SOMOSMASS99
La Mojarra* / SomosMass99
Jueves 31 de agosto de 2017
Ella es Margarita y este es su relato:
Por casi 10 años he trabajado para un complejo de apartamentos de alquiler, soy responsable de atender a los clientes, hacer contratos, recibir rentas, etcétera, aunque curiosamente muchos piensan que por ser mexicana sólo puedo desempeñarme en la limpieza.
He trabado amistad con muchos de los inquilinos, con prospectos de inquilinos, con vecinos, con amigos de los inquilinos, etc., etc., etc. No sé si el hecho de aceptar haber sido indocumentada por 18 años, por ser multicultural, por ser bilingüe, por mi simpatía, por mi empatía o ya de plano porque hablo sin pelos en la lengua, pero me siento orgullosa de ganarme el aprecio y la confianza de las personas. Quienes me buscan lo hacen porque confían en mí; en que los comprendo, que los consuelo, que los ayudo o que si no puedo, busco la forma de encontrarles ayuda.
Quienes ofrecen servicios a veces lo hacen a través de mí, porque saben que sólo recomiendo a quienes cumplen las normas y tratan bien a los clientes; yo consigo desde un dentista hasta comida. Esto hace que habitualmente las personas vengan a la oficina de Wild Pines, lugar donde trabajo y donde estoy cinco días a la semana, incluyendo fines de semana, a buscar mi ayuda, mi consejo, mi aliento o alguna función como notaria.

Porque soy Notaria Pública y sola he aprendido a redactar documentos, hacer cartas formales, denuncias, demandas y hasta realizo matrimonios… ¡Ah! ¿Que los novios olvidaron los testigos? ¡Pues también los consigo! Es más: una testigo siempre viene preparada y trae decoraciones de boda… ¡Hasta en catedral se convierte mi oficina!
Las personas usualmente llaman y preguntan: ¿Hasta qué hora estará en SU oficina? ¿Y pues como decirles que no es mi oficina? Vivo aquí un tercio de mi tiempo. ¿Será por eso que me la he apropiado? ¿O será que mi jefe sabe que ayudo a mi comunidad y siente que es una forma de que él también ayude?
Si le digo: necesito hacer una reunión, me dice que sí. Si le digo que quiero hacer un taller, me dice que sí. Es más, si le digo que haré un pequeño convivio, ¡a veces hasta pone su coperacha!
Mi labor no es solitaria, cuento con muchas personas que me ayudan, comenzando por mi jefe que me permite utilizar sus instalaciones y sus materiales, y con personas que les gusta servir, ya sea con consejos, ropa, zapatos, favores.

Mi Oficina de Trabajo se convierte en una oficina abierta a quien necesite cualquier cosa, aquí aplicamos el “lo que no sabe, se inventa”.
Olvidé decir que no cobro, aunque eso no quita que la gran mayoría me recompensen, para mí, más importante que el dinero, es saber que las personas confían en mí, eso no tiene precio.
* Este relato forma parte del proyecto Somos La Mojarra, vivencias y anécdotas de los dos lados. Lo hacen Margarita Claro, desde los Estados Unidos, y Gwenn-Aëlle Folange Téry, en México.
Relatado por Margarita Claro / Voz: Gwenn-Aëlle Folange Tery.
Fotos de portada, audio e interiores: Margarita Claro.
Comparte en Facebook
Twittéalo








