SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 19 de febrero de 2021
¡Vaya que la oligarquía es descarada y caradura!
Desde que existe como grupo social hegemónico siempre, ellos y su séquito de servidores, han vivido de la explotación del trabajo y esfuerzo de quienes para su cotidiano sustento deben vender su fuerza de trabajo, y de la irracional explotación de la naturaleza.
Con los avances de la tecnología y la organización del trabajo esa doble explotación, del hombre y de la naturaleza, fue tomando dimensiones cada vez mayores hasta que con la implantación del neoliberalismo, la forma en que el sistema capitalista enfrenta la crisis estructural que padece desde finales de la década de los sesenta del siglo pasado, adquirió niveles que han agudizado y ampliado la pobreza y la miseria, la desigualdad, la inequidad, la violencia, el saqueo a las naciones de todo tipo de recursos, etcétera, al grado que la explotación y el sistema son ética, económica, social y ambientalmente insostenibles.
En México, sobre todo en el período de gobiernos neoliberales (1982-2018), el poder económico y político de la oligarquía se fortaleció enormemente, al grado que sintiéndose dueños del país realizaron el más grande despojo de recursos de todo tipo y, dándoles un carácter claramente regresivo, modificaron leyes para legalizar y legitimar sus fechorías.
Como los gobierno estaban plenamente al servicio de la clase dominante y, sobre todo, de su sector hegemónico, hicieron y deshicieron cuanto les fue posible para mantenerlos contentos, al grado de provocar una rebelión electoral que les costó la presidencia de la República y la mayoría en las cámaras de diputados y senadores, en la elección federal de 2018.
El gobierno que ascendió el 1 de diciembre de 2018 se declaró antineoliberal, mas no anticapitalista, y ha llevado a cabo acciones y medidas de carácter social y contra la corrupción que, aunque importantes, son insuficientes para resolver los problemas que dejó el desastre neoliberal, lo que ha creado cierto grado de desilusión entre no pocos que votaron por un cambio.
Esa desilusión la utilizan las fuerzas de la reacción para alentar la oposición al actual gobierno; por ello en las campañas de desprestigio, desplegadas por quienes quieren retornar al estado de cosas anterior, califican al presidente y a sus colaboradores como iguales o peores a sus antecesores, a la vez que se ofrecen como los únicos salvadores del país.
La oligarquía, con todo y las flores que el presidente les echa y los intentos por mantenerla contenta, está detrás de esas campañas, mediante las que busca tener nuevamente todo el control político. Poseedora del poder económico defiende el marco legal que elaboró ─su estado de derecho─, y exige más.
Es tan grande su cinismo que no obstante las evidencias que prueban su tramposo proceder y su corrupción en el despojo a la nación, sus delitos y fraudes fiscales y, en fin, una amplia serie de trapacerías, se atreven a exigir al Estado más concesiones en áreas que deberían ser de manejo exclusivo de la nación (lo eran, antes de que ellos instauraran su estado de derecho).
¡Vaya cara dura! Como se consideran los únicos capaces de conducir la economía del país, exigen se mantengan las condiciones que permiten una cada vez mayor explotación del trabajo humano y de la naturaleza, sin importarles la degradación ambiental ni la precarización de la vida de la inmensa mayoría de la población.
Lo que algunos pensamos sería un error, es permitir el retorno de los noeliberales al gobierno. Si la mayoría de quienes poblamos este país queremos una transformación que permita a todos una vida digna, sería conveniente ─y urgente─ pensar en formas de concientización y organización para apoyar, y en su caso exigir, a quienes estén el gobierno a realizar las medidas y acciones necesarias para lograrla.
Porque ninguna persona o partido político tienen la capacidad, o la varita mágica, para llevar a cabo lo que como pueblo dejemos de hacer.
* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Imagen de portada: De izquierda a derecha, Germán Larrea (Grupo México), Alejandro Ramírez Magaña (Cinépolis), Eduardo Tricio Haro (Grupo Lala y accionista de CitiBanamex), Claudio X. González Laporte (Kimberly Clark) y Alberto Bailleres González (El Palacio de Hierro y Grupo Ball). | Foto: la Defence of Marxism.
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