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Max Santoyo
Miércoles 8 de noviembre de 2017
Max Santyo es poeta y editor. Nació en 1972 en la ciudad de León, Guanajuato, donde vive actualmente. Entre sus obras destacan Un grillo da la hora exacta, publicado por editorial La Rana, y el libro Marina o arrullo para una mujer que no conoció el mar, del que presentamos un poema de la sección Frente al mar. Primera jornada.
Frente al mar. Primera jornada

I
Un viento recién llegado del mar juega a prenderse en los cabellos,
así la luna juega con un cardumen de peces enamorados.
Bailas con ritmo de ola en la pleamar,
con color de tabaco en los pezones
y aroma a café en la cabeza.
He decidido vivir hasta la edad de un viejo bosque.
II
Bienvenido sea hoy el viento que abrazó tu cuerpo húmedo,
erosionándote la piel,
un viento que ahora deja polvo de ti.
Un consuelo en mis manos.
III
Otro día, donde vivir es una dulce recompensa.
Un viento salado me define,
las fronteras del rostro delimitadas en espejo de agua.
Los espacios abiertos.
Entre los botones de la camisa,
tus dedos jugando a ser verdugos.
IV
No me dejes esperando.
Una gaviota busca mi cabeza,
está la luz flotando en la arena blanca.
En la vereda acecha un coro de voces azules,
la carne del mango y el color de las flores me traen el olvido.
Pensar que hay quienes construyen jaulas.
V
Alguien me dijo que los muertos se nutren del recuerdo que les guardamos.
Cómo entonces, si perdí el recuerdo,
tú fantasma sigue dormido con las manos guardando los senos,
en aroma de gardenias que nunca fue tan penetrante como ahora.

VI
Los muertos no me inquietan.
Una noche, como los héroes antiguos,
conocí la mansión sin vida.
Tu recámara es de un azul profundo.
Quién tuviera los brazos del príncipe Eneas
para cruzar a nado el centro del infierno.
Aunque estoy confundido,
soy consciente del principio.
VII
En tu recámara conocí el peine de coral
con que sueles alisar la luz del atardecer.
Tus manos me ofrecen el secreto del agua marina
que, en voz baja,
pregunta si he logrado la paz.
Bebo café sin azúcar
y escucho a Dios preguntar la respuesta al enigma del alma.
VIII
Dime qué hay bajo el mar,
lugar donde florece la luna,
donde amas cada brizna de tierra.
Imagino tus senos flotando en la marea.
Caballos de mar besan tus párpados.
Deberías de ser una montaña de aire en ese poema.
Fotos de portada e interiores: Pixabay.
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