SOMOSMASS99
©Gaudencio Rodríguez Juárez
Jueves 6 de abril de 2017
En los últimos años ha ido surgiendo algo que ojalá en algún momento se convierta en todo un movimiento social: me refiero a mamás (y uno que otro papá) dándose a la tarea de sumar a su intuición para la crianza, herramientas derivadas de las ciencias humanas. Pero no sólo eso sino que además las documentan y difunden a través de múltiples medios para contagiar a otras mamás/papás, mediante la organización de talleres, conferencias, cursos, encuentros, compartiendo testimonios, escribiendo artículos y hasta libros, tejiendo redes de colaboración, etcétera, generando así, oportunidades para la reflexión y aprendizaje acerca de una de las labores más trascendentales: la formación de las nuevas generaciones.
La formación de los niños y niñas es una función de toda una sociedad, en la cual existen funciones diferenciadas pero no exclusivas. Es a los padres/madres a quienes les corresponde la responsabilidad mayor. Pero no han de ser sólo ellos quienes carguen en sus hombros una labor de suma complejidad y demanda, sino que necesitan de toda una red familiar y social: parientes, amigos, vecinos, maestros, profesionales de la salud, de la educación, instituciones, etcétera.
Para formar seres humanos autónomos, plenos, éticos, solidarios, libres, pacíficos, respetuosos, igualitarios y todo aquello que mandata la Convención sobre los Derechos del Niño se requieren múltiples habilidades por parte de sus formadores.
Ser padres, ser madre, pues, no es una labor simple sino compleja. No es algo innato, sino competencias que se adquieren a través de un proceso de aprendizaje y práctica constante. La habilidad para la crianza no la determina el sexo, la edad, la profesión, el estatus laboral o socioeconómico, la orientación sexual, la religión…, sino, entre muchas otras cosas, el conocimiento de las necesidades del desarrollo infantil en general y el conocimiento del hijo en particular, el aprendizaje de modelos y métodos educativos, sumado todo ello a la existencia de condiciones logísticas, materiales y temporales suficientes.
La crianza no es un asunto simple ni de inspiración. Tampoco instintivo. No nacimos sabiendo ser padres/madres sino que fuimos aprendiéndolo. Tal aprendizaje comenzó cuando nuestros respectivos padres/madres nos criaron: al alimentarnos, arrullarnos, protegernos, guiarnos, aconsejarnos, alentarnos, abrazarnos, amarnos… nos comenzaron a transmitir de manera vivencial esta función parental. A ello se le fue sumando el aprendizaje vicario, el cuidado de los otros y el acercamiento al conocimiento, trayendo como resultado el nivel de habilidad parental que cada quien posee hoy.
Esto lo saben muchas mamás/papás modernos, en cuyo cuerpo existe un saber de lo que al ser humano le hace bien para su sana formación, pero que en ocasiones se opaca, se “olvida” o se duda debido a los malos tratos recibidos en la infancia, producto del autoritarismo de sus respectivos cuidadores. Pero basta con abrir espacios para la reflexión para reconectarse con ese saber corporal.
“Salí del taller con el corazón lleno, plena, feliz y confiada en que muchas de las cosas que mi corazón late y que a través de muchos años de hacer introspección en mí misma y reconocer que muchas cosas vividas no me hicieron bien, doy cuenta que este tipo de crianza (respetuosa y amorosa) es la que deseo para mis hijos; y aunque a veces siento que nado contra corriente, hoy al escucharte (me) confirmé que este es el camino correcto… Desearía más papás trabajando o mínimo conociendo estos principios de Disciplina Positiva maravillosos que hoy vivimos. Pero bueno, estoy segura que vamos picando piedra ¡y cada vez seremos más!”, comentario de una mamá, botón de muestra de muchas otras que han tomado conciencia de que somos esta generación coyuntural en la historia de la crianza, obligada a hacerlo diferente: con amor y respeto. Una generación que tiene la oportunidad (y el deber) de comenzar el cambio de paradigma.
Un grupo de madres (a las que valdría la pena nos sumáramos muchos más padres) que en ocasiones viven el desaliento ante la apuesta de un gran sector de la población a los estilos autoritarios, violatorios de los derechos de la infancia, irrespetuosos de la dignidad de los niños y niñas, pero que aumentan su seguridad abrevando en los argumentos y evidencias empíricas y científicas.
Por cada actividad que organizan benefician no sólo a las personas que participan de manera directa sino a muchas otras que recibirán el mensaje a través de éstas, colocando así, los ladrillos del buen trato que un día se convertirán en la morada donde habiten las nuevas generaciones.
* Psicólogo / [email protected]
Foto de portada: Pixabay
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