SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 9 de agosto de 2024
En los países donde los medios masivos de comunicación son propiedad privada, de manera general sirven a los intereses de sus propietarios. Y cuando los propietarios forman parte de la clase dominante, invariablemente tales medios defienden los intereses de esa clase. Funcionan, además, como transmisores-reproductores de la ideología dominante y combaten cualquier hecho o manifestación de ideas que vayan en contra o que no se plieguen a su visión del mundo y de la realidad.
Tal es el caso de nuestro país. Los grandes medios de comunicación constituyen una parte importante del sistema de enajenación y control que la clase dominante ejerce sobre el pueblo y durante mucho tiempo la relación gobierno-medios representó beneficios económicos y privilegios tanto para los propietarios como para quienes, sin un asomo de ética, sometieron su pluma y su palabra a los dictados y deseos de sus amos. Tal situación se dado con mayor cinismo durante los gobiernos neoliberales.
Por ello no fue sorpresa que cuando los neoliberales perdieron el control del gobierno federal, casi la totalidad de los grandes medios formaran parte de las campañas contra el gobierno surgido de la elección presidencial del 1 de julio de 2018, encabezado por Andrés Manuel López Obrador, quien comenzó a combatir la corrupción que existía por la vinculación de los grandes medios y el gobierno.
El surgimiento de las conferencias matutinas ─las mañaneras─ del Presidente respondió a la necesidad de proporcionar información veraz y oportuna al pueblo y como una forma de defensa y contrataque a la ofensiva mediática de la oligarquía contra el proyecto de nación, contrario a sus intereses, que buscaban descarrilar. Al mismo tiempo, esas mañaneras se convirtieron en un instrumento de formación política para un sector importante de la población, uno de los méritos de esa práctica informativa del Presidente.
Sin las mañaneras, los ataques al proyecto del nuevo gobierno hubieran quedado sin la respuesta adecuada y se habría dejado el camino prácticamente libre para que la derecha, con su propaganda plagada de mentiras, adquiriera mayor influencia electoral y tuviera la posibilidad de armar un fraude o una fuerte impugnación, con el apoyo del poder judicial y la injerencia extranjera, en su intención por recuperar el control del gobierno.
Dado que las relaciones y formas de propiedad de los medios no se han modificado, puede preverse que los ataques de la derecha al proceso de transformación de nuestro país continúen y aún se tornen más fuertes, con el apoyo de sus tradicionales aliados extranjeros, incluidos gobiernos. Ello en un contexto en el que Estados Unidos intenta recuperar el control hegemónico sobre territorios y riquezas de los pueblos latinoamericanos y caribeños.
Por todo ello es acertada la decisión de la futura presidenta, Claudia Sheinbaum Pardo, de continuar con esa práctica político-informativa que además de fortalecer la vinculación gobernante-pueblo, es antídoto contra el veneno mediático que esparcen quienes quieren recuperar privilegios y posiciones de poder perdidas o menguadas por el proyecto de transformación del país.
Aun cuando la votación en favor de Claudia Sheinbaum y los candidatos de la coalición de partidos que la apoyaron no dejó lugar a dudas sobre su triunfo, la cantidad y proporción de votos que obtuvo la derecha son preocupantes, ya que aunque no reflejan la realidad de la composición de la sociedad mexicana, muestran el avance ideológico que esa derecha ha logrado. Por ello las mañaneras, como instrumento de formación política, serán ahora más necesarias.
* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Foto de portada: Presidencia de la República de México.
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