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Las gasolineras mutantes y la reforma energética

Diálogo País / Top News / 14/11/2018

SOMOSMASS99

 

Agustín Ramírez Agundis*

Miércoles 14 de noviembre de 2018

 

A lo largo de las últimas semanas se ha vuelto común observar un extraño fenómeno. De la noche a la mañana las estaciones expendedoras de gasolina aparecen rodeadas por una malla semitransparente para indicar que temporalmente no estarán en condiciones de ofrecer sus servicios.

Al cabo de dos o tres días, los establecimientos reanudan sus actividades. Sólo que han sufrido una notoria transformación, aunque sólo en su imagen. El color verde distintivo de Pemex, la empresa estatal, ha sido sustituido por el azul de la compañía X, el amarillo con rojo de la multinacional Y,  el naranja y rojo de una corporación que dicen viene de España, u otros llamativos colores propios de firmas nacionales y extranjeras.

El cambio es sólo de imagen, en los hechos todo sigue casi igual.

Los empresarios, anteriormente concesionarios de Pemex, se han afiliado a algún grupo que les garantiza ciertas facilidades para la administración y un distintivo de identidad muy nais que reemplaza a los obsoletos y poco atractivos emblema y colores de Pemex, todo a cambio de engrosar las filas y el poderío del grupo o empresa que ahora da la cara aunque el dueño siga siendo la misma persona de antes.

Los empleados continúan siendo los mismos, sólo han mudado su indumentaria de trabajo. Los desgastados overoles de color verde han sido reemplazados por chamarras muy coloridas con franjas fosforescentes por doquier. También sus salarios permanecen igual de raquíticos y su ingreso principal siguen siendo las propinas que dejan los clientes.

Para prevenir al establecimiento del constante riesgo de asaltos perdura el típico guardia de seguridad privada, sin más protección, adiestramiento y capacidad que la del uniforme de color caqui o azul de la empresa que lo suministra, en el mejor de los casos armados también con su macana.

Los equipos no han cambiado, las bombas que despachan litros de 900 mililitros siguen siendo las mismas. Su mutación sólo ha consistido en una gran variedad de pegotes sobre su cara principal con los cuales pretenden dar la apariencia de novedad.

En cuanto a las gasolinas, la denominación es ahora muy diversa, pero la verde sigue siendo la verde y la roja igual. Desde luego, la garantía de la calidad de los combustibles es ahora más cuestionable, para las autoridades encargadas de esa tarea, el registro y control de su procedencia y traslado es mucho más complicado e incierto.

Un pequeño detalle llama mucho la atención. Nos decían los predicadores de las bondades de la reforma energética que ésta traería como consecuencia la participación de varias empresas, con lo cual se generaría una gran competencia y, por lo tanto, los precios al público de los combustibles se reducirían. Pero no, la verdad, todo indica que, sea cual fuere el logotipo que aparece en las marquesinas de las gasolineras, los precios de las gasolinas y el diésel  en lo general son los mismos en todas, con sus muy contadas excepciones.

En cuanto a este último aspecto, sólo como muestra, les comparto que el domingo 21 de octubre, a eso de las 10 de la noche, revisé el precio de la gasolina verde en dos estaciones localizadas en los alrededores del mercado de abastos de Celaya: 19.95 pesos por litro en ambas. Al día siguiente, poco antes de las 8 de la mañana, verifiqué el precio de la misma gasolina en dos gasolineras ubicadas por el rumbo del Parque Xochipilli: 20.14 pesos por litro, es decir un incremento de 19 centavos, seguramente generalizado en todos los establecimientos del ramo en la región.

Así es, cada día, a las cero horas, casi siempre al alza, fijan un precio en el que están de común acuerdo todos los empresarios, de manera que eso de la competencia y el descenso de precios no va más allá de una nueva manifestación del  realismo mágico latinoamericano: simplemente no existe, está sólo en nuestra imaginación y en la de nuestros gobernantes.

Cabe resaltar que en la fecha citada, en la madrugada, por primera vez el precio de la gasolina verde rompió la barrera de los 20 pesos. Con ello, el incremento que ha sufrido ese combustible es del 44% en dos años. Es decir, hoy llenar un tanque de 40 litros con gasolina verde nos cuesta alrededor de 800 pesos, mientras que en noviembre del 2016 nos salía en 560.

En los hechos, la reforma energética sólo ha provocado la desintegración de Pemex, un pronunciado descenso en su capacidad de producción, tanto de petróleo crudo como de combustibles y petroquímicos, una menor participación en los mercados y, en suma, la aceleración del proceso de arruinamiento al que con toda claridad se le ha sometido desde hace décadas. Para el Estado en su conjunto, la reforma energética ha significado la pérdida de las facultades que hasta hace poco tenía, mismas que le permitían mantener la rectoría en el desarrollo y explotación de los recursos petroleros que debieran constituir un sector estratégico de la economía.

Para nosotros, el pueblo, la gente, no se ha visto ningún beneficio, todo lo contrario. Los precios de la gasolina, del gas y en muchos casos de la energía eléctrica, la luz como le decimos, se han movido como los globos de helio: siempre hacia arriba.

Ya sólo le quedan poco más de dos semanas a la actual administración, la de las grandilocuentes reformas que en los hechos se han quedado sólo en eso: puro rollo, mucho ruido y, al parecer, pocas nueces. En realidad, pocas nueces para los mexicanos, en tanto que cada vez nos son más lejanos los beneficios de los que debieran nuestros recursos naturales. Muchas nueces para un puñado de inversionistas mexicanos y extranjeros a los que se les ha dado manga ancha para su explotación.

Habrá que esperar que el nuevo gobierno dé pasos, desde un principio, para revertir de manera decidida los efectos perjudiciales de la reforma energética, comenzando, desde luego, por poner punto final a esa intrincada maraña de complicidades a través de la cual unos cuantos empresarios y un minúsculo grupo de políticos se han enriquecido con base en la ruina de Pemex, otrora empresa fundamental para el desarrollo del país, favoreciendo, por el contrario, a un grupo de empresas extranjeras, entre ellas varias de las que tanto trabajo le costó al pueblo mexicano expulsar del país por medio de la expropiación del petróleo en 1938.


* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece el autor.

Foto de portada: Mallorca Diario.






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