continúa existiendo, con menos socias. Tiene su sede en la ciudad de Ixmiquilpan, se llama Cooperativa Artesanal la Flor del Valle.

Para facilitar la comercialización de artesanías confeccionamos un muestrario general con los artículos elaborados, que exhibíamos en los lugares a donde salíamos a vender, en universidades y otros centros educativos del país. En una ocasión estuvimos aquí en Celaya, Guanajuato, en la Casa de la Cultura.

En las calles del centro de Ixmiquilpan era frecuente encontrarse con una mujer indígena, pobremente vestida, cargando un niño en la espalda, sostenido por un ayate de ixtle, y otro niño caminando tomado de la mano.

Vendía sonajas para niños llamadas gallitos, elaboradas con fibra de palma e ixtle, con plumas de colores, portando en su interior piedritas que al agitarse producían el sonido; ofrecía también unas bolsitas de fibra de palma, decoradas con anilinas de colores.

Para llamar la atención de los transeúntes, posibles compradores, les sacudía el gallito en la cara en forma insistente, como espantando las moscas.

Preocupado por su condición de evidente miseria y en virtud de que los artículos que ella vendía no estaban incluidos en el muestrario de artesanías, un día me di a la tarea de buscarla.

Cuando nos encontramos le platiqué de la organización de artesanas y la invité a participar. Hablaba poco español, me dijo que se llamaba Adelina, que era de la comunidad de Naxthéy, municipio de Ixmiquilpan, y que allí había más mujeres artesanas que elaboraban artículos de palma, los que salían a vender a Pachuca y a la Ciudad de México, pero que les pagaban poco. Se mostró interesada en la organización.

Acordamos que visitaría su comunidad el fin de semana, para hacer una invitación general a todas las artesanas para participar en la organización regional.

El CEDA tenía como objetivo general el de apoyar a la población en su desarrollo integral, a través de varios programas como: 1) Primaria para adultos; 2) Reforestación; 3) Artesanías; 4) Establos de ganado bobino y caprino; 5) Legalización de la tenencia de la tierra; 6) Comercialización; 7) Salud; 8) Cajas de ahorro.

Cada responsable de programa tenía como apoyo a un promotor y un capacitador bilingüe. Contábamos con un vehículo, tipo safari, con chofer, para transportarnos a las comunidades. En el lugar había un pizarrón en donde se anotaba el nombre de la comunidad a visitar, la hora de salida y la hora de llegada. Esto se hacía por razones de seguridad en caso de algún incidente.

Cuando los compañeros, jefes de otros programas, se enteraron de mi visita a Naxthéy, me sugirieron que no fuera porque los habitantes de esa comunidad eran muy conflictivos y hostiles con los visitantes.

No sabía qué hacer, estaba en un dilema. Hacerles caso a los compañeros o correr los riesgos. Finalmente tenía un compromiso con la señora de los gallitos y decidí ir.

Era un día jueves, salimos a las 8 de la mañana. La comunidad está situada en una zona muy árida del Valle del Mezquital, con una población de 80 habitantes en ese año, dedicados a la elaboración de artesanías de palma, en la cual intervenía toda la familia, aunque los hombres eran casi todos migrantes jornaleros.

Llegamos a la comunidad de pocas casas, rústicas y aisladas una de otra. Al centro una pequeña plaza con una iglesia muy antigua de mampostería, pintada totalmente de color blanco, de agradable presencia, que parecía un pastel. El atrio era, a su vez, el cementerio, bardeado con baja altura por medio de almenas, también pintadas de blanco, al igual que los montículos de las tumbas. Junto a la iglesia estaba la escuela primaria y una cancha de basquetbol. No había gente en las calles, por lo que decidimos buscar al maestro de la escuela para informarle del objetivo de nuestra visita.

Le preguntamos por la señora Adelina y nos dijo que la había visto salir temprano a Ixmiquilpan. El maestro se interesó en la propuesta de apoyo para las artesanías, se comprometió a reunir a todas las señoras para el día sábado, a las ocho de la mañana, en la cancha de basquetbol y nos felicitó por el apoyo.

El día sábado salimos como de costumbre de las oficinas del CEDA, esta vez rumbo a Naxthéy, para llegar a la hora acordada.

Cuando llegamos nos llamó la atención que no se encontraba ninguna persona en la cancha de basquetbol, la escuela estaba cerrada, no había clases, tampoco había gente en las calles, el pueblo parecía abandonado. Las casas estaban cerradas. Nos atrevimos a tocar en algunas de ellas y no salía nadie, ni los perros ladraban o de plano no había perros.

Estuvimos en la comunidad como una hora y decidimos regresar a informar a las autoridades de Ixmiquilpan que algo extraño estaba pasando en ese lugar.

Cuando llegamos a la comandancia de policía a notificar el hecho, nos dijeron: no se preocupen, los hombres de Naxthéy están aquí detenidos; se les acusa de asesinato colectivo de una persona e inhumación clandestina. Pero el personal de medicina forense ya notificó que la causa del fallecimiento fue una congestión alcohólica y sólo están detenidos por inhumación clandestina.

Y, ¿qué fue lo que pasó?

El día viernes por la tarde, en Naxthéy, un grupo de sus habitantes organizaron una fiesta con vecinos de otra comunidad que terminó en borrachera. Se armó la discusión entre ellos y pelearon. En el pleito uno de ellos murió. Los rijosos, al darse cuenta que había un muerto, se asustaron y para no tener problemas con la justicia se les hizo fácil enterrarlo en el mismo lugar.

Pero no faltó un chismoso que fuera a avisar a la policía que llegó a la comunidad, detuvo a todo el que pudo y exhumaron el cadáver.

Nos retiramos de la comandancia y ya no supimos que pasó con los detenidos. Entonces entendimos por qué las señoras de la comunidad no salieron de sus casas: estaban asustadas. En una reunión semanal de responsables de programas comenté lo ocurrido. Me dijeron: “te advertimos que no fueras a Naxthéy”, pero mi obligación era tratar de ayudar.

El muestrario de artesanía se quedó sin gallitos y la señora de las sonajas siguió agitándolos en el rostro a toda persona que caminaba por las calles de la ciudad de Ixmiquilpan.


* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece el autor.

Imagen de interiores: Gallito. | Dibujo de Jesús Oñate Moreno.

Imagen de portada: Sonaja, elaborada con palma criolla y técnica de tejido mixto. Autora: Mariana Hernández, de la comunidad de Tezoquipan, Hidalgo.






Luis López




Entrada Anterior

Pleamar

Siguiente Entrada

El parto de Tehuelche: un registro excepcional





2 Comentarios

el 02/09/2021

Hola

Deseo saber dónde puedo adquirir está artesanía algún teléfono de contacto ?

    el 22/09/2021

    En el centro de Ixmiquilpan, más seguro y directo a las señoras en mercado municipal en el área de comida



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Más Historia

Pleamar

SOMOSMASS99   Agustín Lanuza   Luis Pablo Agustín Lanuza Pérez es escritor, actor y dramaturgo guanajuatense,...

05/06/2019