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Los taxistas de la Back 40

Reportajes / Sociedad Global / Top News / 26/02/2016

SOMOSMASS99

 

David Bacon* / SomosMass99**

St. Louis, Missouri, EE.UU. / Jueves 25 de febrero de 2016

 

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Mohamed Hussein

En el aeropuerto de St. Louis, la Back 40 no es parte de un rancho. Es el apodo que taxistas le dan a un gran estacionamiento justo en la calle. Hay que esperar la llamada para ir a recoger a un pasajero en la terminal. Son furgonetas blancas impecables estacionadas en largas filas, mientras que el remolino de taxistas deambula alrededor y platican, o juegan ajedrez en un pequeño refugio. La espera puede ser un poco aburrida, pero no fue difícil convencer a cuatro de ellos para que nos contaran lo que son las subidas y bajadas de ganarse la vida en un taxi.

«La mayoría de nosotros son inmigrantes de África – Etiopía, Nigeria y Somalia», dice Joshua Osho. «También algunos rusos».

«Una gran cantidad de etíopes conducen taxis, porque esa es la primera oportunidad de trabajar que tenemos al llegar aquí», añade Malaku Tamir. Además «no se puede ir a la escuela cuando ya eres mayor, como lo somos muchos de nosotros cuando llegamos, y se tiene que ganar algo para los hijos y la familia. Entonces la manera más sencilla es conducir un taxi».

Cuando Tamir empezó a trabajar en el aeropuerto hace 19, todos eran empleados de seis empresas. «Entonces el condado abrió el negocio y nosotros nos organizamos el servicio y obtuvimos los permisos. Los antiguos propietarios ya no podían conseguir a cualquier chofer y abandonaron la actividad», recuerda. «Ahora, más del 80 por ciento de los taxis son propiedad de conductores como yo».

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Joshua Osho

Todo eso fue difícil en un principio, pues los choferes tuvieron que acudir al banco para poder comprar sus vehículos o gastar el dinero de sus familias. La mayoría de ellos dice por sus hijos es que manejan un taxi. Tamir tiene cuatro, uno en la universidad y tres más a los que ya les falta poco para ingresar, de modo que tiene la obligación de llegar con dinero.

Mohammed Hussein tiene ocho niños, el de la familia más numerosa en el grupo de compañeros. Él tiene grandes esperanzas para ellos. «Quiero que vayan a la escuela. No desearía que manejaran un taxi», declara. «Quiero que estén en mejores condiciones, que estudien y tengan una vida mejor». Se ríe, pero dice «en este país es muy caro tener hijos». Para apoyarlos a veces conduce entre 15 y 16 horas al día, más que la mayoría. Tamir lo hace diez horas durante cinco días y medio a la semana, y considera que ese es el promedio general.

Todos los taxistas tienen una historia de por qué decidieron venir a los Estados Unidos. Rufus Jewel dejó Nigeria a los 37 años. «Me salí de la escuela porque no teníamos becas para estudiantes», rememora. «Si no tienes una familia que se pueda hacer cargo de los gastos de la universidad no puedes continuar». Él espera que sus hijos van a lograr lo que él no pudo y van a poder estudiar, incluso si la familia tiene que pedir préstamos para apoyarlos.

Tamir vino debido a la guerra civil en Etiopía. «La mayoría de los etíopes con educación viven ahora fuera del país», dice. «Hay muchos en todos lados. Si vas a Washington DC puedes ver a gente con educación de alto nivel que maneja taxis».

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Rufus Jewel

La experiencia por la que pasó Hussein al dejar Mogadiscio, Somalia, fue peor. «Cuando comenzó la guerra algunos miembros de mi familia fueron masacrados», cuenta con voz sombría. «Sobreviví y me fui. Esto, manejar un taxi, se convirtió en sueño americano».

Luego del trabajo que les costó para llegar a St. Louis, la mayoría no tiene planes de regresar. Hussein, sin embargo, es distinto. Su ambición es ser presidente del país que dejó atrás. Realmente no es una idea descabellada. Varios de los más altos funcionarios del gobierno de Somalia, incluyendo a un primer ministro, estuvieron viviendo muchos años en Estados Unidos antes de regresar.

Quiero llevar a mis hijos de regreso y mostrarles el hermoso país del que vine», dice con melancolía. «Espero que mis hijos sean ingenieros o ministros al volver a casa. Tengo que darles educación para que puedan arreglar las cosas en mi país. Ellos son estadounidenses, no van a vivir allá por siempre, van a volver a aquí. Pero por mi familia la conexión con Somalia siempre va a existir, por siempre. Nosotros no vamos a abandonar África».

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Joshua Osho

Joshua Osho tiene pocos sueños por África. Es más preocupado por que los taxistas tengan aquí una mejor vida. Ya puso a trabajar en un taxi a sus hijos de la universidad y ahora, él y otros compañeros, organizan el Consejo de Taxistas del aeropuerto. En el consejo de taxistas abogan por cada uno de ellos, y se aseguran de que todos hagan bien su trabajo. «El consejo se asegura de que operemos de acuerdo a los requisitos establecidos por el MTC y del aeropuerto», explica. «Tenemos una excelente con las autoridades reguladoras».

Describe a los estadounidenses como «muy cariñosos y atentos. Nos aceptan por lo que somos». Es una actitud que quizá sorprende en la era de Michael Brown y Trayvon Martin, pero la percepción de racismo y discriminación por los migrantes de raza negra provenientes de África pueden ser diferente a la de los afroamericanos.

Hussein también habla cariñosamente de sus clientes. Recuerda un incidente en el que detuvo a un pasajero por pagarle de más, y unos días después recibió en su casa un correo con un cheque por 250 dólares. «Nosotros servimos humildemente», enfatiza. «Somos leales a nuestros clientes. Los llevamos a salvo a sus casas».

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La partida de un juego de ajedrez de dos taxistas es interrumpida por la llamada para ir por un pasajero.

Un juego de ajedrez dos conductores juegan mientras espera es interrumpida por un despacho para ir a recoger a un pasajero.

Jewel, sin embargo, tiene la preocupación de que su trabajo se convierta en menos sustentable para su familia. “Ha sido una forma decente de ganarse la vida para aquellos que vienen de países tercermundistas”, argumenta. “Cuando comencé hace 16 años el número de llamadas a taxis estaba limitado al aeropuerto. Pero ahora, con toda esta competencia de limusinas y autos de rutas fijas, es un gran reto. Hemos comenzado a sentir el efecto de Uber. Recientemente notamos que obtenemos menos ingresos cada día”. Como operadores de taxi en muchos aeropuertos, dice que es desventajoso que él y sus amigos tengan que pagar cuotas al aeropuerto y obedecer regulaciones que sus competidores no.

Jewel se pregunta si el público realmente entiende su situación. “Como extranjero, ahora soy un buen estadounidense”, se queja. “Estamos haciendo lo poco que podemos para ayudar a la economía. Vamos al mercado y compramos comida con el ingreso que tenemos de nuestras cuotas. Por lo tanto ellos no deberían hacer que nuestro sueño americano sea más difícil de alcanzar”.

Husein siente la misma inseguridad. “Todos estamos luchando, pero veces esto se siente algo amenazador, como si no fuera a ser un trabajo permanente”, se preocupa. Pero al ver más allá de la situación de los mismos conductores, piensa en las imágenes que ve en el periódico de personas huyendo de África y ahora de Siria.

Husein espera que ciudades como St. Louis continúen dándole la bienvenida a extranjeros, como le dieron la bienvenida a él y a su familia. “Espero que las personas se den cuenta que los refugiados cuando vienen a este país comienzan de cero, de nada, desde el fondo. Espero que nuestra voz llegue a quienes puedan ayudarnos”.

* David Bacon es un escritor y fotógrafo documentalista de California, EE.UU. Ex dirigente sindical, ahora se dedica a documentar temas laborales, de la economía global, la guerra, la migración y la lucha por los derechos humanos. En Oaxaca ha ofrecido charlas sobre migración e investigado la movilidad humana desde ese estado hacia los Estados Unidos. Su último libro, El derecho a quedarse en casa (Beacon Press, 2013), discute alternativas a la migración forzada y la criminalización de los migrantes.

** Traducción SomosMass99






Luis López




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