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Mujeres sospechosas

Diálogo Estado / Gaudencio Rodríguez Juárez / Top News / 17/03/2016

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©Gaudencio Rodríguez Juárez

 

Recibí de una amiga un cuento:

Una mañana el marido vuelve a su cabaña después de varias horas de pesca y decide dormir una siesta. Aunque no conoce bien el lago, la mujer decide
salir en la lancha. Se mete lago adentro, ancla y lee un libro. Viene un guardián en su lancha, se acerca a la mujer y dice:

―Buenos días, señora. ¿Qué está haciendo?

―Leyendo un libro ―responde ella (pensando “¿No es obvio?”).

―Está en zona restringida para pescar ―le informa él.

―Disculpe, oficial, pero no estoy pescando, estoy leyendo.

―Si, pero tiene todo el equipo, por lo que veo, podría empezar en
cualquier momento, tendré que llevarla y detenerla.

―Si hace eso, lo tendré que acusar de abuso sexual ―dice la mujer.

―¡Pero ni siquiera la toqué! ―dice el guardia.

―Es cierto, pero tiene todo el equipo. Por lo que veo, podría empezar en
cualquier momento.

―Disculpe, que tenga un buen día, señora ―y se fue…

Moraleja: Nunca discutas con una mujer que lee… Sabe pensar.

Este cuento, cuyo autor o autora desconozco, me recordó un diálogo que he tenido con más de una mujer. Se trata de la desconfianza, crítica y sospecha que generan las mujeres autónomas, independientes, capaces, productivas y que viven solas por elección.

Se vuelven “sospechosas” porque su libertad asusta a muchos hombres y a muchas de sus congéneres. El no tener una pareja las convierte en blanco de proyecciones de otras mujeres que al vivir infelices en su matrimonio, terminan envidiando la independencia de la soltera o en presas de hombres buscadores de una relación con alguien “disponible”; y es que en una cultura machista, el que una mujer no tenga pareja significa que no tiene “dueño” (!), por lo tanto está disponible para él. Así lo viven muchos hombres.

¿Qué evidencia tengo al respecto? Una amiga de cuatro décadas hoy soltera, autosuficiente, inteligente y atractiva suele ser seducida por hombres (casados y solteros); pero mientras estuvo casada o mientras ha tenido novio, el resto de los hombres dejan de cortejarla, y no para evitar ser impertinentes o importunarla, sino por el sólo hecho de que tenía pareja, por lo tanto, dueño, en el imaginario masculino.

¿Un caso es poca evidencia? No si lo tomamos como botón de muestra. De otras mujeres con estas características he escuchado relatos que evidencian dinámicas semejantes: “Parece que los hombres piensan que por el hecho de estar sola y acercándome a los cuarenta estoy necesitada de un hombre, ¡qué les pasa!”.

Existen grupos sociales donde la mujer divorciada deja de ser invitada a las reuniones del grupo de matrimonios amigos a los que pertenecía cuando todavía estaba casada. ¿Por qué? “Por el temor a que ‘inquiete’ a los esposos de las esposas aún esposadas”, he escuchado decir. El hecho de que tengan todo para “pescar” las hace sospechosas. Aunque pescar hombres sea lo menos que les interese porque en ese momento están haciendo cosas que les resultan más divertidas e interesantes, por ejemplo, leer un libro, viajar, echar a andar una empresa o un proyecto. “Sí, pero tienen todo el equipo, por lo que podrían empezar en cualquier momento”, es el argumento frecuente. ¿Será? Ni que fuéramos tan encantadores. Ni que fueran como nosotros.

Psicólogo / [email protected]

 






Luis López




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