SOMOSMASS99
PERSIGUIENDO SOMBRAS
Raúl Muñiz Torres
Ayer, mientras le impartía a un grupo de estudiantes de la carrera de Pedagogía los Siete Saberes necesarios para la Educación del futuro de Edgar Morin (francés, parisino, por cierto), pensaba al mismo tiempo no sólo en los muertos de los atentados en la capital gala.
Explicaba a los alumnos el pensamiento de Morin y meditaba también en los cientos y cientos de inocentes que han perdido la vida de manera violenta en diversos países del mundo y lamentaba el hecho de que esas muertes, no tuvieron el suficiente eco para merecer la entonación de su himno en tierras extranjeras, ni la fuerza suficiente para elevar los colores de sus banderas en monumentos históricos de lejanas geografías.
A los franceses y todos aquellos que no lo son pero que cantan orondos y al unísono La Marsellesa en solidaridad con los muertos del pasado 13 de noviembre en París, bien les haría conocer la obra de Morin, uno de los suyos, brillante y no por nada, creador del concepto del pensamiento complejo.
Decía Morin en el séptimo de sus Siete Saberes, que “las dos grandes finalidades ético-políticas del nuevo milenio son el establecer una relación de control mutuo entre la sociedad y los individuos por medio de la democracia y concebir la Humanidad como comunidad planetaria”, porque, señalaba el también filósofo parisino, “la educación debe no sólo contribuir a una toma de conciencia de nuestra Tierra-Patria, sino también permitir que esta conciencia se traduzca en la voluntad de realizar la ciudadanía terrenal”
En pocas palabras, todos los muertos del cualquier país deberán importarnos si entendemos que un ser humano educado y consciente de su entorno, es aquel que “entiende que la comprensión mutua entre humanos, tanto próximos como extraños es en adelante vital para que las relaciones humanas salgan de su estado bárbaro de incomprensión” (Sexto Saber: enseñar la comprensión).
Por su parte, la filósofa estadounidense post-estructuralista, Judith Butler, ataja a quienes se decantan por unas vidas y no por otras cuando señala de manera brutal y descarnada que “cuando tomamos nuestro horror moral como signo de nuestra humanidad no notamos que dicha humanidad está, de hecho, implícitamente dividida entre aquellos por quienes sentimos una urgente y no razonada preocupación y aquellos cuyas vidas y muertes simplemente no nos afectan, o no aparecen como vidas en primer lugar”.
Butler señala lo anterior en una de sus obras socio-filosóficas fundamentales: “Marcos de guerra. Las vidas lloradas”, en ella, se establece cómo ciertos países y sus poblaciones, son “modelados como una amenaza para la vida humana tal y como nosotros la conocemos” y por ello, se considera que “estos pueblos son carne de cañón so pretexto de proteger la vida de ´los vivos´”.
Hoy preocupa a muchas latitudes del mundo las muertes de los franceses en la tarde-noche parisina del 13 de noviembre, pero el planeta gira sin lamento alguno por los cadáveres de sirios, iraquíes, nigerianos, mexicanos, malienses, porque simple y sencillamente, no son muertes dignas de ser lloradas.
Y una recomendación más para franceses y francófilos: “El respeto y la mirada atenta”, del filósofo catalán Josep María Esquirol, quien en dicha obra establece que el ser humano, cuando tiene una mirada atenta, posee una mayor capacidad de respeto y por tanto, una mayor capacidad para respetar lo que le es ajeno, lo que se encuentra en los márgenes.
Y apunta Esquirol que “la atención nos conecta con el mundo, y esta conexión es la mejor vacuna contra los dogmatismos, eslóganes e ideologías”.
Quien esto escribe, no es que no lamente las muertes de los caídos en París en días pasados (tengo amigos ahí), pero mi lamento se encuentra también con los inocentes perdidos en Irak, Siria, Nigeria, Líbano, Mali, México.
He visto sus banderas, he escuchado sus himnos, he visto las imágenes hermosas de sus países y lanzado mi comprensión moral hacia su gente buena que es mucha, a su historia que es majestuosa, a sus esperanzas de vida que son tan válidas como la de cualquiera en este planeta.
Vayan pues desde estas líneas, mi recuerdo y respeto para todos los muertos de esos países y muchos más, liquidados por el fanatismo, la guerra, la intolerancia y la creencia de algunos de que su país y las vidas de connacionales que albergan, son las únicas dignas de ser lloradas.
Comparte en Facebook
Twittéalo








