©Gaudencio Rodríguez Juárez
Psicólogo / [email protected]
El cierre de la casa hogar La Gran Familia, de Zamora, Michoacán, dirigida por Rosa Verduzco, es botón de muestra de la problemática que guarda la situación de los niños, niñas y adolescentes privados de cuidados parentales que viven en instituciones de nuestro país. Desafortunadamente lo que observamos ahí no es un caso aislado.
Son miles de menores de edad desvinculados de sus padres que hoy viven en instituciones de asistencia carentes de supervisión por parte del estado.
Lo preocupante es que la mayoría de ellos cuentan con familiares. La dificultad para proporcionarle el cuidado a sus crías está relacionada con situaciones de crisis o de pobreza, la cual los empuja a solicitar apoyo institucional. Pero la falta de seguimiento y soporte a dichos familiares para que consigan restablecerse y fortalecerse, termina por desvincularlos de sus hijos de manera total.
El derecho de niños y niñas es a vivir en una familia, no en una institución. La única razón para separarlos de dicho núcleo es que su vida corra peligro —por cuestiones de violencia, desastres naturales, etcétera—, y aun así sus estancias deberían ser lo más cortas posibles.
Desde el 2006 el Comité sobre los Derechos del Niño, de la ONU, señaló a nuestro país este serio problema, y recomendó darse a la tarea de identificar cuántos niños y niñas viven en ámbitos residenciales, dónde están y en qué condiciones viven, así como implementar alternativas familiares para evitar la institucionalización. ¿Qué ha hecho nuestro país al respecto?
“El Informe Alternativo sobre la situación de garantía de derechos de niñas, niños y adolescentes en México”, recientemente presentado por la Red por los Derechos de la Infancia en México, ante el Comité en Ginebra, señala que el único dato que existe al respecto es del 2013 por parte del INEGI quien reportó que 188,487 niñas y niños vivían en hogares sin cuidado parental; mientras que la Red Latinoamericana de Acogimiento Familiar reporta que en México se identifican 412,456 niñas y niños privados de cuidado parental, de los cuales 29,310 se encuentran en las 703 instituciones enfocadas a la atención y cuidado de personas menores de edad.
De acuerdo al Informe, el derecho a la vida en familia se encuentra considerado en nuestras leyes nacionales, sin embargo, a pesar de que existen mínimas disposiciones normativas, carecemos de estándares homologados para regular los espacios de acogida o las modalidades de cuidado alternativo en las entidades federativas.
El Informe señala entre los principales y serios desafíos que enfrenta nuestro Estado mexicano para garantizar plenamente los derechos de este sector de la población infantil, la ausencia de una política pública que prevenga la separación de niñas, niños y adolescentes de sus entornos familiares y comunitarios, ya que hasta ahora la única alternativa viable es la institucionalización, así como la ausencia de procedimientos expeditos de canalización a instituciones de acogida.
Otros tienen que ver con la carencia de mecanismos de supervisión constante y sistemática sobre las instituciones de acogida, la ausencia de datos certeros sobre el número de instituciones de este tipo en el país, sus características y el tipo de servicios que brindan, así como el número de niñas, niños y adolescentes que viven en las mismas; y, finalmente, financiamiento precario, lo cual se traduce en condiciones paupérrimas de infraestructura material y la contratación de personal no calificado.
Pasaron ocho años desde que este Comité internacional expidió sus recomendaciones y la tarea no ha sido hecha, ni siquiera se ha comenzado seriamente. Los únicos recordatorios de tal omisión surgen, desafortunadamente, cuando aparecen noticias como las de Casitas del Sur, La Gran Familia o el tráfico de bebés de Colima a Irlanda. Pero el tema muere junto con la noticia.
El próximo año nuestro país presentará su informe ante dicho Comité internacional. Será importante saber qué informará, pero sobre todo cuál será la estrategia para dar solución a esta problemática.
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