SOMOSMASS99
PERSIGUIENDO SOMBRAS
Raúl Muñiz Torres
La noche del martes 5 de agosto de 1997, me encontraba de guardia en la redacción del hoy extinto periódico El Nacional de Guanajuato. Entre las ocho y las nueve de la noche de aquel día, Benjamín Cordero, entonces director editorial de dicho diario, me llamó para decirme que el excomisionado para la Paz en Chiapas, Manuel Camacho Solís, se estaba boleando los zapatos en plena zona peatonal de León.
Todavía en ese año, Manuel Camacho era un hombre público que resultaba atractivo periodísticamente y Benjamín me urgió a que me diera prisa y lo entrevistara. Así lo hice, no recuerdo si corriendo o en taxi, pero cubrí rápidamente la distancia entre la esquina de López Mateos y Malecón y la zona peatonal. Logré alcanzar a Camacho cuando un bolero le terminaba de asear los zapatos. Lo abordé y amable, después de decirme que estaba en León de vacaciones, aceptó hablar conmigo unos minutos.
Pienso en la noche de aquel lejano día de hace ya 18 años y me pregunto si Manuel Camacho Solís murió decepcionado por ver a México hundido en la incertidumbre, en la violencia, lejos, muy lejos del escenario que me planteó aquel día de agosto de 1997.
Camacho me dijo en aquella entrevista, alejado para entonces del PRI, que trabajaría para construir alianzas cuando menos los próximos diez años y que a partir de ello se buscaría estabilizar al país porque sólo a través de las alianzas, México podría acceder a la refundación de sus instituciones porque estaba claro que ningún político por sí solo, sería capaz de reunir todas las fuerzas necesarias para darle certidumbre de largo plazo a este país.
En esos 10 años de los que hablaba Camacho, se cruzó el dos mil, el triunfo de Vicente Fox y su llegada a la presidencia de la República, el fin del priismo en Los Pinos. Lejos estaba el exjefe del Departamento del Distrito Federal, de saber que esa estabilidad y una mejor perspectiva de futuro, Fox Quesada la echaría por la borda en apenas un sexenio.
También, en esos 10 años, Camacho tuvo que ver en el 2006 como este país no alcanzaría tal estabilidad. Todo lo contrario. La pugna electoral entre Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador, manchó una vez más la credibilidad de unas elecciones que aún hoy, mantienen el tufo del fraude. Éramos entonces, como lo somos ahora, una nación polarizada.
Camacho Solís me habló también de Carlos Medina Plascencia y Vicente Fox. Quizá por mera corrección política, de ambos dijo que eran dirigentes de primera y que seguramente, los dos tendrían éxito en las funciones que realizaran.
Fox Quesada era entonces el gobernador de Guanajuato y había ya externado su deseo de ser el candidato de Acción Nacional a la presidencia de la República y Carlos Medina, por su parte, acababa de ser nombrado dirigente de la bancada panista en el Congreso de la Unión.
Hoy, los dos han sido defenestrados: Fox señalado bajo la sospecha de corrupción durante su gobierno y Medina Plascencia señalado a nivel local por tráfico de influencias. Ambos, en el basurero de la historia, lejos de aquellos “dirigentes de primera” que Camacho Solís describió hace ya muchos años.
Al otrora priista le hice en aquel entonces, la pregunta obligada sobre las conclusiones del asesinato de Luis Donaldo Colosio. Dijo que esperaba, como todos los mexicanos, que se hiciera justicia porque los asuntos judiciales de este país se encontraban inconclusos.
Manuel Camacho Solís murió el pasado 5 de junio, apenas dos días antes de las elecciones intermedias que ponían a prueba a un México envuelto en la impunidad y la violencia. Camacho se ha ido sin ver un país estable, sin alianzas sanas, sin políticos de peso moral probado que carguen en sus hombros una refundación de las instituciones. Un país en donde los asuntos judiciales siguen inconclusos, en donde todos los mexicanos reclaman seguridad y justicia.
Manuel Camacho Solís fue un hombre que quiso ser presidente de la República, paradojas de la vida: quizá tuvo más posibilidades cuando no fue candidato y Colosio fue asesinado, que cuando fue candidato del Partido del Centro Democrático y un 0.6% de votación lo borró del mapa electoral a él y a su pequeño partido.
Murió como Senador de la República por el PRD. Murió sin ver estabilizado a México.
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