SOMOSMASS99
©Gaudencio Rodríguez Juárez*
Jueves 7 de abril de 2016
Duele que se vayan de este mundo personas que dedicaron su existencia a humanizar a nuestra sociedad. Días atrás falleció Cristina Rubio Ruiz, pediatra que trabajó en pro de la infancia atrapada en el triángulo de la violencia, pobreza y exclusión social. Atendió a los niños y niñas de la casa cuna Amigo Daniel, A.C. desde la fundación de ésta en 1987 hasta el 2013. “Luchadora incansable y propositiva en temas de infancia, un ser humano excepcional y cariñoso”, así se le recuerda en dicha institución dedicada a la atención de niños y niñas en situación de maltrato extremo. Ahí tuve el honor de compartir durante muchos años esta labor.
Hace una década la “doctora Cristi” me compartió un relato que ayudé a pulir y publicar en diarios de la localidad. Hoy quiero re-publicarlo a manera de homenaje a su legado de amor, compromiso y dedicación a la infancia, a manera de recuerdo de su mirada hacia los niños y niñas, a manera de ritual para tramitar el duelo por su pérdida:
“Ayer fui testigo de un milagro.
“Después de vivir durante dos años en el albergue y de una vida previa de descuido, carencia y soledad, por fin fue un día especial para Ramón, Gabriel y Alejandro. La noche anterior casi no durmieron, se despertaban constantemente pensando en ese día que estaba a punto de llegar. Se levantaron y con gran emoción se bañaron, acomodaron cuidadosamente sus escasas pertenencias, desayunaron cuidadosamente para no manchar su ropa limpia y salieron al jardín a esperar. Por fin el gran día había llegado, sólo faltaban unas horas para que terminara aquella larga espera. Conforme pasaban las horas y los minutos aumentaba la emoción del próximo encuentro.
“A pocos kilómetros de ahí, Fernando y Josefina, también con una gran emoción, se apresuraban para llegar a tiempo al encuentro. ¡Era el día del milagro! Serían padres por primera vez. La espera de años soñando con un hijo a quien cuidar, educar y amar terminaría. Hoy se vería culminado ese anhelo. Pero no serían padres de un sólo niño, sino de tres. ¿Por qué de tres? Porque en la casa cuna procuran que los hermanos biológicos no se separen, sino que vivan juntos con unos nuevos padres.
“Para Fernando y Josefina las responsabilidades se multiplicarían por tres, pero eso no les importaba. Los años de espera les habían enseñado que la adopción, en principio, debe ser un acto que beneficie a los niños, y para éstos es benéfico mantener el vínculo con los hermanos. También aprendieron que la paternidad y la maternidad —biológica o adoptiva— ha de ser un acto en el cual se han de considerar de manera prioritaria las necesidades, expectativas y deseos de los niños; sabían que los niños necesitan unos padres a quien amar, respetar y de quién aprender.
“¡El regalo que la vida les daba hoy lo recibirían! Los minutos pasaban y Ramón de 7 años de edad, Gabriel de 5 y Alejandro de 3 se sentaron junto a la puerta para ver entrar por ella a sus nuevos padres.
“Y el momento llegó.
“Cuando se abrió el portón y por ella entraron Fernando y Josefina, únicamente alcanzaron a dar unos pocos pasos pues ya estaban ahí colgados de su cuello Ramón, Gabriel y Alejandro gritándoles: ¡Papá, Mamá, por fin llegaron!
“Atrás quedaba, para ellos, un nebuloso pasado de rechazo, maltrato y abandono. El milagro estaba ahí y a partir de este día empezaban a formar una nueva familia en donde no faltaría la confianza, el cuidado y el amor. ¡El milagro de amor se había realizado!
“Al día siguiente busqué en el periódico la noticia. Pensé que la encontraría a ocho columnas. ¡No estaba!… De lo que me enteré fue de una noticia que me conmovió profundamente: un muchacho de 14 años se había suicidado. El motivo: toda su vida… su corta vida, la había pasado de albergue en albergue…
“Pienso que con una pequeña contribución diaria, en nuestras vidas lograremos que estas noticias de amor aparezcan, y los periódicos serán más grandes para que en ellos quepa la verdad y las noticias de los milagros de amor”.
* Psicólogo / [email protected]
Comparte en Facebook
Twittéalo








