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Soledad Jarquín / SemMéxico
San Pedro Cholula, Pue. / Martes 25 de julio de 2017
Mariana es una mujer pájaro o voladora de Papantla, el ritual prehispánico en el que le piden al Dios totonaca del Sol, Chichini, que haga llover en tiempos de sequía y vengan con ello buenas cosechas, origen de lo que hoy es más que nada una atracción para las y los viajeros.
No es la primera mujer en subir al palo, antes de maderas macizas, hoy un mástil de hierro, de 22 metros de altura para formar parte de eso que era exclusiva actividad de los varones.

Mariana empezó hace seis meses, ya no tiene miedo. | Foto: SemMéxico.
El mito de que las mujeres no podían tocar el palo, porque eso sería señal de un mal augurio, se rompió apenas a finales del siglo XX y principios del nuevo siglo, cuando en distintas partes del país las mujeres decidieron también honrar a la lluvia, al Sol, a las diosas, incluso.
Entre las primeras mujeres subiendo al gran palo para dejarse caer al vacío atadas de pies, está Dolores Pérez Bautista, quien junto con otras tres jóvenes, se presentaron en el parque Takilhsukut, en el marco de los festejos Cumbre Tajín 2007. Otro registro importante lo hicieron las Cuatro Fridas, originarias de Xochiapulco, también de Puebla, quienes de acuerdo a las crónicas de 2015, sorprendieron al público en el festival cultural internacional Greenwich+Docklands, en Inglaterra.
Hoy Mariana es la única mujer del grupo compuesto por otros cuatro hombres, incluyendo al caporal, que suben al mástil. Todo empezó hace apenas seis meses, desde entonces y tras el miedo atroz que se apoderó de ella la primera vez, lo demás, es historia, dice sonriente.
Desde lo alto venera al dios totonaco del Sol, Chichini, lo hace con gusto, porque pese a lo que haya cambiado por necesidades técnicas, el ritual se preserva, es una de esas tantas herencias del pasado que las mujeres y hombres jóvenes deben estar orgullosos y preservar, afirma luego de bajar y dar 13 vueltas en el vacío, mientras el caporal, antiguamente un sacerdote, interpreta con su flauta los sones del volador.

Voladores de Papantla. | Foto: Elizabeth Ruiz / Cuartoscuro.
Son 13 vueltas, que los cuatro hombres y mujer pájaro deben hacer para completar 52 vueltas, que de acuerdo al calendario Azteca, dice Mariana, son las vueltas con las que se completa el ciclo solar y que Chichini agradece con lluvia abundante.
Y aunque hoy, Mariana como otras mujeres del país, han demostrado que no hay signos de mal augurio al tocar el gran palo volador, persiste la creencia, por lo que ha recibido reprimendas de hombres y mujeres que le reclaman ser una mujer pájaro, porque esa es tarea solo de los hombres, le dicen.
Mariana no se detiene, “me gusta subir, mirar todo desde allá arriba, participar en esta ceremonia, que también es un asunto de igualdad” y confía en que detrás de cada ritual algo se renueva en la humanidad.
Foto de portada: J. Guadalupe Pérez / Cuartoscuro.
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