SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 22 de abril de 2022
Antes de asignarles toda la responsabilidad a los diputados que con su voto impidieron la aprobación de la iniciativa de reforma eléctrica y de calificarlos como traidores a la patria ─que lo son─, conviene, autocríticamente, intentar encontrar las causas que han conducido a la entrega del patrimonio nacional y a la situación actual de nuestro país.
Reflexionemos, al menos durante el último siglo transcurrido, acerca de quiénes y qué han sido los «representantes» populares, en todos los niveles, y veremos que, salvo honrosas excepciones, la mayoría ha estado desvinculada del pueblo y obedecido a intereses ajenos y contrarios a la nación.
El sistema económico, político y social en que vivimos, y la legalidad impuesta por la clase dominante, permite que defensores de intereses de esa clase, y personas que han hecho de la «política» su modo de vida, ocupen puestos como «representantes» del pueblo, desde donde defienden y adaptan esa legalidad en función de los intereses de sus amos o los personales, que generalmente, en el fondo, son coincidentes.
De ahí que no pocos de esos personajes al concluir su ejercicio público pasen a las nóminas de poderosas empresas privadas, o estando en ese ejercicio brinquen de un partido hacia otro, o partidos que, por poner un ejemplo, en su denominación se presentan como revolucionarios, democráticos o ciudadanos, establecen alianzas con partidos y las fuerzas de la derecha más recalcitrante, siempre para defender intereses diferentes y opuestos a los del pueblo y la nación.
En el fondo, el problema se circunscribe a que nosotros, el pueblo, no somos quienes designamos a los candidatos a esos puestos y la elección se convierte prácticamente en una farsa.
Ello no es una fatalidad. Sucedió en 2018: no obstante su legalidad, recursos y artimañas, la clase dominante perdió algunos privilegios y el control sobre el gobierno, a lo que de inmediato reaccionó buscando recuperar, y aun ampliar, lo perdido.
Para alcanzar su objetivo esa clase dominante utiliza a los grandes medios de comunicación ─que son de su propiedad─, a organismos autónomos creados ad hoc para defender sus intereses, a jueces corruptos, a «intelectuales» y «periodistas» que perdieron las prerrogativas que gozaban en el anterior régimen, a diputados y senadores dispuestos a venderse al mejor postor, a ONG creadas para oponerse a todo lo que realice o proponga el gobierno, a no pocos trabajadores ganados ideológicamente por la derecha y al lumpen, por citar a algunos de sus aliados.
La situación actual de nuestro país y nuestro pueblo es difícil, sobre todo porque a raíz de la imposición de la globalización y el neoliberalismo la clase dominante, y sus socios ─en algunos casos sus amos─ extranjeros, vieron la oportunidad, principalmente mediante el engaño y el despojo, de apropiarse de todas las riquezas del país y del patrimonio nacional, lo que estuvieron a punto de conseguir; ese proceso lo detuvo la masiva afluencia del voto de la ciudadanía por quien propuso transformaciones en favor del pueblo, el 1 de julio de 2018.
No obstante su triunfo en la elección presidencial de 2018, Andrés Manuel López Obrador ni el partido por el que contendió, Morena, podrán llevar a cabo los cambios para que México inicie una etapa de transformaciones de fondo que en sus habitantes se reflejen en alcanzar una vida digna y cada vez menos injusta.
Si el sistema económico, político y social es el que permite, y genera, la desigualdad, la inequidad, la pobreza y la miseria, el despojo, la corrupción, la impunidad, y permite la presencia de individuos, grupos y organismos que en defensa de esos y otros vicios del sistema obstaculizan el avance de las transformaciones que requiere nuestro país, entonces el pueblo, en ejercicio de su soberanía, es el único que puede actuar sobre las causas reales de su difícil situación.
Se podría empezar por definir, de la forma más democrática posible, qué es lo estratégico (por tanto, inalienable) y lo prioritario para la nación, para con esa base definir las áreas, actividades y formas de participación del capital privado.
Ello no es fácil, y menos si somos incapaces de designar a los candidatos y elegir a quienes nos representarán.
* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Foto de portada: Canal Once.
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