SOMOSMASS99
LA COLUMNA ROTA
Frida Guerrera*
Jueves 9 de abril de 2020
“La ceguera también es esto, vivir en un mundo donde se ha perdido la esperanza”.
– José Saramago.
El 28 de junio de 2013, Linda Esmeralda Olguín Chávez sonrío como hacía mucho su madre no la veía hacerlo. Ese día nació su bebita. Linda tenía entonces 18 años. A pesar de su corta edad, estaba feliz y plena de ser madre de ese pequeño ser. Sin embargo, para Leticia Chávez y Lindoro Olguín, padres de Linda, el nacimiento de la pequeña era un punto más de preocupación. Un año y medio antes Linda le hizo saber a Leticia que había conocido a alguien que la pretendía y que además a ella le gustaba: El cachis Juan Carlos. Para los padres de la jovencita el sujeto no era alguien al que quisieran cerca de su hija. Juan Carlos tenía 27 años, Linda 17. El sujeto no tenía buena fama en la colonia donde vivían, por lo que Leticia le hacía ver constantemente a Linda que no era el indicado para ella.
Linda nació el 16 de septiembre de 1994 en la Ciudad de México. Desde pequeña colmó el hogar de alegría, era la hermana mayor de tres. Sus padres la recuerdan siempre cariñosa; era muy apegada a su papá, disfrutaba mucho estar con él. «Todo era perfecto hasta que ese sujeto llegó a nuestra vida», recuerda Leticia. La familia vivía en Tlalnepantla de Baz, Estado de México, lugar donde fueron muy felices y, también, conocieron el interminable infierno.

Cuando nació la beba, Linda se fue a vivir con Juan Carlos. «Nosotros pensábamos que todo estaba bien; creemos que ella no nos dijo nunca nada porque estamos seguros él la tenía amenazada, tal vez con hacernos daño o a sus hermanos».
El 5 de enero de 2014, Linda llamó a su mamá: «¿Ma, puedes venir por mí, por favor? Ya no quiero está vida». Cuando Linda regresó no la reconocía de ser una niña siempre alegre, contenta con su bebita. Regresó apagada, maltratada. Su madre la llevó a cortar su cabello, la arregló y entonces le propuso irse de la Ciudad de México. «Al ver la enorme necesidad de querer salvarse, la mandamos con una de mis hermanas fuera. Yo no iba a dejar que me la maltratará más. Fue cuando nos enteramos sólo un poco de todo lo que Juan Carlos le hacía. Cuando la mandamos fuera, yo iba a verla cada semana. Le llevaba leche, pañales, todos sus gastos corrían por nuestra cuenta. Estaba salvando a mi hija y eso me daba mucha calma».
Sin embargo, la vida les tenía un golpe muy bajo que jamás esperaron. Juan Antonio, el hermano menor de Linda Esmeralda, el más pequeño de la familia, fue asesinado a balazos el 14 de febrero de 2014. «Desde ese momento me empezaron a asesinar. Mi hijo tenía 21 años, fue asaltado y le dieron de balazos, me lo arrebataron». El homicidio de Juanito obligó a Linda Esmeralda a regresar a casa, retornar cerca de donde se encontraba el hombre que la había lastimado, el padre de su hija. Juan Carlos se entera de los hechos y en ese momento se acerca a la familia. «En medio del dolor que teníamos no nos percatamos de que el cambio de este tipo tenía como fin regresar con mi niña».
Después del entierro de Juan, Linda le hace saber a su madre su intención de regresar con «Carlos» como ella le decía. Leticia le respondió tajante, pues si te gustan los madrazos, adelante. Cuando Juan Carlos acudió al domicilio paterno, Leticia firme le hizo saber. «Donde me entere que le pones una mano encima, te las vas a arreglar conmigo. El sujeto sólo bajo la mirada, me tenía miedo».
Se fueron, Linda empezó nuevamente a cambiar, ahora más drásticamente. Ee empezó a distanciar, acudía ver a su mamá muy de vez en cuando y cuando lo hacía, Juan Carlos llamaba para ver si era cierto que estaba ahí. Cuando Leticia la visitaba, ella le decía que se tenía que ir porque iba a salir. «En una ocasión me dijo: ‘¿mamá, me puedes ayudar a hacer un arroz?’. Le dije cómo hacerlo. Más tarde me la encontré en la calle, iba con él. Le pregunté cómo había quedado el arroz, ella me hizo la señal de que me callara. El sujeto la tenía muy controlada. En esos días le dije: dime, ¿qué está pasando? Mira como tiemblas. Ella sólo me dijo: ‘no pasa nada mamá'».
Conforme avanzaban los días Linda estaba cada vez peor. En una ocasión fueron al panteón a visitar a su hermano Juan. En el lugar estaban sepultados Juan y uno de sus tíos, y cuando llegaron Linda le comento a su mamá: «Quiero que mi cruz esté en medio; si un día me llega a pasar algo, quiero que sepas que tú eres la única persona a la que le dejaría a mi hija. No pasa nada, mamá, es solo un decir». Linda no dijo más.
El jueves 14 de agosto, Linda llegó a casa de sus padres. Le comentó a su mamá que iría con Juan Carlos por una herramienta, le dejó a la pequeña para que la cuidaran. «La niña temblaba, si le tocaba su brazo le dolía. La revisé y cuando fui a su casa le dije: ‘Linda, dime, ¿qué está pasando? ¿Ya viste que la niña? Tiene moretones en la espalda’. Me dijo que la niña se pegaba en la mesita de centro cuando se levantaba. La niña no sabía aún caminar».
Viernes, sábado no las ve. El domingo como a las ocho de la noche va a casa de Linda, escuchan ruido, como quejidos. Por más que tocaban la puerta nadie abría. Al acercar el oído, Leticia escuchaba quejidos. Con un desarmador desatornillan la entrada al cuarto donde vivía su hija. Entonces vieron el infierno: ahí estaba Linda toda golpeada, ya no estaba viva. «La golpeo hasta que la asesinó, la apuñaló». La beba estaba muy cerca de su mamá, también muy lastimada. Leticia recuerda que la niña ya estaba fría, la envolvió en una cobija, se la llevó en una ambulancia a la Cruz Roja. En el lugar le hicieron saber que la niña ya estaba más muerta que viva. Fue intubada y las 72 horas siguientes eran cruciales para la pequeña.
Leticia se mantuvo todo ese tiempo con la nena. «No pude despedirme de mi hija, sólo salí del hospital a enterrarla y me regresé». La pequeña estuvo en coma por más de veinte días. Los médicos le notificaron que poco a poco la iban a ir desconectando. Leticia se aterró. La niña no iba a sobrevivir. Sorprendentemente, la pequeña fue reaccionando de manera positiva hasta que medio se recuperó y fue dada de alta, viva.
Leticia y Lindoro llegaron conmigo en 2017. La carpeta se encontraba detenida, la orden de aprehensión sin nada nuevo, la pequeña con múltiples secuelas debido al traumatismo que sufrió, con la amenaza de perder la vista debido a que sus ojitos estaban muy dañados.
En 2019 logramos, luego de reunirnos con el Fiscal General del Estado de México, que se les entregara una recompensa a quienes proporcionaran datos certeros para dar con el paradero de Juan Carlos. Hasta el momento no hay registros del presunto responsable de tanto dolor y sufrimiento.
Leticia continúa luchando para que las secuelas en la pequeña no la dañen más físicamente. Afortunadamente ya fue operada de su ojo y no ha perdido la vista.
«Frida, él prometió regresar a terminar lo que quedó inconcluso. Me va a matar a mi niña».
Linda no buscó ser asesinada en ningún momento. Leticia se enteró que Linda había sido amenazada con matar a su papá. La pequeña tenía el Síndrome de Kempel (del niño maltratado), tenía quemaduras de cigarro. De todo ello Leticia se enteró después de que su niña, de entonces 21 años, fuera asesinada.
«Estamos vivos por la niña, nos asesinaron cuando nos arrebataron a dos de nuestros hijos. Seguimos esperando justicia, por Linda».
Desde Voces de la Ausencia y FridaGuerrera hacemos un llamado de empatía y apoyo, solicitamos por favor compartir la información sobre Juan Carlos Pérez García, por quien la Fiscalía General de Justicia del Estado de México ofrece una recompensa de 300 mil pesos a quien proporcione datos para lograr su captura. Nosotros nos mantenemos buscando a Juan Carlos porque sabemos que todos caen y este individuo pronto caerá.

¿Eres madre, padre, hermana, hermano, hija, hijo, de una mujer víctima de feminicidio o desaparición? ¿Eres sobreviviente de una relación violenta o intento de feminicidio? Búscanos, ayúdanos a visibilizarlas y a contar sus historias: Voces de la Ausencia.
* Comunicadora libre, bloguera mexicana.
Facebook: FridaGuerrera Guerrera
Voces de la Ausencia, FridaGuerrera Villalvazo
Las fotos de portada e interiores se publican con autorización de la familia.
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