Breaking

Llegada y derrota de Pánfilo de Narváez

Diálogo País / Top News / 13/05/2020

SOMOSMASS99

 

Esther Sanginés García*

Miércoles 13 de mayo de 2020

 

El amo y señor absoluto de Cuba, Diego de Velázquez fue herido en su orgullo; al sentirse burlado, movió su influencia y fortuna para vengarse del traidor que le robó la gloria, buscó a alguien que hubiera participado en las conquistas de Cuba y Jamaica, un hombre ambicioso y leal, que quisiera para el gobernador y para sí mismo el rico territorio de lo que ya empezaban a llamar la Nueva España; le costó trabajo encontrarlo, los europeos de Cuba no querían enfrentarse a Hernán Cortés, cuya leyenda se seguía difundiendo, pues su primera Carta de Relación escrita el 6 de julio de 1519 llevaba circulando siete meses, se leía y comentaba en la Corte, en las universidades; los regalos que seguía enviando al Rey de España, entre ellos un gran sol de oro muy fino, primorosamente labrado, tan grande como una rueda de carreta, una luna de plata aún mayor, engrandecían su aura luminosa. 

La legitimidad de Cortés había dejado de discutirse, pues si su salida de Cuba fue irregular, al ser electo por el ayuntamiento de la Villa Rica de la Veracruz, pasó a depender directamente de la Corona Española. Su empresa se hizo legal, según las leyes que regían en España (que la humanidad, pues se habían apoderado de lo que no era suyo). Diego Velázquez logró convencer a Pánfilo de Narváez, un rico colono ávido de gloria, “famoso por sus inhumanos atropellos, entre los que se destaca la famosa ‘matanza de Caonao[…] Durante el evento, él y sus hombres masacraron a cientos de indígenas que se habían acercado con alimentos a recibirlos”[1] y lo nombró capitán de una expedición que casi doblaba la de Cortés: 18 o 19 naves, según la fuente, 900, 1000 o 1400 hombres de armas[2], ochenta caballos, noventa ballestas, setenta escopetas y alrededor de 20 piezas de artillería[3], más los pilotos, los maestros, los marineros, los isleños de Cuba, los negros para carga y servicio, las esclavas y en menor número las mujeres europeas que venían como esposas a poblar esta tierra o como prostitutas.

En la Audiencia de Santo Domingo que representaba al poder real en esta nueva tierra, no autorizaron la expedición, cuando se dieron cuenta de que el gobernador se empeñaba en realizarla contra todo y contra todos. Comisionaron con amplios poderes e instrucciones al oidor Lucas Vázquez de Ayllón para persuadir a Velázquez de renunciar a su proyecto; Velázquez no escuchó, quería venganza. Como el oidor no pudo convencerlo, decidió embarcarse con Narváez, quien partió tras Cortés el 5 de marzo de 1520.

Y vino Narváez siguiendo las rutas abiertas por Hernández de Córdoba y Grijalva, apareció con su flota frente a San Juan de Ulúa, allí se le unieron tres soldados que Cortés había comisionado para buscar las minas del sur: Cervantes el Chocarrero, Escalona y Alonso Hernández Carretero; se quejaban del mal trato de Cortés, Cervantes incluso le decía “!Oh, Narvaez, Narvaez, que bienaventurado que eres e a que tiempo has venido! Que tiene ese traidor de Cortes allegado mas de setecientos mil pesos de oro, y todos los soldados están muy mal con el porque les ha tomado mucha parte de lo que les cabia del oro de parte, e no lo quieren rescibir lo que les da»[4], le comunicaron que a ocho leguas de allí estaba la Villa Rica de la Veracruz, cuyo capitán era Gonzalo de Sandoval, que comandaba 70 soldados viejos y enfermos.

Narváez convencido de su superioridad numérica y logística, se presentó con el cacique gordo de Cempoala y con el Señor de Quiahuiztlan “como el nuevo amo de México”. Los señores dudaron, ¿sería verdad? Ante la duda y lo impresionante de la armada, en Cempoala fue bien recibido y alojado.

La flota enviada por Diego de Velázquez llegó en un tiempo en que Cortés y sus huestes estaban teniendo fuertes problemas en Tenochtitlan, con un golpe de mano habían apresado a Moctezuma y condenado a morir en la hoguera al valiente Cuauhpopoca, su hijo y otros 15 nobles guerreros, crimen que exasperó a los mexica y sus aliados.

Aunque preso, Moctezuma, que seguía siendo el Tlatoani más poderoso de Mesoamérica, se enteró de la llegada de Narváez el mismo día del desembarco, sus espías y relevos le avisaron que había arribado una gran armada; ni tardo ni perezoso, envió emisarios para negociar en secreto con los recién llegados. Pronto se establecieron pláticas entre ellos. Entre los intérpretes estuvieron los soldados Cervantes Escalona y Carretero que habían aprendido la lengua Nahua. Moctezuma trató de ganarse la amistad de Narváez, informándole sobre los movimientos de Cortés, ordenando a los pueblos que aún le estaban sujetos que trataran bien a los recién llegados, los alojaran, les dieran de comer y les regalaran oro y mantas. Narváez, por su parte, acusó a Cortés y a sus hombres de traidores. Le comunicó a Moctezuma que tenía la misión de apresarlos, pues eran ladrones que venían huyendo de Castilla, sin licencia de su rey y señor, quien se había enterado de la prisión de Moctezuma y lo había enviado a liberarlo. “Narváez llegó a proponer al Tlatoani que ellos se limitarían a poblar, devolverían a los aztecas todo lo robado y le liberarían… cada uno vio en el otro la posibilidad de desembarazarse de Hernán Cortés”[5]. Al tercer día Cortés se dio cuenta que Moctezuma estaba muy contento, sospechó que algo pasaba y lo visito otras dos veces. Moctezuma temiendo que Cortés supiera de los navíos le comunicó:

Senor Malinche, agora en este punto me han llegado mensajeros de como en el puerto adonde desembarcastes han venido diez y ocho e mas navios, y mucha gente y caballos, e todo nos lo traen pintado en unas mantas. Y me visitastes hoy dos veces, crei que me veniades a dar nuevas dellos; ansi que no habras menester hacer navios. Y porque no me lo deciades, por una parte tenia enojo de vos, tenermelo encubierto, y por otra, me holgaba, porque vienen vuestros hermanos para que todos os vais a Castilla e no haya mas palabras[6].

Al ver Cortés las mantas pintadas disimuló su sorpresa “y le dijo que seguramente venían a ayudarle. Era un auténtico festival para ver quién mentía más”. Aunque fingió ante Moctezuma, supuso que aquella armada la enviaba Diego Velázquez contra él y sus soldados, convocó a su gente, les hizo grandes dádivas de oro, les ofreció hacerlos ricos.

Mientras eso sucedía en Tenochtitlan, Narváez envió a Gonzalo de Sandoval una embajada con un clérigo de apellido Guevara, un señor Amaya pariente de Diego Velázquez, un escribano y tres testigos; Sandoval, en cuanto se enteró de la llegada de la flota, sospechó que se trataba de soldados de Velázquez, así que trasladó a los enfermos a un pueblo de indios y se quedó con los soldados sanos, los convocó a defender la Villa. Cuando sus espías le indicaron que se acercaban 6 españoles con indios de Cuba, mandó hacer una horca en un cerro; y aguardó en su casa, sin salir a recibirlos, ordenando que ningún soldado les hablase. Los embajadores asombrados por no encontrar a nadie, entraron en la Iglesia a hacer oración y se dirigieron a la casa más grande, que era la de Sandoval. Guevara le comunicó que venía de parte de Diego Velázquez, acusaba a Cortés y sus hombres, por tanto, también a él, de traidores y le notificaba que debía jurar obediencia al capitán Pánfilo de Narváez. Sandoval indignado, le contestó que ellos eran mejores servidores de su majestad, que por ser clérigo no lo ahorcaba. Guevara pidió al escribano que sacara las provisiones y las leyera, Sandoval se opuso, pidiéndole mostrara el título de escribano del rey. La conversación subió de tono y Sandoval decidió mandarlos presos a México. “En hamaquillas de redes como animales pecadores, los arrebataron muchos indios de los que trabajaban en la fortaleza, que los llevaron a cuestas”, en cuatro días llegaron a Tenochtitlan, sorprendidos por todo lo que veían por el camino y el respeto de los indígenas. 

Al tiempo que los envió presos, Sandoval mando un mensaje a Cortés con rápidos relevos, para informarle sobre el arribo de la armada, su capitán y sus pretensiones. Cortés al enterarse, en su doble juego, mandó a una comisión con caballos para recibir al clérigo y sus acompañantes, lamentando el “desacato de Sandoval”, los llevó con honores a Tenochtitlan. Al ver la ciudad, los emisarios de Narváez se maravillaron de su hermosura y riqueza; al cabo de dos días de descanso, Cortés habló con ellos y “les untó las manos” con joyas y oro, tratando de obtener la mayor información posible de los prisioneros, quienes a la vista del oro y la paz reinante respaldaron a Cortés, comunicándole el apoyo que recibía Narváez de la gente de Cempoala, y del descontento que había entre sus capitanes.

Con esa valiosa información, empezó el espionaje. Como parte de su táctica, Gonzalo de Sandoval mandó a dos de sus hombres disfrazados de indios, “puestos masteles e mantas como indios propios, al real de Narváez; e como eran morenos de suyo, dijo que no parescían españoles, sino proprio indios, e cada uno llevó una carguilla de ciruelas a cuestas, que en aquella sazón era tiempo de ellas a vender…”[7] con indios aliados para que le procuraran la lista de los 1000 o 1400 hombres de armas que habían venido con Narváez, además de la información se robaron tres caballos.

Bien informado de cuántos y quiénes venían en la armada, pensó que podía llevar adelante un especie de “pacto político secreto […] con los oficiales y combatientes [que llegaron con Narváez] […] Conocía personalmente a casi todos los miembros de la armada, por lo que les hizo llegar, por vías muy discretas, cartas donde les propuso que se unieran a sus tropas. Sacó a relucir su propia legitimidad, conseguida por su presencia en México-Tenochtitlan y, por supuesto, los grandes beneficios ulteriores”[8], muchos le debían algún favor de cuando era escribano, o alcalde en Cuba. Cortés convocó a sus capitanes; entre todos decidieron, además de las cartas a los capitanes, mandar una carta amistosa a Narváez para que llegara a él antes que el clérigo Guevara, “en ella le pedían enviase, para obedecerlas, sus provisiones reales, sabían por el mismo Guevara, que no las tenía”[9]. Le pedían también que no alborotase a los indios para que no vieran divisiones entre ellos.

El comisionado para hacer llegar las cartas fue Fray Bartolomé de Olmedo, quien además llevaba el mandato de buscar a los viejos amigos de Cortés, a ellos había que entregarles, además de las misivas, tejuelos y cadenas de oro “porque dádivas quebrantan penas”, invitarles a unirse, a evitar que soltaran a Moctezuma y a impedir que la ciudad se levantara; también escribió al oidor, con las cartas envió oro y joyas[10].

Cuando Narváez recibió la primera carta de Cortés, se burló del contenido, poco después llegó el clérigo Guevara, le informó lo que había visto, las grandes ciudades y el poder de Cortés, solicitó a Narváez que dejara a Cortés en paz y fuera a otras provincias, pues había tierra para todos, Narváez no quiso escucharlo, pero sus capitanes, al verlos regresar, ricos y contentos dudaban. En esas condiciones llegó Fray Bartolomé de Olmedo con los tejuelos y la carta que Cortés le dio, solicitando a Narváez una entrevista en Veracruz; pero no quiso escucharlo, y en una agria discusión se hicieron de palabras; como Narváez se negó a recibir nuevamente a fray Bartolomé, éste, conocedor de la condición humana, se dedicó a convencer con regalos valiosos a los diferentes capitanes para atraerlos al bando de Cortés.

El oidor Lucas Vázquez de Ayllón, intentó favorecer a Cortés, tanto por los informes de Guevara como porque así se lo había mandado la audiencia de Santo Domingo y los padres jerónimos que gobernaban las Antillas; Narváez apresó al oidor del rey, a sus criados y escribano y los mandó de regreso a Cuba. El oidor habló con el capitán y pilotos del navío, los convenció de que en lugar de llevarlo a Cuba lo llevasen a Santo Domingo, tras desembarcar puso al corriente a la Audiencia, que mandó cartas a Castilla por el gran desacato al representante del rey.

El descontento entre las filas de Narváez fue creciendo, los capitanes que vieron los presentes de Moctezuma se molestaron porque Narváez se guardó todo para sí mismo, mientras el padre de la merced, distribuía las cartas y regalos entre ellos. Algunos capitanes huyeron de los arenales donde estaban para unirse a Gonzalo de Sandoval, al que advirtieron que traían órdenes de capturarlo. Por parte de Cortés, además de fray Bartolomé de Olmedo, fue Bartolomé de Usagre, cuyo hermano era el encargado de la artillería en la armada de Narváez, con cartas para la nueva armada.

Cortés continuó una serie de carteos con Narváez, reafirmando que su conquista era legal, pues se habían leído los requerimientos en cada pueblo, le pedía que se uniera a él. Narváez, por supuesto, se negaba. Los mensajeros iban y venían. Los emisarios no lograron apaciguar los ánimos. Cortés diariamente tenía cartas y avisos, tanto de Sandoval para informarle, como de Narváez para requerirlo.

Cinco capitanes parientes del oidor se pasaron al bando de Cortés, convencidos de que si Narváez no había tenido respeto de un oidor real mucho menos de ellos que eran sus deudos, a través de ellos se enteraron de lo que pasaba entre los capitanes y soldados. 

Al confirmar Cortés que el cacique Gordo de Cempoala se había aliado a Narváez, decidió salir de Tenochtitlan, el cuatro de mayo de 1520, para enfrentar a su enemigo. Dejando a Pedro de Alvarado con 80 españoles y un contingente de tlaxcaltecas al frente de las tropas que se quedaban en la ciudad. Según Bernal, Cortés tomó el parecer de sus soldados y entre todos decidieron combatir a Narváez y que Pedro de Alvarado se quedara en México, con la orden de no dejar escapar a Moctezuma. Así describió Cortés la situación:

Me llegó un mensajero de los que estaban en la villa de la Veracruz, por el cual me hacían saber que toda la gente de los naturales de la tierra estaban levantados y hechos con el dicho Narváez, en especial los de la ciudad de Cempoal y su partido; y que ninguno dellos quería venir a servir a la dicha villa, así en la fortaleza como en las otras cosas en que solían servir; porque decían que Narváez les había dicho que yo era malo, y que me venía a prender a mí y a todos los de mi compañía, y llevarnos presos y dejar la tierra… E como yo ví el gran daño que se comenzaba a revolver, y cómo la tierra se levantaba a causa del dicho Narváez, parecióme que con ir yo donde él estaba se apaciguaría mucho, porque viéndome los indios presente, no se osarían a levantar[11].

El capitán general que salió sólo con 70 hombres, en el camino fue reuniendo fuerzas. Antes de llegar a Cholula, encontró a su emisario, el fraile Bartolomé de Olmedo, quien traía una carta de intimación de Narváez para que fuera a Cempoala. En Quecholac (Puebla) se le presentaron a Cortés el escribano Alonso de Mota con Bernardino de Quesada y dos testigos, “le notificaron las órdenes de Narváez; cuando las comenzaban a leer, Cortés los interrumpió y les pidió el título de escribano del rey, y como no lo llevaban, los mandó apresar y los envió amarrados como fardos a México-Tenochtitlan. Al llegar a Ahuilitzápan (Orizaba), el escribano Pero Hernández y Rodrigo Álvarez Chico en nombre de Cortés requirieron de obediencia a Narváez”[12].

Cortés recibió un refuerzo de 120 hombres comandados por Velázquez de León en Cholula, después en Tlaxcala se incorporaron unos 5000 guerreros, continuó su camino por Orizaba, siguió por veredas para no encontrarse con los hombres de Narváez, hasta llegar a Cuauhtochco (Huatusco), Cortés pretendía acercarse lo más posible a Cempoala donde estaba Narváez y en el camino ir otorgando dádivas para ganar adeptos. Desde Tampanequita, acordaron entre todos mandar nuevamente a Fray Bartolomé de Oviedo, para que llevara una nueva carta a Narváez donde le pedían las previsiones reales originales para ver la firma del rey y si fuera así obedecerlo; en caso contrario lo hacía responsable de las muertes y desórdenes que ocurriesen y como Capitán General y Justicia Mayor de la Nueva España lo emplazaba para juzgarlo, sobre todo por el delito de haber hecho prisionero al oidor real. Al fraile mercedario le pidieron se hiciera pasar por fiel servidor de Narváez, mientras Bartolomé de Usagre y el fraile hablaban para convencerlos de estar con Cortés. El fraile insinuó a Narváez que muchos de los soldados de Cortés querían entregarse; mientras, secretamente repartía oro y cartas con las que ganaba más partidarios a favor de Cortés, quien seguía engrosando sus filas. 

Ya en Veracruz se le unió Gonzalo de Sandoval con 60 soldados:

E otro día llegó el capitán Sandoval con los soldados que tenía, que serían hasta sesenta […] e también vinieron con él los cinco soldados parientes e amigos del licenciado Lucas Vázquez de Ayllón, que se habían venido huyendo del real de Narváez y vinieron a besar las manos de Cortés, a los cuales con mucha alegría recibió muy bien[13].

Con un ejército considerable acamparon al margen del Río Chachalacas, a un par de kilómetros de Cempoala, mientras se aproximaba fingía que el acercamiento se debía a la necesidad de entablar negociaciones; con los sobornos de Fray Bartolomé de Olmedo, la mayor parte del ejército de Narváez se incorporó a las filas de Cortés. Narváez se enteró que Cortés se acercaba, por supuesto que no se creyó que lo hiciera en son de paz y diálogo, así que se pertrechó en la pirámide de Cempoala, de aproximadamente 10 metros de altura, para tener una mejor vista y posición, ordenó sus fuerzas y esperó la llegada de Cortés.

Una tormenta tropical se desató el 27 de mayo de 1520, Narváez que había sido informado de la cercanía de Cortés, decidió esperarlo bajo el aguacero, pero como Cortés no daba señales de vida, dejó dos centinelas en el río. Se guareció en la pirámide más elevada junto con varios arcabuceros y ballesteros, preparó sus fuerzas y se retiró a descansar, al tiempo que se desataba el aguacero.

Cortés y sus aliados se acercaron sigilosamente a las pirámides y templos donde se refugiaba el enemigo, sin intentar protegerse de la intensa lluvia. Con santo y seña muy católicos decidieron identificarse en la lucha: “Y luego secretamente nos nombraron el apellido que habiamos de tener estando batallando, que era ‘¡Espiritu Santo, Espiritu Santo!’, y los de Narváez tenian su apellido y voz: ‘¡Santa Maria, Santa Maria!’»[14]. 

El padre Olmedo había logrado convencer o sobornar a muchos artilleros para que no dispararan a las tropas, lo que les dio una gran ventaja; con la complicidad de los artilleros, tomaron los 16 cañones, al llegar a la cima de las tres pirámides, la lucha con los pocos que resistían duró algunos minutos; Gonzalo de Sandoval se encargó del ataque final, logró llegar a lo alto de la gran pirámide, prendió fuego al lugar y capturó a Narváez. En la batalla Narváez lucho con gran valor, recibió varias heridas, perdió un ojo, maltrecho y prisionero fue llevado a Veracruz donde permaneció dos años en cautiverio. Al enterarse en el campo de batalla que Narváez había sido hecho prisionero, la poca resistencia finalizó. “La batalla había terminado, los hombres de Narváez depusieron las armas y juraron fidelidad a Cortés…”[15]. Con ello el número de europeos en las huestes de Cortés se triplicó, los caballos, armas y bastimento, también.

Y luego se fue, y manda dar otros pregones que, so pena de muerte, que todos los de Narvaez luego en aquel punto se vengan a someter debajo de la bandera de Su Majestad, y en su real nombre, Hernando Cortes, su capitan general y justicia mayor, e que ninguno trajese ningunas armas, sino que todos las diesen y entregasen a nuestros alguaciles. Y todo esto era de noche, que no amanescia, y aun llovia de rato en rato. Y entonces salia la luna, que cuando allí llegamos hacia muy escuro y llovia, y tambien la escuridad ayudo, que como hacia tan escuro, habia muchos cucuyos, que ansi los llaman en Cuba, que relumbran de noche, e los de Narvaez creyeron que eran mechas de escopetas.

…Ya le teniamos echado dos pares de grillos y le llevamos a un aposento, y puestos soldados que le habiamos de guardar[16].

Sobre la derrota, la humillación, los caciques chinantecos acompañados del soldado Barrientos llegaron con gran alboroto, gritos y silbidos, vociferando: “¡Viva el rey! ¡Viva el rey nuestro senor y Hernando Cortes en su real nombre!”

Una vez vencido Pánfilo de Narváez, Cortés ordenó que fueran con los pilotos de las naves, sacasen las velas, los timones y agujas a todos los navíos para evitar que alguno volviese a Cuba y puso por almirante y capitán de la mar a Pedro Caballero, a quien primero dio tejuelos de oro. Lograda la victoria, Cortés comisionó a Juan Velázquez de León para la exploración y conquista de Pánuco con ciento veinte soldados: cien de Narváez y veinte de los suyos, dos navíos para que entraran por el río y descubrieran la costa; a Diego de Ordaz lo nombró capitán de otros 120 soldados para poblar Coatzacoalcos, también con dos navíos para traer desde Jamaica ganado caballar, sobre todo yeguas, becerros, puercos, ovejas, cabras, gallinas de Castilla.

Envió también un mensajero a Pedro de Alvarado para informarle su triunfo; el mensajero regresó poco después, llevando una carta en la que Alvarado le informaba que los mexicas se habían levantado en armas y que mantenían un asedio sobre el palacio en el que había quedado su contingente. Al mismo tiempo, dos emisarios tlaxcaltecas llegaron hasta él para darle la noticia de que los mexicas se habían rebelado contra los europeos, Pedro de Alvarado y sus hombres estaban sitiados y pedían ayuda.

Termina Bernal este episodio diciendo:

…como la adversa fortuna vuelve de presto su rueda, que a grandes bonanzas y placeres da tristeza. Y es que en este instante vienen nuevas que Mexico esta alzado y que Pedro de Alvarado esta cercado en su fortaleza y aposento y que le ponian fuego por dos partes en la misma fortaleza, y que le han muerto siete soldados y que estaban otros muchos heridos, y enviaba a demandar socorro con mucha instancia y priesa. Y esta nueva trajeron dos tascaltecas sin carta ninguna, y luego vino una carta con otros tascaltecas que envio el Pedro de Alvarado, en que decia lo mismo. Y desque aquella tan mala nueva oimos, sabe Dios cuanto nos peso, y a grandes jornadas comenzamos a marchar para Mexico[17].

Sin motivo aparente Pedro de Alvarado ordenó la matanza de nobles, sacerdotes y pueblo mexica que celebraban la fiesta de Toxcatl…

Pero eso es otra historia.

Con Narváez venía un negro “lleno de viruela”… pero eso también es otra historia.


Notas: 

[1] Ver Ecured, Pánfilo de Narváez, www.ecured.cu/P%C3%A1nfilo_de_Narv%C3%A1ez. Puede verse también: Bartolomé de las Casas, Brevísima relación de la destrucción de las Indias, Ediciones Orbis, Barcelona, 1986, pp. 59-65.

[2] Dice Bernal Díaz: “El Diego Velazquez con aquel gran favor hizo una armada de diez e nueve navios y con mil y cuatrocientos soldados, en que traian sobre veinte tiros y mucha polvora y todo genero de aparejos de piedras y pelotas y dos artilleros (que el capitan de la artillería se decia Rodrigo Martin), y traia ochenta de caballo y noventa ballesteros y setenta escopeteros”. Bernal Díaz del Castillo, Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España, capítulo CIX, edición de Guillermo Seres, en su versión electrónica, anoto capítulos en lugar de páginas para que puedan consultarse de manera fácil y rápida. www.rae.es/sites/default/files/Aparato_de_variantes_Historia_verdadera_de_la_conquista_de_la_Nueva_Espana.pdf

[3] Christian Duverger, Vida de Hernán Cortés, La espada, Taurus.

[4] Bernal Díaz, Op Cit, capítulo CX

[5] Martín Acosta Emelina, Pánfilo de Narváez, Real Academia de la Historia, dbe.rah.es/biografias/6784/panfilo-de-narvaez

[6] Bernal Díaz del Castillo, Op Cit, capítulo CX

[7] Bernal Díaz del Castillo, Op Cit, capítulo CXV

[8] Christian Duverger, Op Cit, capítulo 13.

[9] Idem

[10] Idem

[11] Hernán Cortés, Segunda Carta de Relación, 30 de octubre de 1520

[12] Doralicia Carmona, Hernán Cortés derrota a Pánfilo de Narváez. 29 de mayo de 1520, Memoria Política de México. www.memoriapoliticademexico.org/Efemerides/5/29051520.html

[13] Bernal Díaz del Castillo, Op Cit, capítulo CXV

[14] Bernal Díaz del Castillo, Op Cit, capítulo CXXII

[15] Xavier López Medellín, La intervención de Pánfilo de Narváez, www.motecuhzoma.de/intervencion.html

[16] Bernal Díaz del Castillo, Op Cit, capítulo CXXII

[17] Bernal Díaz del Castillo, Op Cit, capítulo CXXIV.


* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece la autora.

Imagen de portada: Pánfilo de Narváez / Biografías de la conquista de México.






Luis López




Entrada Anterior

Honduras: “Nunca dejaremos de luchar por Rommel”

Siguiente Entrada

Con la cruz de tu ausencia





0 Comentario


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Más Historia

Honduras: “Nunca dejaremos de luchar por Rommel”

SOMOSMASS99   Giorgio Trucchi / Pressenza Honduras / Miércoles 13 de mayo de 2020   Situación...

13/05/2020