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Las candidaturas. Reflexión

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SOMOSMASS99

 

Alfonso Díaz Rey*

Viernes 6 de octubre de 2023

 

En el comienzo de una nota periodística se lee: «Hasta el mediodía de ayer, 187 personas se habían inscrito como aspirantes a coordinar los comités de defensa de la Cuarta Transformación en las nueve entidades que tendrán elecciones el año próximo, incluida la Ciudad de México» (La Jornada. 27-09-2023, p. 30). Para el día siguiente, excluyendo la Ciudad de México, la cifra aumentó a 253 (La Jornada. 28-09-2023, p. 30). 

Quienes alcancen tales coordinaciones se convertirían en candidatas o candidatos, por Morena, a las gubernaturas de esas entidades.

Los demás partidos también deben contar, en conjunto, con un número significativo de aspirantes a esas candidaturas, a quienes habría que agregar a los «independientes».

Con independencia del número de aspirantes a diversas candidaturas ─lo cual es un derecho─ y el método de nominación ─con marcadas diferencias en cada grupo o partido político─, en estos procesos llama la atención la escasa, y en algunos casos nula, participación de la ciudadanía.

Algunos argumentarán que realizaron encuestas. Cierto. Pero quienes participaron en tales encuestas, aun gozando de la simpatía y apoyo de numerosos ciudadanos, fueron designados por las cúpulas de partidos políticos. En otros casos la designación se efectuó soslayando cualquier participación ajena a ellas. 

Otros podrán decir que cumplieron con ciertos requisitos, como reunir una cantidad determinada de firmas de apoyo. En este caso contaron con los recursos para implementar ese acopio, lo que en un país de enormes desigualdades muestra la inequidad en esos procesos.

La manera actual de definir candidaturas propicia, por un lado, la designación desde cúpulas de poder que al mantenerlo al margen muestran su desprecio por el pueblo; por otro, aun con encuestas de por medio, la aparición de problemas al interior de las organizaciones políticas debido al surgimiento de desviaciones provocadas por ambiciones o deseos personales o de grupo, lo que atenta seriamente contra la unidad y ofrece oportunidades de avance a sus opositores. 

También se da el caso de personajes que en busca de una jugosa remuneración y privilegios que otorga un puesto de elección popular, sin el menor pudor cambian de partido y de principios.

Otra cosa sería si la sociedad, organizada, definiera las candidaturas con base en el prestigio y atributos personales: como la actitud hacia el trabajo ─incluidos servidores públicos─, comportamiento ciudadano ejemplar, honestidad, disposición y aptitud para servir a la comunidad, entre otros. De esa manera se evitaría al máximo la presencia de ambiciones personales o de grupo y se fomentaría la unidad en torno a un objetivo común y a los intereses de la comunidad.  

En nuestro país, y sin duda es el caso de Morena, algunas personas que prácticamente son o aspiran a candidaturas a puestos de elección popular, incluida la presidencia de la República, cuentan con la simpatía y apoyo de importantes sectores de a población. Sin embargo, ese instituto político ha sido incapaz ─y es entendible para quienes conocen su historia─ de erradicar desviaciones y prácticas viciadas que atentan en última instancia contra la continuidad de un proyecto de país que compartimos la mayoría de los mexicanos.

La oposición, sin un proyecto definido y con la única oferta de más neoliberalismo ─corregido y aumentado─, apuesta a lograr los escaños necesarios en las cámaras legislativas para continuar obstaculizando los cambios que nuestro país requiere y reclama nuestro pueblo.

No obstante, el procedimiento empleado por Morena implica un importante avance respecto de las prácticas precedentes en aspectos electorales en México, protocolo que necesariamente tendrá que perfeccionarse para impulsar la máxima participación de la ciudadanía, de modo que esos procesos se conviertan en una expresión de la soberanía popular.

Otro aspecto importante, que conviene reflexionar y amerita un espacio aparte, es el costo de los procesos electorales, incluidas precampañas, campañas, subsidio a partidos y una enorme burocracia en torno a tales procesos.

Mientras como sociedad encontramos la manera más democrática y menos onerosa de conformar candidaturas y elegir a quienes deberán representar nuestros intereses, razonemos nuestro voto y actuemos críticamente; que nuestra participación no se circunscriba solamente al momento de ir a las urnas sino que de alguna manera nos involucremos en la toma de decisiones importantes y seamos capaces de impulsar las acciones y medidas derivadas de ellas, o de oponernos firmemente cuando estas atenten contra la nación.


* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.

Foto de portada: Regeneración.






Luis López




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1 Comentario

el 06/10/2023

Tanto la crítica a los procedmientos actuales como la sugerencia de otras vías son muy pertinentes. Se dificultará más el proceso cuanto más amplio sea el espacio a gobernar (municipio, estado, país) y menos claro el desempeño que haya tenido la persona en cargos previos (ayuntamiento, dependencia, cámara, etc.). En cualquier caso habrá que ir explorando alternativas y probándolas en la práctica.



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