SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 16 de diciembre de 2016
“Ningún problema puede ser resuelto con el mismo
nivel de conciencia con el que fue creado”.
Albert Einstein
Han pasado más de tres décadas que nos prometieron el ingreso al primer mundo y con ello la prosperidad y felicidad a que todo ser humano aspira legítimamente. Las condiciones fueron que el país debería modernizarse e integrarse a la globalización.
Tanto desde posiciones de gobierno como de las cúpulas empresariales se desplegó una intensa propaganda para que aceptáramos y nos resignáramos a una situación que, además, era la única alternativa al desarrollo en un mundo unipolar y en el que la Historia había llegado a su fin, con el triunfo del capitalismo como el sistema perfecto y eterno.
La modernización significó la privatización de todo lo que interesara al capital privado local y extranjero; la globalización se reflejó en la subordinación del país a los intereses del gran capital financiero transnacional y para alcanzar los objetivos de esa nueva política, como práctica natural la represión ha estado siempre presente en sus más variadas formas.
Además de la represión física, el grupo en el poder no ha dudado en violentar un supuesto estado de derecho, al que apela para reprimir, y en no pocas ocasiones con sus medidas ha violado la Constitución, situación que ha resuelto cambiando (reformando) el texto constitucional para ajustar sus acciones a la legalidad. Y para mantenerse en el poder, al menos en tres ocasiones (1988, 2006 y 2012) ha recurrido a descarados fraudes electorales.
Han transcurrido cinco administraciones federales completas y dos terceras partes de la actual y el pueblo ni siquiera indicios ha visto o percibido de las promesas que cada uno de los titulares de esas administraciones hizo para reforzar la aplicación de la política que tiene al país al borde del abismo y al pueblo con cada vez mayores y más graves problemas, que es el único lugar hacia donde lo han movido.
La actual situación del país y sus graves problemas, producto de la aplicación de esa política, el neoliberalismo, impuesta por el grupo en el poder mediante una visión del mundo divorciada y alejada de la realidad, y en la que prevalecen solamente sus intereses, jamás podrán resolverse en el contexto que los produjo.
La mayoría del pueblo tiene claridad de que quienes nos gobiernan y quienes detentan el poder son incapaces de solucionar ni medianamente los problemas de este país. Esa incapacidad es producto de sus intereses de clase y de grupo, los que son totalmente opuestos a los del pueblo mexicano.
Y las instituciones, la legislación y todos los mecanismos por ellos creados tienen el objetivo de legitimar su poder y hacer lo necesario para defender sus intereses. Por ello en algunas instancias populares se plantea que los problemas del país se solucionarán en la medida en que el pueblo sea capaz de cambiar las instituciones, la legislación y los mecanismos de control del grupo en el poder, por otros que realmente promuevan el bienestar de las mayorías; en otras palabras, refundar el país.
Y aun cuando la mayoría de la población está conciente de la necesidad de un cambio, que constituiría el objetivo estratégico, están presentes problemas que habría que resolver y contradicciones que, aunque secundarias o de menor orden, tendríamos que superar o al menos diferir su solución en tanto se alcanza el objetivo.
Uno de esos problemas es el de la unidad. Pareciera algo simple de solucionar, sin embargo ésta no se da por decreto ni por voluntarismo; requiere respuesta a interrogantes como: unirse, ¿para qué?, ¿con quién?, ¿cómo?, ¿por cuánto tiempo?, ¿a partir de qué principios éticos y estratégicos?, ¿en qué tipo de acciones?, ¿frente a qué riesgos?, ¿con qué perspectiva? Además, la unidad sin organización ni un propósito viable y claramente definido conduce a realizar esfuerzos altamente desgastantes y a derrotas innecesarias. Lo anterior nos lleva a que otro de los problemas que requieren atención es el de la organización.
También existen una serie de desviaciones que merecen la mayor atención, para evitar el surgimiento de contradicciones o la agudización de las existentes; entre otras, podrían citarse: el oportunismo, el sectarismo, el dogmatismo, el caudillismo y otras más, que en parte son responsables de la dispersión tan grande que existe en los movimientos sociales.
Pareciera que lo anterior mostrara la dificultad que entraña la lucha por un cambio en nuestro país. En realidad ello no será nada fácil, pero la desatención de ciertas cuestiones fundamentales lo haría más difícil, pero no más difícil ni pesado que continuar soportando la opresión de la minoría que vive y disfruta a costa del esfuerzo y las carencias de la mayoría del pueblo.
Y si la oligarquía mexicana, en el contexto de su visión del mundo y la realidad, ha sido históricamente incapaz de resolver los problemas que ella misma ha creado, lógico es que la solución a los problemas del país será posible solamente en un nuevo contexto y en él necesariamente tendrían que prevalecer los intereses de nuestro pueblo.
* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular y del Observatorio Biosfera de Salamanca, Guanajuato.
Foto de portada: Elizabeth Ruiz / Cuartoscuro.
Comparte en Facebook
Twittéalo








