SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 4 de mayo de 2018
Quienes trabajamos para procurarnos el cotidiano sustento, mujeres y hombres en la juventud, adultez e incluso en la niñez, y nuestros dependientes económicos, conformamos la inmensa mayoría de los que habitan este país.
El trabajo que realizamos, manual o intelectual, en las diferentes ramas de la actividad económica para producir los medios de subsistencia de la sociedad, crea la riqueza de nuestra nación; la que debido a una injusta e inequitativa distribución se concentra, cada vez más, en un sector social reducido en número pero muy poderoso económica y políticamente.
Esa forma de producción, de apropiación y concentración de la riqueza, en la que no están ausentes el despojo y la explotación irracional de seres humanos y de la naturaleza, el capitalismo, no es privativa de México; es el modo de producción dominante en el mundo y crea en cada país, además, una estratificación de la sociedad en la que el estrato o sector dominante en lo económico también lo es en lo político.
La forma o modo de producción dominante influye en, y en buena medida condiciona, el desarrollo de la vida social, política, económica, cultural y espiritual de la sociedad, mediante la construcción de ideas, mecanismos, instancias e instituciones que crean y reproducen las condiciones que mantienen al grupo dominante en el poder; manteniendo y reproduciendo también las adversidades que aquejan a los estratos sociales dominados.
Mediante sus aparatos ideológicos el grupo en el poder intenta, y hasta ahora en buena parte lo ha logrado, que aceptemos que en el mundo siempre ha habido pobres y ricos, débiles y poderosos, quienes obedecen y quienes mandan, que nada puede hacerse para cambiar esa situación; y que así será siempre. En este contexto, para el estrato social dominante es fundamental mantener desunidos, desorganizados y fragmentados a los estratos sociales dominados,
En México, el grupo dominante presenta a su «democracia» como la única forma de enfrentar las dificultades que agobian a la sociedad y al país, dificultades que genera el modo de producción que ellos defienden y del que obtienen grandes beneficios y poder, razón por la cual son incapaces de resolverlas.
Nos hacen creer que la democracia consiste en el acto de elegir, mediante el voto, a quienes entre candidatos designados mediante mecanismos y por instituciones ajenas al pueblo serán, supuestamente, nuestros representantes en las diferentes instancias de gobierno. De esa gatopardiana manera, todo cambia para seguir igual (o para empeorar).
Y nos llaman a votar. Utilizan promesas e ilusiones recicladas que probablemente alguna vez, en algunas personas, generaron ciertas esperanzas, las que cada día se encuentran más lejos y más allá del horizonte de lo posible. Para quienes formamos parte de este pueblo, siempre ha sido así; pero eso no indica que deberá ser siempre de esa manera.
Somos, objetivamente, la inmensa mayoría y estamos supeditados a lo que decida y haga o deje de hacer el grupo que detenta el poder. Y si para conservar ellos el poder es esencial mantenernos desunidos, desorganizados y dispersos, para sacudirnos ese dominio deberemos, por tanto, esforzarnos por alcanzar la unidad, la organización y la articulación que nos conduzcan a la liberación de todos los males que acarrea un sistema basado en la explotación y el despojo.
¿Acaso no tenemos la capacidad para seleccionar entre gente del pueblo a nuestros propios candidatos al gobierno y elegir a los más aptos para cumplir con programas que respondan a nuestras necesidades?
¿No seremos capaces de crear las condiciones, establecer y cumplir con reglas para que los puestos públicos no sean un medio de enriquecimiento y eliminar la corrupción en todos los aspectos de la vida?
¿Estaremos intelectualmente impedidos para elaborar leyes que eliminen la injusticia, la desigualdad y la inequidad, para protección del ser humano, la naturaleza y la vida en general?
Algunos pensamos que solamente es cuestión de decidirnos a ejercer nuestra soberanía y empezar a ser dueños de nuestro presente y futuro.
* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular y del Frente Regional en Defensa de la Soberanía en Salamanca, Guanajuato.
Foto de portada: SomosMass99.
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