SOMOSMASS99
©Gaudencio Rodríguez Juárez
Psicólogo / [email protected]
Los niños (la palabra se refiere también a las niñas) tienen capacidad para ser felices, sonreír, ser irresponsables sin sufrir y sin apenarse. Para manifestar con franqueza sus necesidades y puntos de vista, brincarse las formas y los formalismos, querer a quien se les pegue la gana y no complicarse la vida.
Son inteligentes y espontáneos. Cuentan con energía suficiente para brincar y correr por doquier, gritar, reír y llorar sin causa aparente, así como sentido práctico para resolver los problemas. Son capaces de divertirse con la situación y con el objeto más insignificante.
La ropa nueva y elegante suele estorbarles. Los horarios y la puntualidad no les sientan bien. Los compromisos son voluntarios, honestos y a corto plazo, y si pierden atractivo o funcionalidad, los deshacen sin complicación alguna. Lo suyo es el juego.
En su mundo, dos y dos son cinco, ocho o diez, no importa. La escuela es un pretexto para divertirse; la calle, un lugar indispensable que les estamos robando; el campo y el bosque, el Edén; la lluvia, una regaderota, el sol de abril y el calor son bienvenidos. Su mano puede convertirse en una araña, un avión o un camión. El pene y la vagina son divertidos. La muerte es un sueño. La separación, un momento. Si el niño tiene cuatro años, su mamá es una reina, si tiene 17, su mamá es…, su mamá. Un riachuelo es una aventura. El mar es azul e inmenso.
Su mundo es divertido, atractivo, placentero, simple y sencillo. A tal grado que da la impresión de que a los adultos nos genera envidia y, en consecuencia, los hacemos “crecer y madurar” para integrarlos a un mundo adulto donde poco espacio queda para el placer, el ocio, la imaginación, la creatividad, la risa, el juego, la franqueza, la empatía, la diversión, el vivir por vivir, el abrazo, la solidaridad, en resumen, todo aquello que nos hace humanos.
En el mundo adulto, en cambio, predomina la preocupación por los horarios, el estrés, el trabajo, el éxito, los bienes, la calidad, la mejora continua, la competencia, el consumismo, la moda. En este mundo dos y dos tienen que sumar cuatro, de lo contrario te corren del trabajo. Un centro comercial es un lugar de exhibición y consumismo. ¿El sol?, ¡qué calor! ¿La lluvia?, ¡qué molestia! ¿El campo y el bosque?, muchos mosquitos. La violencia y la destrucción, lo más natural. El pene suele causar daño, la vagina, vergüenza. Las separaciones suelen ser dramáticas, la muerte, más.
En el mundo adulto los papás son los que mandan y tienen la verdad y la razón. Su mano es un instrumento de control. Un riachuelo estorba porque ensucia el auto. El mar… está muy lejos. Su hijo, su propiedad. En el mundo del adulto sólo el 30 de abril es Día del Niño (y a veces de la niña). Otro mundo.
Acercarse a los niños nos enriquece porque con su inteligencia y sensibilidad nos ayudan a recordar las cosas que realmente valen la pena en la vida.
No les exijas que respeten a sus mayores, respétalos.
No les exijas que amen a los adultos, ámalos.
No les exijas obediencia y sumisión, edúcalos.
Es de sabios juntarse con los niños, tal vez por eso los niños casi no se juntan con los adultos (o sólo lo necesario).
Este 30 de abril recordemos que los niños no son propiedad nuestra, sino nuestra responsabilidad.
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