SOMOSMASS99
Oscar Alzaga*
Viernes 3 de febrero de 2023
“¡Fue el indio Benito Juárez, que echó un imperio al mar, y supo desafiar la pobreza con honor, y reconquistó y aseguró la independencia de su tierra! (…) No bien entró, de vuelta a su cruzada épica, a gobernar en paz a su México, aquel indio egregio y soberano, que se sentará perpetuamente a los ojos de los hombres al lado de Bolívar”.
– José Martí.
“…porque un principio justo, desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército. Es que México ratifica cada año ante el mundo -con su derecho creciente de república trabajadora y natural- su determinación de ser libre. Y lo será porque domó a los soberbios. Los domó Juárez sin ira”.
– José Martí.
“Habitantes de Puebla: Tenéis razón en creerme con vosotros. No os hace la guerra Francia; es el Imperio. Estoy con vosotros. Vosotros y yo combatimos contra el Imperio; vosotros en vuestra patria, yo en el destierro”.
– Víctor Hugo.
“La intervención propuesta en México por Inglaterra, Francia y España, es, en mi opinión, una de las más monstruosas empresas jamás registradas en los anales de la historia internacional”.
– Carlos Marx.
“Mexicanos: El gobierno vuelve hoy a establecer su residencia en la ciudad de México, de la que salió hace cuatro años. (…) Con la segura confianza de que el pueblo mexicano lucharía sin cesar contra la inicua invasión extranjera, en defensa de sus derechos y de su libertad. (…) Lo han alcanzado los buenos hijos de México, combatiéndolos, sin auxilio de nadie, sin recursos, sin los elementos necesarios para la guerra. Han derramado su sangre con sublime patriotismo, arrostrando todos los sacrificios, antes que consentir en la pérdida de la República y de la Libertad (…)
“Ha cumplido el gobierno el primero de sus deberes, no contrayendo ningún compromiso en el exterior, ni en el interior, que pudiera perjudicar en nada la independencia y soberanía de la República, la integridad de su territorio o el respeto debido a la Constitución y sus leyes”.
– Benito Juárez
Desde luego no hay un punto de comparación entre el conservador Santa Anna y el liberal Juárez: aquel, traidor, individualista, corrupto, y con ribetes de dictador, entreguista a Estados Unidos durante la intervención militar yanqui en México de 1846 a 1848. Frente a la firmeza, honestidad, integridad y patriotismo de Juárez. ¿Y cuántos presidentes podrían afirmar hoy lo mismo que Juárez, al terminar su gobierno?
La vida de Benito Juárez, lo han dicho varios historiadores y escritores -de la talla de Martí, Molina Enríquez o Ricardo Flores Magón-, fue siempre cuesta arriba, como niño, joven y adulto indígena. Porque una de las peores herencias de la colonia española y europea fue el racismo y la ideología de conquistadores supremacistas, que resurgió con fuerza entre los conservadores del siglo XIX, en la dictadura porfirista, con Miguel Alemán y el actual neoliberalismo.
La herencia colonial y su ideología de 300 años de dominio y sometimiento de los indígenas, negros y mestizos, que daba otro trato a los criollos, salvo a los rebeldes de la colonia y de la independencia de 1808 a 1821, como Hidalgo, Allende y otros. Serían dos soldados de la corona -Iturbide y Santa Anna-, al advertir la caída de España en 1808 con las armas superiores de Francia, que cambian de bando y se pasan a “liderar” la independencia: con el abrazo de Acatempan (traición y asesinato de Guerrero) y con el Pacto de la Profesa, aquella iglesia pútrida, enriquecida y aliada de la traición.
La decadencia de España imperial era una realidad, no solo por su debilidad armada ante Francia como por sus clases parásitas a la cabeza: la realeza pútrida, estéril y decadente; la iglesia degenerada y traidora de la religión de Cristo a favor de los pobres; las instituciones coloniales impuestas por la fuerza y el capital mercantil parasitario y rentista hispano. Todos los intentos democráticos y liberales en España de los siglos XVIII y XIX fueron aplastados.
Ya hacía tiempo de la decadencia de la España imperialista de los siglos XVI y XVII que cede ante el pujante desarrollo del norte europeo desde el siglo XVIII y XIX en adelante. De 1519 a 1521 la derrota de los aztecas no fue una hazaña ni proeza, como algunos historiadores la han interpretado. Un gran escritor experto en el colonialismo europeo en África, dejó este testimonio:
“No eran colonizadores; su administración equivalía a una pura opresión y nada más. Eran conquistadores, y eso lo único que requiere es de fuerza bruta, nada de lo que se pueda vanagloriarse uno cuando la posee, ya que la fuerza no es sino una casualidad nacida de la debilidad de los otros”.
– Joseph Conrad. El corazón de las tinieblas. 1902.
La corona española hereda a Latinoamérica su atraso económico, una religión degradada y un conservadurismo social, cultural, ideológico y político, que en México serían reproducidos por los españoles monárquicos que se quedaron y tenían grandes propiedades como minas, encomiendas (haciendas) y comercio; también por criollos conservadores, por el ejército de viejo cuño y la iglesia católica, entonces dueña de grandes propiedades, tribunales de justicia, colegios, registros de nacimiento, bodas y defunciones, panteones y, sobre todo, el púlpito de la ideología conservadora.
A diferencia de Inglaterra que dejó en Estados Unidos (EU) una economía pujante en el norte, de tipo capitalista e industrial. Lo que llevó en 1823 a ese país a proclamar la doctrina Monroe de “américa para los americanos”: en 1847, a invadir México y militarmente robarle la mitad del territorio nacional en 1848, pactado en el Tratado de Guadalupe y después avanzar hasta dominar Latinoamérica. Puerto Rico, Cuba y Filipinas en 1898, Panamá después, etc.
En este panorama, durante la guerra de independencia se fueron formando los dos bandos principales en pugna en México y Latinoamérica: conservadores y liberales: unos aferrados al pasado monárquico y otros empeñados en el cambio y mejora de la sociedad, la democracia y el liberalismo; unos aliados de los dueños de la riqueza, la iglesia y el ejército del pasado y otros aliados al pueblo, a una nueva Constitución y leyes.
La Nueva España vivía los extremos económicos y sociales: la miseria y la opulencia. Humboldt había pasado y estudiado la Nueva España en 1803 y 1804, dando a conocer al mundo su riqueza minera en pleno auge de 1770 a 1804, él admiró la Ciudad de los Palacios y la opulencia, pero también conoció la pobreza extrema de la nación, en la mayoría del pueblo.
Al surgir como una nación nueva, entre 1808 y 1823, los bandos se definieron y no fue raro que pasaran unos al bando contrario, salvo los más definidos, como los liberales: Benito Juárez, Zaragoza, Altamirano, Juan Álvarez, Melchor Ocampo y otros. Con los conservadores: Iturbide, Santa Anna, Lucas Alamán, Miramón, Mejía y otros. Y así comenzó la lucha por definir gobiernos absolutistas, centralistas, monárquicos o dictatoriales, con la iglesia como parte del Estado del bando conservador, con Iturbide, Santa Anna y Lucas Alamán a la cabeza. Incluso, en su impotencia, con aspiración por un México dependiente de otra nación.
O un gobierno democrático, republicano, federal, independiente y una Constitución integrada con esos aspectos básicos, que fuera no sólo una Ley de Leyes, sino también un Proyecto de Nación Libre y Soberana. La nación propuesta por los liberales más radicales y consecuentes.
Estas fueron las alternativas de nación que se confrontaron internamente de 1821 a 1854 y de éste año a 1872. Con dos intervenciones armadas extranjeras: una, la yanqui, enfrentada por los conservadores, de 1846 a 1848, que derrotó a México; y la otra, la francesa, de 1862 a 1867, enfrentada por los liberales hasta derrotarla y culminar en el Cerro de las Campanas, al fusilar al intervencionista Maximiliano y los traidores mexicanos Miramón y Mejía.
De 1810 a 1821 la nación viviría las luchas de independencia con un pueblo activo y participativo que llevará el estandarte de la Virgen de Guadalupe, más conocida por las nahuas como “Lupita-Tonanzin”; luego:
“La reacción, cuya máxima es que los motines militares sean, y no la ley, los que pongan y quiten las autoridades cuando les plazca. Por eso desde el año 28 hasta el de 37 se estuvieron removiendo los gobernadores cada año o cada seis meses, porque elevados al poder por los motines no podrían alegar un título legítimo. (…) Por eso, la reacción, consecuente con su máxima ha sostenido su Plan de Tacubaya (golpe de Estado) con tal obstinación, ha apelado al auxilio extranjero para llevar a cabo su idea de imponer su voluntad a la nación”.
– Benito Juárez.
En 1854, los liberales mejor agrupados y organizados, y convocados por el Plan de Ayutla de Juan Álvarez (1855) para derrocar la dictadura de Santa Anna, se levantan en armas e impulsan programas sociales y económicos que incluyen la separación de la Iglesia del Estado, una nueva Constitución, las Leyes de Reforma, que llevan a la guerra de tres años entre liberales y conservadores, la que ganan, por mucho, los primeros, en 1860.
En plena guerra interna entre liberales y conservadores, en 1858, Juárez, que de hecho ya era uno de los líderes liberales al encabezar la guerra y las reformas que serían la alternativa liberal y el programa de cambio representado en la Constitución de 1857, ocupa la presidencia del país y la guerra precipita la expropiación de los bienes de la iglesia y a cerrar templos y conventos. Por ello Pío IX, el papa del Vaticano, apoya la invasión francesa contra México. La batalla de Calpulalpan (22 de diciembre de 1860) propicia el triunfo liberal, sobre los conservadores en México y frena la regresión histórica conservadora.
No contentos con la derrota, los conservadores fueron a Europa a entregar la libertad e independencia de la nación al pedir al imperio de Francia que invadiera a México, a la vez que al Archiduque de los Habsburgo, Maximiliano. le piden gobernar México como monarca, pero con las armas y ejército moderno de Napoleón III, el pequeño.
Con el pretexto de una deuda de México con Inglaterra, Francia y España, llegan con tropas invasoras de los tres países al puerto de Veracruz a amenazar, pero pronto Inglaterra y España se convencen de que se trata de una deuda que no amerita la invasión y se retiran con sus tropas. Sin embargo Francia revela que no es el cobro de la deuda lo que la mueve sino su expansionismo imperialista, convertir a México en una colonia de fácil explotación.
Un solo ejemplo de lo que era Europa, en el siglo XIX: Leopoldo II rey de Bélgica, conquistó el Congo Belga de África; el rey era hermano de Carlota (la esposa de Maximiliano, de Austria). Ese rey hizo del Congo una colonia personal para explotar sus enormes riquezas naturales: caucho, diamantes, marfil y, sobre todo, la fuerza de trabajo, a la que obligaba al extremo de que al no obedecer jornadas extenuantes el castigo era amputar brazos y piernas a los negros. Se calcula que asesinó a casi 10 millones de personas. Es solo un ejemplo de aquella Europa.
En abril de 1862 inician la invasión las tropas francesas, cuyo gusto no duraría mucho tiempo, ya que al avanzar hacia Puebla se libra la batalla que significó la primera derrota del ejército extranjero, el 5 de mayo de 1862, propinada por los liberales, el pueblo e indígenas dirigidos por Ignacio Zaragoza, quien el día 3 de mayo pedía al gobierno de Juárez un refuerzo de 2000 infantes para enfrentar el 6 de mayo a los franceses. Pero logró lo imposible, sin llegar los refuerzos, con valor y convicción el día 5 venció a fuerzas superiores en armas.
Llegaron refuerzos de tropas y armas de Francia hasta completar 37 mil soldados, más los mexicanos conservadores y traidores que apoyaron a los extranjeros, lo que obligó al gobierno de Juárez abandonar la Ciudad de México. La invasión y el crimen contra los mexicanos se extendieron a casi todo el país. México sustituyó la desfavorable guerra frontal de tropas por la guerrilla popular, que rápidamente logro el apoyo de la gente de pueblos, comunidades, campo y ciudades. Una guerra de larga resistencia ante un poder armado mayor, el cual no vence a un pueblo decidido a expulsar a los invasores, como ocurrió en México, bajo la guía serena y firme de Juárez.
Cuatro años después fueron derrotados los franceses, el ejército más poderoso de su tiempo en el mundo (junto con el inglés, con el que se repartían el mundo). Contribuyó a su derrota el conflicto Alemania-Francia, que obligó a Napoleón III, el enano, a retirar tropas de México. Como ocurrió en 1940 con EU, cuando dejó de presionar a México por la expropiación petrolera, ante el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial, uno de los grandes aportes de Europa a la civilización del siglo XX.
Las tres batallas que dirigió Juárez fueron: contra los conservadores, contra la invasión francesa y por la modernización de México, en el marco de una nueva y avanzada Constitución y medidas para separar la iglesia del Estado y abrir una visión moderna de la democracia y soberanía del país, que en realidad fue una sola batalla continuada y larga: por la independencia, libertad y dignidad del pueblo y la nación.
* Abogado del Sindicato Minero y la Confederación Internacional de Trabajadores (CIT), miembro de la Asociación Nacional de Abogados Democráticos (ANAD), la Asociación Latinoamericana de Abogados Laboralistas (ALAL), y la Asociación Internacional de Juristas Democráticos (AIJD).
Foto de portada: Wikimedia Commons.
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