SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 9 de diciembre de 2016
Ante las bravatas y amenazas del presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump, el grupo en el poder, temeroso ante la posibilidad de ver reducidas sus ganancias, apela a la unidad nacional y en boca de su sirviente de más alto rango declaró el pasado 1 de diciembre: ”Los dos años que siguen implicarán retos considerables. Uno de ellos será establecer una relación constructiva con el nuevo gobierno de Estados Unidos de América, nuestro vecino geográfico y principal socio comercial. La respuesta fundamental a ese y todos nuestros retos es y será la unidad” (La Jornada, 2 de diciembre de 2016, p. 4).
Por otro lado, un sirviente de segundo orden, el secretario de Trabajo, le hace segunda y refuerza ese llamado diciendo que se requiere que los sectores obrero y empresarial, así como el gobierno, cierren filas para defender el empleo, las inversiones y la economía; además, que dichos sectores tendrán que planear el futuro inmediato para tener capacidad de respuesta frente a lo que ocurra a partir del año próximo en el país vecino (La Jornada 6 de diciembre de 2016, p. 10).
Les preocupa que en su sociedad comercial disminuyan las migajas que muchos de ese grupo reciben a cambio de su subordinación a los intereses de los grandes capitales, sin reparar que fueron ellos, por ese sometimiento y su condición de clase dominante-dominada, quienes en mayor medida han contribuido a la enorme y peligrosa dependencia que en todos los órdenes tiene nuestro país del capital extranjero.
Ahora, nuevamente, llaman a la unidad de empresarios, trabajadores y gobierno para salvar al país, cuando todos sabemos que son los [grandes] empresarios quienes ponen a los que gobiernan y hacen las leyes que tienen a los trabajadores y al pueblo en condiciones que en lugar de mejorar, con el tiempo se deterioran cada vez más.
Tanto les preocupa el país y el pueblo que el dirigente nacional del Consejo Coordinador Empresarial pidió al gobierno “poner en práctica políticas públicas emergentes para enfrentar la desaceleración del crecimiento económico del país en 2017, y entre éstas programar con cuidado el aumento a los salarios…” (La Jornada, 6 de diciembre de 2016, México SA). Y llaman a los trabajadores a la unidad para apoyar la continuación del deterioro de sus condiciones de vida.
Y no es la primera vez que se hace un llamado a la unidad nacional para defender intereses de solamente un sector de todos los convocados. Desde la década de los cuarenta del pasado siglo, cuando mediante el control y subordinación del sindicalismo al gobierno (y al grupo en el poder), con diferentes denominaciones y arengas demagógicas se ha dado esa “unidad”, unidad en la que la voluntad de los trabajadores ha sido siempre la manifestada por líderes que nunca han respondido a los intereses de sus “representados”.
Y quienes han impuesto la política neoliberal que con sus “reformas estructurales” han despojado a la nación de su patrimonio y elaborado las leyes que tienen a los trabajadores y a todo el pueblo en las condiciones actuales, piden, descaradamente, que nos unamos a ellos para defender nuevamente sus intereses.
No es Donald Trump la principal amenaza ni peligro. La mayor amenaza y peligro para México es y ha sido esa clase dominante-dominada y su sector hegemónico, la oligarquía mexicana, que ha sido históricamente incapaz de encauzar el desarrollo del país por una vía independiente y soberana. En cambio, han propiciado la entrega y la subordinación del país al gran capital, con resultados que solamente ellos ponderan de manera autocomplaciente.
Y es que la unidad no se da por decreto ni de arriba hacia abajo. Se da conscientemente, por coincidencia de objetivos y entre iguales. De otro modo, una unidad de contrarios, dialéctica como de hecho existe, genera solamente contradicciones; que para el caso de nuestro país siempre han dominado los intereses de la clase dominante.
Sin embargo, no siempre tiene que ser de esa manera.
Para revertir la situación actual no existen recetas. No obstante, hay algunas cuestiones fundamentales cuya omisión crea en ocasiones obstáculos insalvables; serían, entre otras: conciencia plena de la necesidad de un cambio y que solamente es posible con la participación del pueblo; identificación del enemigo principal y su materialización en la vida diaria; organización y un programa con el que se identifique la mayoría del pueblo y lo haga suyo; y una firma confianza y decisión en luchar y vencer. Porque la causa es justa.
* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular y del Observatorio Biosfera de Salamanca, Guanajuato.
Foto de portada: Presidencia / Cuartoscuro.
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