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La urgencia de los buenos tratos a la infancia

Diálogo Estado / Gaudencio Rodríguez Juárez / Top News / 04/05/2017

SOMOSMASS99

 

©Gaudencio Rodríguez Juárez*

Jueves 4 de mayo de 2017

 

Un niño (la palabra se refiere también a las niñas) que se suicida es un emergente social que denuncia y lleva al extremo el malestar de la infancia. Con dicho acto no busca terminar con su vida sino terminar con sensaciones desagradables e intensas de dolor, incertidumbre, tristeza, angustia, ira, confusión…

Generalmente, para el niño que se suicida el mundo no es grato sino ingrato, no es brillante sino oscuro. El hogar no es un oasis de calma sino un campo minado. La escuela no es un lugar de exploración y búsqueda de conocimiento sino fuente de estrés. No cuenta con suficientes figuras de seguridad.

Un niño nace dotado para convertirse en un ser humano saludable, ético, íntegro, suficientemente feliz y constructivo siempre y cuando reciba un buen trato, es decir, siempre y cuando sus necesidades de desarrollo humano sean satisfechas o, en otras palabras, sus derechos humanos sean respetados.

Es por eso que el aumento del suicidio infantil en el mundo nos interpela a los adultos: ¿Qué vínculos, familias, ciudades y Estados les estamos ofreciendo? ¿Qué respuestas tenemos ante esta realidad? o mejor aún, ¿qué acciones estamos tomando?

Para empezar es necesario asumir los daños que la globalización económica ha traído a la especie humana al convertir al dinero en algo más importante que las personas y su respectivo impacto sobre los niños, los cuales han pasado a ser un gasto o consumidores a manipular.

El suicidio infantil, el cese de la vida temprana denuncia la incompetencia del entorno para permitir el florecimiento humano, entorno donde nos encontramos los adultos responsables de construir la atmósfera donde la existencia sea posible, los vínculos donde los niños puedan resollar.

Las dinámicas socioeconómicas y políticas imperantes no generan cohesión en los colectivos humanos sino que desgarran el tejido social y familiar, perjudicando a las crías humanas al faltarles la atención, el cuidado y la guía requerida.

En palabras del neuropsiquiatra y director del Centro Médico Psicosocial para exiliados y víctimas de la violencia y la tortura, Jorge Barudy, el modelo económico dominante dificulta la disponibilidad de los padres para con sus hijos en la medida en que impone como valor de éxito la capacidad de los adultos para invertir su tiempo en actividades que les produzcan dinero para consumir o les obliga a adaptarse a las condiciones de trabajo de los dueños del dinero.

También afirma que el deterioro de los vínculos familiares, la destrucción del tejido familiar, el aislamiento y la violencia doméstica están impactando negativamente a la infancia, reflejándose en diferentes formas de maltrato, trastornos del apego, educativos y de socialización, identificación con personajes virtuales, traumatismos y obstáculos para ser resilientes.

El mismo Barudy propone un modelo alternativo a la mundialización llamado “Biología del amor”, donde las personas son más importantes que las ideologías, los objetos, el dinero y los niños son respetados como sujetos.

El modelo incluye la práctica de gotas de agua para promover el buen trato y el bienestar de los niños y de las familias mediante el sostenimiento y potenciación de las habilidades para la crianza, el reforzamiento y sostenimiento de los medios familiarizantes y la vida del barrio, el aseguramiento de una justicia social para las familias, el favorecimiento de la igualdad de oportunidades a nivel educativo, la promoción de las fuerzas resilientes/resistentes, así como el aseguramiento de una política de protección a la infancia basada en sus derechos y necesidades.

El doctor Barudy transmite una propuesta sólida, fundamentada y amorosa para la construcción de un mundo humano más justo y solidario, respetuoso de lo viviente y de la diversidad: tratar bien a los niños.

¡Sumémonos! Hagamos de la vida un instrumento de amor para los niños, no un arma que los aniquile.

La diputada Penélope Campos, presidenta de la Comisión de Atención a la Niñez en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF), informó que anualmente, alrededor de 150 niños entre los 5 y 14 años se dan muerte (http://www.aldf.gob.mx/comsoc-incrementa-suicidio-infantil-mexico-los-12-16-anos-lapso-que-los-jovenes-atentan-contra-su-vida–23949.html. 2 de marzo de 2016).

Los investigadores  en el tema (Páramo & Chávez, 2007) concluyen que un importante porcentaje de niños/niñas que cometieron suicidio fueron también víctimas de algún tipo de maltrato infantil.

Boris Cyrulnik, neurólogo, psiquiatra y psicoanalista, concluye que “los suicidas, prisioneros de sus sufrimientos, creen que se trata de una última libertad que les queda, mientras que los estudios clínicos y científicos demuestran que se trata de un proceso que se dirige hacia un desenlace fatal… ¡cuando la cultura no hace nada!”.

¡Hagamos algo para que la vida sea vivible para los niños/niñas: tratémosles bien!

* Psicólogo / [email protected]

Foto de portada: Pixabay






Luis López




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