SOMOSMASS99
José Antonio Bueno Saucillo*
Miércoles 10 de julio de 2019
Comencé a militar políticamente en 1975, cuando se funda el Partido Mexicano de los Trabajadores, entonces me afilié a él. Recuerdo que ya para entonces era de primera necesidad eso de que se tenían que formar cuadros políticos, y por eso se nos pedía que fundáramos escuelas de cuadros; muy poca experiencia teníamos en organizar nada, pero los dirigentes estatales y nacionales se hacían tiempo para descansar poco y comer igual. Recuerdo a Heberto Castillo, aquí en el Tecnológico de Celaya, a Demetrio Vallejo en el FAT en Irapuato, a Gustavo Gordillo, a Eduardo Valle el Búho, cuadro del movimiento estudiantil, prácticamente el PMT era fruto del 68; también recuerdo a Carlos Mendoza Eupetit, Eduardo Gallegos, Eduardo Cervantes, cineastas del CUEC, y muchos cuyos nombres tengo deslavados, pero que veíamos seguido por acá en nuestro estado, andaban sin tregua.
Los líderes locales Sergio Pallares Lara, los hermanos José Luis y Roberto Aguilar y otros tampoco se daban descanso.
No recuerdo que a ninguno de los que he mencionado le haya escuchado alguna vez una queja de cansancio por andar de un lado para otro y, claro, leer incansablemente.
Aún no nos explicamos muchos de ese tiempo cómo acometíamos tantas tareas de buena gana y sin descanso… ¿qué no se cansaban los viejos Vallejo y Castillo? Muchas veces se trataba de dormir en el piso, en algún suelo ofrecido espontáneamente, y de comer lo que hubiera, hasta bolillos con un chile en vinagre adentro…
Para los más jóvenes era un orgullo caminar al lado de esos viejos maravillosos, personas de saber y valor, y más que pudiéramos conversar con ellos… pero platicaban con uno y hasta le tomaban parecer.
Y si había necesidad de fundar escuelas de formación política, pues a trabajar… Un lugar, unas sillas, lo que había, no importaba el estado físico en que encontraran los lugares o las cosas, había entre nosotros un intercambio de libros intenso y, claro, lectura ávida.
Para nosotros eran familiares: Martha Harnecker, Adolfo Gilly, los libros aquellos muy baratos de la URSS, de Marx, Lenin, Engels, Guevara, Castro, Luxemburgo, José Revueltas, Kenneth Turner, Traven, Rius, Poniatowska, Monsiváis, Paz, Pacheco, Rulfo, Fuentes, Sánchez Andraka, y del propio Heberto, de Vallejo, la Monstruosidad de una sentencia…, Aníbal Ponce, los intelectuales de la Reforma mexicana y muchos más; narrativa internacional en la que, por cierto, persisten Hesse, Nietzsche, Kafka, Brecht, Camus; la ilustración francesa, la filosofía clásica griega…
En fin, lo rescatable es que no evadíamos el trabajo, reproducíamos documentos con esténciles en mimeógrafos manuales, preparábamos las pegas con engrudo de sosa cáustica, y las pintas se realizaban a las tres de la mañana.
No pretendo la presunción, simplemente recuerdo como para nosotros era casi una regla siempre hacer un tiempo para lo que se requiriera, para eso nos habíamos afiliado al Partido.
Los descansos eran ocasionales, ahora los descansos son permanentes y el trabajo ocasional.
Hoy no llegamos a tiempo a ninguna cita contraída aunque todos los celulares traen integrado el teléfono, y menos nos levantamos en la madrugada a cumplir tareas políticas; hoy sobran los pretextos y justificaciones para no trabajar; hoy tal vez somos más astutos para mentir, no así más inteligentes; hoy pensamos que si los demás luchan por nosotros, mejor; hoy nos creemos más listos, pero somos mucho más socarrones y cínicos para justificar nuestra estática.
Aun más, desdeñamos la verdad, principalmente la que nos desnuda y exhibe nuestras miserias, en muchos casos de militantes fallidos; nos sentimos agredidos cuando somos descubiertos y respondemos con agresividad. Ah, y nos sentimos imprescindibles.
Supongo que esto anterior es sólo uno de los factores que provocan el estado actual de la “izquierda» mexicana, guanajuatense, celayense; desde luego que debe haber más, esto es lo que tal vez corresponde a algunos individuos «militantes» actuales de la izquierda nacional. Pero restaría hablar de lo que ahora se considera el verbo militar… no tiene la misma significancia ahora que antes.
Distingo dos tipos de militantes, al menos de por acá: los primeros acostumbran repetir siempre que son de izquierda, una y mil veces, son aplaudidores de todo lo que hace el partido y el líder moral sin cuestionarlo, apoyadores, porras incansables, les gusta gritar, agredir, exigir, en cierta forma disfrutan militar, también usan las redes sociales compulsivamente para enviar, reenviar, mofarse, y descalificar al adversario, chismear, intrigar; todo ya automáticamente, sin cuestionamiento alguno… ansían tener líderes a los que no les importe su personal manera de militar, que no les cuestionen, y a quien responsabilizar si hay pifias, para ellos militar es un hobby no una manera de vivir.
Son militantes de palabra, no asumen compromiso alguno, y tienen siempre la puerta trasera abierta para escapar si es necesario, la justificación, el pretexto, para no hacer el esfuerzo.
Falta un elemento esencial: la convicción, el compromiso.
Bueno actualmente así es en muchísimos casos, el trabajo político se toma como pasatiempo, como remiendo del ego, para no sentirse inútiles completamente.
El otro tipo de militancia muy visible es el del autoerigido líder o el beneficiado por la atención y preferencia de los de niveles más altos que él, es decir, el vividor que tiene dicha distinción y la contribución de los de más abajo, los del montón, los descritos en un principio. Disfrutan de su «notoriedad», buscan las pasarelas, presumen y se sacan fotos con «sus» líderes, aspiran a obtener puestos, son la cara de su partido en la comunidad, son zalameros, y llevacorriente, animales miméticos que viven en y de las redes sociales y en lo convivencial de los eventos públicos que impone su estatus.
Unos manejándolos y, otros, dejándose manejar.
Son el elemento más tóxico para la izquierda.
Si se crea una simbiosis entre los primeros y los segundos, su asunto está hecho, los dos engranes concatenando perfectamente, aun en el caso en que nadie de esos dos tipos haya leído nunca un libro, o sea capaz de armar la más sencilla argumentación de fondo, o medio fondo.
Hablo de muchos, no de todos.
Descrito esto, ¿urgirá la capacitación política, aunque ya haya pasado mucho tiempo? o ¿bastará con estos dos tipos de militantes, sus envíos, reenvíos, memes, voluntarismo a ultranza, y sonrisas zalameras para que el país se regenere, como lo propone Andrés Manuel López Obrador? ¿Bastarán los diseños de programas de ideología izquierdista, la lectura e interpretaciones socioeconómicas de los clásicos y contemporáneos de la izquierda?
¡Claro que no!
¡Urge teoría y práctica, pero para eso, sobre todo: disposición y compromiso!
La militancia rasa está así, los niveles de dirección del partido y su acción coordinadora: inexistente.
En Morena, los esfuerzos del Instituto creado para impulsar la formación política no tienen efectos visibles, no se sienten, no llegan a ser calor intenso, sólo tibieza. Ya que no hay estructuras, ni estatal ni municipales, se tiene o tuvo que crearse una especial, emergente, para formación política, que desde luego hasta la fecha no brilla, fue vapor.
Eso sí, los engranes medio ensamblados, ya comenzaron a preparar sus campañas «para que la lucha siga», ya comenzaron a regalar cosas para afianzar su imagen, como en las campañas pri-panistas, que muchas veces han criticado; es decir no apostarán al voto consciente, sino al voto comprado, comprometido.
De ira y risa ¿no?
Por ahora, la recomendación de un buen texto de autocrítica que hace Pedro Miguel en su columna Navegaciones publicada en La Jornada el 7 de julio pasado, bajo el título de Mensaje al Consejo Nacional de Morena.
* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece el autor.
Foto de portada: Diario DF.
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