SOMOSMASS99
©Gaudencio Rodríguez Juárez*
Jueves 21 de septiembre de 2017
Abrázame fuerte, muy fuerte,
muy fuerte, amor.
Hasta que la muerte
nos abrace.
Luis Eduardo Aute
Algo tan sencillo arropa el corazón de dos personas en el momento más oportuno: rodearla con los brazos para unir dos fronteras corporales durante un lapso de tiempo variable, e invariablemente eterno.
Nos abrazamos porque crecemos con el otro; porque tocar y ser tocados es vital.
Nuestra piel necesita el contacto de otra piel para lubricarse, para mantenerse tersa; el abrazo, pues, nos hace brillar. Por eso nos abrazamos de frente, de lado, de espalda; con una o varias personas; a la altura del cuello, el pecho o la cintura.
El abrazo sella los sucesos trascendentales de la vida: el nacimiento; cada logro de una nueva habilidad: hablar, caminar, correr…; la terminación de los ciclos: escolares, laborales, presidenciales…; el arranque de pequeños y grandes proyectos; los triunfos y los fracasos; la muerte, la imprudente y siempre puntual muerte.
Lo canta el rockero: “Vamos a abrazarnos / para crecer en paz”. Lo recita el poeta: “Abrázame, abrázame / que tengo miedo de mi miedo / que me señalan con el dedo”. Lo clama el enamorado: “Abrázame / como si fuera ahora la primera vez / como si me quisieras hoy igual que ayer”.
Lo utilizan estratégicamente algunos psicoterapeutas para curar los malestares. Lo pide el encarcelado. Lo proporciona el bientratado. Lo promueve el sensibilizado. Lo regala la persona humilde y el generosa; lo vende la persona desesperada.
El abrazo aumenta la hemoglobina en la sangre, facilitando el transporte de oxígeno a todas las células del cuerpo. Es antídoto para la depresión, la angustia, el dolor y el miedo. Es puente entre dos almas. Acerca los corazones. Indica muchas cosas: Estoy contigo, Te quiero apoyar, Me da gusto verte, Eres bienvenido… Mezcla los olores humanos. Es democrático. Se adquiere gratis o comprado (aunque saben diferente).
Motiva al enfermo a vivir. Facilita la adquisición de habilidades trascendentales en los niños y niñas, tales como, el lenguaje y la inteligencia.
Mantiene en buen estado los músculos de brazos y hombros porque es un excelente ejercicio de flexión y estiramiento. Rompe el hielo en las relaciones humanas haciéndonos menos ajenos.
El bebé muere literalmente sin él. El derrotado lo necesita tanto como al oxígeno. Los amantes dejan de serlo cuando los abrazos se acaban, los amigos lo son menos.
Los seres humanos se enajenan y las sociedades se envilecen cuando dejan de abrazarse. Entonces el frío y la desolación hacen de las suyas.
El abrazo proporciona calor, consuelo, apoyo, calma, cura, bienestar, contención.
Es causa y consecuencia del amor, la alegría, la autoestima, la seguridad, la confianza, la esperanza, la ilusión, la ternura, la felicidad…
No obstante, nos abrazamos tan poco: cero, una o dos veces al día, mientras que la recomendación, como regla general, son seis u ocho diarios. ¡Tenemos un déficit importante!
¡Abracémonos mientras llega el ineludible abrazo de la muerte, y para que la vida, mientras dura, sea eterna!
* Psicólogo / [email protected]
Foto de portada: Pixabay.
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