SOMOSMASS99
Rubén Figueroa* / MMMesoamericano
Viernes 4 de septiembre
Nadie se esperaba el gran impacto que tendría la pandemia del Covid-19 en la ruta migratoria, sobre todo en la migración centroamericana. Hoy están prácticamente desérticos los caminos y brechas por donde solían transitar cientos de personas migrantes diariamente. Los flujos migratorios disminuyeron en cuanto se registraban los primeros casos en América Latina.
A menudo suelo recorrer los caminos para saber qué está pasando en esos recovecos, me esfuerzo por estar actualizado, es necesario estarlo. A veces me acompañan periodistas, activistas y uno que otro académico o académica. En los últimos años me acompaña una cámara Nikon que me regaló mi amiga Luisa Manrique. Ésta me sirvió para documentar el camino, además muchas veces evitó que más de un policía, soldado o agente de migración me tratara de intimidar o agredir. Para mí es una arma que me ayuda a defenderme, aunque esta vez dejó de funcionar en el último viaje. Habrá que hacerse de otra.

Un migrante observa el tren, mientras éste hace sus maniobras previo a partir de madrugada.
Durante los recorridos, la mayoría de las veces implica treparse a la bestia. Lo hago desde hace años. La suerte y las bendiciones de muchas personas me han acompañado, la experiencia la tengo, pero no me atengo a ella porque cada viaje es distinto.

Las personas migrantes se reacomodan en los vagones aprovechando una parada del tren.
En mi último viaje en lomo de la bestia, como popularmente le llaman los migrantes al tren, fue una tarde de diciembre de 2019. Unos periodistas me pidieron que los acompañara porque querían documentar la travesía que realizan miles de personas al año en uno de los viajes más peligrosos del mundo.

Semanas después de ese viaje la noticia corrió como pólvora en el mundo: un nuevo virus llamado Coronavirus, hoy día conocido como Covid-19, aparecería en China, y fue ese país el que reportó a la OMS sus primeros casos positivos en la ciudad de Wuhan.

Migrantes centroamericanos viajando antes de la pandemia ocasionada por la Covid-19.
Aunque el virus llegó a América Latina en avión y con visa, pronto las imágenes de cientos de personas migrantes viajando encima del tren se dejarían de ver. Los países centroamericanos entraron en pánico, sus gobiernos ordenaron toque de queda y cerraron sus fronteras. Primero fue El Salvador, seguido de Guatemala y Honduras.

Migrantes trepan al tren en el estado de Tabasco, México.
El miedo a contagiarse del virus logró lo que ningún plan de contención o gobierno ha hecho, reducir históricamente el flujo migratorio hasta en un 95%. Pero esto es sólo temporal, a medida que los números de contagios bajen los flujos se reacomodarán debido a que la pandemia dejará una crisis económica que se convertirá en crisis migratoria, y la necesidad de emigrar será mayor y colectiva. Esas imágenes regresarán.

Las crisis siempre generan el desplazamiento forzado de ciento de miles de personas.
Cuando esto suceda las y los migrantes se encontrarán con una ruta migratoria aún más militarizada. En México, en medio de la pandemia, se decretó que el Ejército realice tareas de seguridad pública junto a la Guardia Nacional (GN).

Soldados mexicanos realizan un operativo junto a agentes de migración en Coatzacoalcos, Veracruz.
Recordemos que entre las “facultades” de la GN está el de realizar acciones de control migratorio, como operativos en las carreteras federales y las vías férreas con el fin de detener y deportar a personas migrantes. La lucha por sobrevivir será encarnizada. Se espera que las violaciones a los derechos humanos se incrementen, incluso las desapariciones.
* Rubén Figueroa es defensor de derechos humanos. Forma parte de Movimiento Migrante Mesoamericano, como coordinador Sur-Sureste.
Fotos de portada e interiores: Rubén Figueroa.
En portada: Un grupo migrantes se preparan para subirse al tren, antes se toman una foto grupal para mandárselas a sus familias y decirles que van bien.
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