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¿Lo mejor que te puede pasar es tener un hijo?

Diálogo Estado / Gaudencio Rodríguez Juárez / Top News / 16/03/2017

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©Gaudencio Rodríguez Juárez

Jueves 16 de marzo de 2017

 

Históricamente a la mujer se le ha dado el encargo de la reproducción como un destino y no como una elección. De ahí que la maternidad como un una opción predeterminada se convierta en una carga para muchas mujeres que ni siquiera están seguras de desearlo.

La consigna se ha llevado al extremo de hacerles pensar y sentir que su identidad sólo se consolida cuando tienen un hijo. Este tipo de sentencias son transmitidas de múltiples maneras, aun a través de las ciencias médicas y psicológicas.

Expresiones del tipo, “tener un hijo es lo mejor que le puede pasar a TODA mujer” son los móviles cotidianos a través de los cuales se transmite la expectativa de lo que una mujer debe ser: madre, y para ello se presenta a la maternidad como algo apetecible cuando la realidad es que existen sinnúmero de casos donde tal afirmación no aplica a TODAS las mujeres, sobre todo en aquellos donde el embarazo fue impuesto, o no deseado; o cuando no existen las condiciones para la crianza. Más preciso sería decir que la maternidad es de lo mejor que les pasa a muchas mujeres, pero no a todas.

No obstante, las mentalidades femeninas están cambiando, sobre todo en el último siglo en el cual el feminismo ha puesto en entredicho las ideologías y creencias que devienen en desigualdad. Hoy existe un sector femenino capaz de detectar los mensajes que se tornan mandatos que presionan su voluntad.

Veamos. Afirmar que tener un hijo es lo mejor que le puede pasar a toda mujer es pretender “que todas las mujeres somos iguales”, dice la psicóloga Suli Espinosa, y que desean lo mismo, agrego yo. En realidad cada mujer es única y desea de manera original (cuando tiene la capacidad, condiciones y posibilidades de ejercer dicha capacidad deseante) y cada vez son más las que optan por derroteros de trascendencia diferentes al de la maternidad, por ejemplo, a través de la ciencia, la política, la academia, la economía, la literatura, el activismo y un largo etcétera.

La abogada y psicóloga Lilia Martínez advierte que, además, este tipo de mandatos frustra cuando hay dificultades biológicas para tener hijos/hijas, atrapa a quienes no los desean y mete en conflicto a quienes por momentos no se sienten tan satisfechas ni plenas a pesar de tenerlos.

“La maternidad no es mi prioridad”, “No quiero tener hijos, porque aprecio mucho tener una elección, porque deseo ardientemente la autonomía, porque quiero desesperadamente mi humanidad plena…”, son expresiones que pueden enunciar con más libertad muchas mujeres de este siglo 21 (aunque genere comezón en otras personas).

Aquello del instinto maternal, concepto utilizado como instrumento para delegar en ellas la crianza de los hijos, comienza a caerse. Muchas mujeres de hoy saben que “el vínculo madre-hijo no se crea por instinto sino que se construye, construcción condicionada (no determinada) por las condiciones en que se generó primeramente el embarazo, y de ahí todo el camino hasta el nacimiento y lo que viene después en la relación”, tal y como lo explica la psicóloga Mónica Monje.

La periodista Jessica Valenti advierte en su libro “¿Por qué tener hijos?” que, escepticismo público o aceptación aparte, las mujeres que eligen no tener hijos no son un fenómeno pasajero, y posicionar la maternidad como la opción predeterminada en lugar de como un proceso reflexivo de toma de decisiones no sólo es corto de miras sino pernicioso.

Tener hijos o no tenerlos es (o debería ser) pues, una decisión personalísima y no una imposición; una consecuencia del deseo, no de la necesidad (de quedar bien con los demás, de evitar la soledad, de encontrarle un sentido a la vida…); resultado de un proceso de reflexión y no de un impulso; un acto de libertad.

No sólo se puede trascender teniendo un hijo, también sembrando un árbol, escribiendo un libro, ayudando al prójimo, investigando y creando lo que abone a la humanidad… Existen muchas maneras, y cada persona debe descubrir la suya, ¿no crees? Después de todo, ¿para qué traer al mundo niños y niñas cuando lo que se desea es otra cosa, o cuando ni siquiera se sabe lo que se desea?

Psicólogo / [email protected]

Foto de portada: Pixabay.






Luis López




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