SOMOSMASS99
©Gaudencio Rodríguez Juárez
Jueves 23 de abril de 2020
Dedicado a todas las personas que en medio de la pandemia despliegan bondad, solidaridad, responsabilidad, colaboración, creatividad y ternura.
Ojalá no me contagie.
Y si me contagio, que no enferme.
Y si enfermo, que no duela tanto.
Y si duele mucho, que no muera.
Y si muero, que sea sin agonía.
Y si agonizo, que sea con sentido, para no sufrir.
Y si sufro, que haya alguien a mi lado.
Y si no hay alguien a mi lado, que desde lejos piensen en mí.
Y si no pueden pensar en mí, que sea porque están procurando la salvación de los que aún están vivos.
Y si están pensando u ocupados en otra cosa que no sea la salvación de la especie humana, habrá ganado la mortífera pulsión de muerte.
Ojalá no me contagie, no ahora.
“Los hombres son más bien buenos que malos”, afirma el cronista de la últimamente multicitada novela La peste, de Albert Camus. La esperanza de que tal afirmación sea verdadera se aviva hoy que atravesamos nuestra propia y real pandemia del Covid-19. Sobre todo ante la inminencia de que su superación sólo será posible con la colaboración de todos los miembros de la sociedad, pues todo individuo, sin importar su edad, sexo, raza, condición social o económica, es un potencial transmisor del virus.
Creo que los seres humanos son más bien buenos que malos, tal y como se afirma en La peste, por dos razones. La primera está contenida en la citada novela: porque no puede haber paz sin esperanza. La pandemia nos arrebató la tranquilidad. Para recuperarla necesitamos tener fe en la gente y en sus instituciones, en su sentido colectivo, en su bondad, en su responsabilidad.
La segunda razón se ha puesto en evidencia desde ahora: innumerables profesionales de la salud y de los servicios esenciales asumiendo su labor a pesar del riesgo de contagio, investigadores trabajando arduamente para encontrar una solución, personas y empresas elaborando y acercando los insumos que a los profesionales de la salud les está haciendo falta, colectivos organizándose para repartirle comida a la población que no tiene, gente compartiendo sus servicios, alimentos y su salario con otros que se han quedado sin trabajo, gente que ha decidido asumir la cuarentena dentro de un asilo o casa hogar para cuidar a los usuarios, personas cuidando a personas, múltiples iniciativas solidarias pequeñas y grandes, acciones concretas que dejan ver la bondad anidada en el corazón del ser humano.
Significa, pues, que la esperanza en el ser humano y en sus instituciones no sólo es un acto de fe, sino una actitud fincada en evidencias que ya podemos palpar.
Acaso en estos momentos la pregunta en el aire sea si dichas manifestaciones alcanzarán una masa crítica para evitar muertes previsibles, evitables. Porque también hemos visto empresarios que desde la primera fase de la pandemia despidieron al personal para asegurar su capital, sin pensar en los otros; también hemos observado manifestaciones de individualismo e irresponsabilidad al acaparar alimentos, ignorar las recomendaciones sanitarias hechas por la respectiva autoridad, aumentar los precios de productos de la canasta básica; también hemos visto agresiones al personal de salud, exclusión y discriminación a personas infectadas y a sus familias, a políticos y gobernantes utilizando la pandemia para sus propios fines.
“El mal que existe en el mundo proviene casi siempre de la ignorancia” y “la buena voluntad sin clarividencia puede ocasionar tantos desastres como la maldad”, dice el cronista de La peste. Desafortunadamente el mal también es producto de deseos retorcidos, egoístas.
Hace cien años, Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, estableció que la condición humana está atravesada por la paradoja de que en ella reinan los deseos que promueven la vida (Eros), pero también la destrucción (Thánatos). Hoy la pandemia pone a prueba las barreras y límites que las pulsiones de vida establecen a la tendencia mortífera de la pulsión de muerte de los individuos y de toda la sociedad. Mantengamos la esperanza en el ser humano y permitamos que afloren, ahora más que nunca, nuestras pulsiones de vida, para generar la paz y los recursos necesarios para transitar colectivamente la pandemia y salir lo mejor librados posible.
* Psicólogo / [email protected]
Foto de portada: H. Shaw (@hikeshaw) / Unsplash.
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