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Linchar desde la ilegalidad

Diálogo Estado / Raúl Muñiz Torres / Top News / 27/05/2015

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PERSIGUIENDO SOMBRAS

Raúl Muñiz Torres

 

No pensaba escribir sobre el bochornoso episodio del presidente del Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdova Vianello, al ser pillado en una conversación telefónica privada refiriéndose de manera “jocosa” a un líder indígena.

No pensaba hacerlo pero la espuma del linchamiento mediático en contra del funcionario creció de una manera desproporcionada que bien le cabe un análisis y reflexión distinta.

No me uniré a ese linchamiento y sí, por el contrario, creo que como analista de la realidad que tiene un espacio privilegiado en un medio de comunicación, debo cuestionarme hasta dónde al ejercicio periodístico le alcanza el sentido ético para hacerse eco de una ilegalidad como lo es la grabación y difusión de una conversación privada.

Menudo dilema se le presenta al periodismo en casos como estos: vigilantes y denunciantes de la oscuridad de los sótanos del poder, defensores de la voz de quien denuncia los excesos de las cúpulas, es también el periodismo, altavoz de actos ilegales como lo es la invasión de la privacidad y la intimidad, sí, porque eso vende, atrae lectores, genera buen rating. Los periodistas se desgarran las vestiduras con la ilegalidad y la condenan, pero qué delicia si la nota es buena.

Dirán los “bienpensantes” que al final de cuentas, Córdova estaba hablando con su interlocutor de un asunto propio de sus funciones como servidor electoral y por tanto de un asunto público, pero que yo sepa, nadie está obligado a registrar públicamente todas y cada una de las llamadas que realiza a todas horas, y menos si obedecen a llamadas y conversaciones que todo mundo tiene el derecho a enmarcar en su legal intimidad.

Es entendible el sentimiento de agravio que tiene el pueblo chichimeca ante las expresiones de Córdova Vianello, pero nada de lo que sé de la personalidad del presidente del INE y de su trayectoria, lo revelan como un racista, un mal funcionario o un corrupto, lo que he leído de él, lo que he registrado y lo que le he escuchado, lo revelan más bien como un hombre de una conducta intachable.

“Mata un perro y te dirán mataperros”, reza una expresión popular: sí, las expresiones de Lorenzo Córdova fueron poco pertinentes pero si aceptásemos que el funcionario en cuestión debe ser linchado públicamente por un desliz verbal y que por ello, más aún, debe renunciar a su puesto, es aceptar de manera implícita que cualquier conversación privada en este país puede ser grabada y difundida por cualquiera. Sus conversaciones, las mías, las de sus seres queridos, serían materia y comidilla de todos los días.

Así, si todo mundo revisara sus propias conversaciones cotidianas, seguro estoy que pocos saldrían impolutos de sus palabras; pero sé también que no siempre un resbalón verbal nos define, no nos convierte en malas personas, en infames bestias merecedoras de un castigo mediático.

Por eso debe cabernos en la conciencia la pregunta de hasta dónde es válido linchar desde el lugar que un acto ilegal otorga. Insisto, quemar con leña verde a Córdova, nos hace implícitamente aceptar que nos ponemos a disposición de la ilegalidad que representa grabar y difundir una conversación privada, íntima. Mañana podemos ser nosotros. El periodismo no puede prestarse a ello. Cuidado con eso.

 

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Luis López




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