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Los músicos de León, en la indefensión total: Juan Antonio Hernández

Sociedad Estado / Top News / 15/10/2015

Agustín Galo Samario / SomosMass99

León, Gto. / Miércoles 14 de octubre de 2015

 

Juan Antonio Hernández Guerrero, dedicado a la música casi por tradición familiar y amante del danzón y el bolero, lo dice con un lamento: los músicos leoneses están abandonados y “en la más completa indefensión jurídica, política y social. Para el el municipio, el gobierno e incluso para los partidos políticos no existimos”.

La entrevista se desarrolla en un pequeño restaurante del centro de la ciudad, entre los ruidos de la calle que se combinan con el de los platos y, para combinar, los acordes de los músicos que se ganan la vida con la cooperación de los parroquianos. Ahí, entre bullicio, don Juan Antonio cuenta que viene de una familia musical: “Somos ya cinco generaciones de músicos. Desde niño he estudiado distintos instrumentos, pero mi fuerte ahorita son el piano y el acordeón. Soy compositor, arreglista y director de orquesta. Hoy trabajo todo eso, porque hago trabajo con todas las comunidades sociales de León y produzco eventos para la comunidad. Acabámos de hacer el Festival del Bolero de León del 18 al 20 de septiembre pasado en el teatro María Grever y el Museo de la Ciudad”.

En el rostro refleja su interés en los medios de comunicación, dice, por la importancia que tienen para que se conozcan al menos un poco los problemas por los que atraviesa el gremio. ¿Y cómo pasa la vida para los músicos en León? Lo suelta: “Aquí es estar en la más completa indefensión. A pesar de que somos músicos y cada ocho días hacemos mucho ruido, quiero decir que hacemos sonidos musicales por toda la ciudad, no existimos”.

Se da el caso, dice, del Consejo del Instituto de Cultura de León donde por reglamento se debe incluir a músicos, “aunque son músicos que no conocemos. Como a los consejeros los eligen por dedazo, pues al enterarnos que están ahí nos damos cuenta que ni los conocemos. Como andamos en el ambiente nos conocemos tocando y sabemos quién está en activo y quién no. Entonces para el municipio, para el gobierno, no contamos”.

En el gremio las cosas van peor. A nivel nacional está el Sindicato Único de Trabajadores de la Música (SUTM), que pertenece a la CTM y tiene secciones en cada ciudad. Pero sucede que en León desapareció la sección 17. Explica que “los señores Hugo Varela y Mario Rivera, que hace como diez años era secretario general y que aparte son compadres y socios, dieron de baja a la sección en la Junta Local de Conciliación y Arbitraje. Y al mismo tiempo, traicionando a la sección y violentando los estatutos de la propia CTM, Hugo Varela dio de alta a la Unión de Músicos, Trovadores, Maestros y Artistas del Estado de Guanajuato, que es la que tiene el registro a nivel estatal.

Como ellos manejan las juntas locales, el llamado sector obrero del PRI, desconocemos con qué argumento. Pero la verdad es que dieron de baja a la sección y dieron de alta a su unión, que fue fundada por un músico que ya murió, Ramón López. Se llamaba Unión de Músicos, Trovadores, Mariachis y Artistas del Estado de Guanajuato, y entonces ellos agarraron ese membrete y lo dieron de alta. Pero es una unión que tampoco sirve para nada. Lo hizo a pesar de que los estatutos de la CTM marcan que al interior de esa organización no debe haber dos sindicatos de la misma materia.

Hugo Varela tomó esa decisión a través de su compadre Mario Rivera, que en ese tiempo era dirigente de la sección 17. Entonces fue que empezaron a luchar contra el sindicato nacional por los contratos colectivos, incluso ganó los de Silao e Irapuato. Nada más que aquí hubo un aspecto más duro: como ya sabemos que el crimen organizado controla también muchos antros, Mario Rivera empezó a cobrarles -en cuanto obtuvo la toma de nota- pero lo pararon”. Ahora no hay nadie que represente y defienda a los músicos leoneses. “Ni el estatal, ni el nacional y tampoco la unión”.

Pero lo que sí hay es “una gran corrupción. Cuando trabajaba en la Ciudad de México me hice miembro de la Sociedad de Ejecutantes de la Música y en ese momento me encomendaron que yo tratara de intervenir en esa guerra porque les estaban ganando los contratos. Pero el dirigente nacional Filemón Arcos Suárez, alias El Monchi, de Los Joao, me dijo que no le pisara el callo al delegado estatal, que ni era ni músico, porque era con el que cobraban las cuotas de paso y se llevaban el 6 por ciento. El Monchi me dijo personalmente: ‘con él ni te vayas a meter’. Entonces se hicieron a un lado”.

De ese modo fue que el Comité Ejecutivo Nacional del SUTM se empezó a llevar el total de las “cuotas de paso”, aunque el acuerdo interno era que el 3 por ciento fuera para el nacional y el otro 3 por ciento para la local. “Era un fondo social para contingencias de los músicos y hoy ya no está. El 6 por ciento se cobra a los grupos, digamos, a Los Tigres del Norte, a la Sonora Santanera. De su contrato todos tienen que pagar ese porcentaje, según el acuerdo interno entre los músicos.

Entonces el músico de León no tiene una representación política ni social, y está en un estado de completa indefensión. Es una tristeza para la ciudad, que ha crecido mucho y hay grupos muy importantes. En Silao tienen su sindicato, pero aquí no hay comité, no hay nada. ¿Qué se hace con todo ese dinero del 6 por ciento? Quisiéramos que nos rindiera cuentas el Comité Ejecutivo Nacional”.

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Frente a la apatía, el Movimiento

El otro problema es la falta de unión. Porque “la verdad es que aquí la mayoría de los grupos jalan por su lado. No hay reuniones, no hay asambleas, no hay nada. Es esa apatía, el individualismo que también genera el neoliberalismo. Ese egoísmo del músico, que si le va bien pues qué le interesa que el compañero se esté muriendo, que no tenga trabajo”.

Frente a semejantes adversidades, añade Juan Antonio, lo que han hecho es tratar de “formar el Movimiento Musical Viva la Música Viva”. Hace énfasis en que se trata de un movimiento, toda vez que su principal propósito es apoyar, rescatar, aglutinar y defender socialmente a los trabajadores de la música. Pero no solos, sino “conjuntamente con los maestros, con los comités de vecinos, con quienes defienden alguna lucha social, porque nos tenemos que unir todos. Lo que queremos es cumplir con la función de un sindicato, dar asesoría jurídica, cursos de capacitación, todo lo que hace un sindicato pero con ese nombre”.

Otra de las cuestiones que le preocupan es el corporativismo, al que califica de un cáncer para el país. Es decir, todo aquello que ha engendrado a los “líderes charros, esos que están desligados de su base. Ejemplos nos sobran: Carlos Romero Deschamps, Elba Esther Gordillo, Hugo Varela aquí en Guanajuato, que están más preocupados por ser diputados que estar al servicio de los agremiados.

Además nunca han sido obreros, es algo muy grave: heredan las posiciones. El papá de Hugo Varela fue Juan Varela, que fue el dirigente estatal de la CTM y el cargo se lo herredó a su hijo. ¿Él cuándo ha sido obrero? No han sentido nunca el rigor del trabajo. Como el mismo sistema les dio dinero y representación política, están siempre al servicio de la clase capitalista no de los obreros. Tengo que decirlo: son los primeros que traicionan”.

La verdad, agrega, “nosotros tenemos muchos problemas, pues al no haber ningún apoyo sindical las empresas también hacen lo que quieren con los músicos. ‘Ahorita te corro, mañana te contrato, ven nomás un día, te pago tanto si quieres’. La tecnología también nos ha afectado, antes se contrataba a una orquesta de por lo menos ocho músicos y ahora localizan a un tecladista con una cantante y hacen lo que una orquesta. Y los otros más descarados, se llevan una lap top, ponen a dos muchachas y ya dicen que están cantando”.

No obstante todo ello, para Juan Antonio la música no para ni parará. Se reconoce como un músico popular, al que le gustan las cumbias, el chachachá, mambo, los danzones. Y cómo no recordar a Pérez Prado o, aun más, que fue compañero de trabajo de íconos como Leo Acosta y Aldo Rizzardi, a los que de niño escuchaba en la radio y con quienes años después compartió luchas sindicales cuando se fue a vivir a la Ciudad de México. Eran, dice entusiasmado, “de lo mejor del mundo”.

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Luis López




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