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Ni derecha, ni izquierda ni centro

Diálogo Estado / Diálogo País / Top News / 09/04/2018

SOMOSMASS99

 

Lázaro Uc Mas*

Lunes 9 de abril de 2018

 

Lo que hay que ver estos días de elecciones partidocráticas. Exactamente junto al PAN están el PRD y MC formando la nada singular alianza del Frente por México. Hace algunos años a no pocos electores les hubiera resultado increíble que el PAN estuviera en alianza con el PRD. Hoy ya no es tan sorpresivo. El PRD hizo lo suficiente para ser el perfecto acólito del PAN. Su suerte está sellada. Lo saben. Y lo aceptan sin rechistar. Ricardo Anaya fue capaz de domesticar a los ya domesticables Chuchos. Faltaba más.

El PRI es más “consecuente”. Mantiene girando en su órbita al PANAL y al Verde Ecologista. En esta alianza no hay sorpresas. Es tal como se esperaba. El destino de estos dos satélites está ligado casi de por vida al del PRI. Todos cerraron filas ante el máximo elector y José Antonio Meade Kuribeña es la famélica carta del partido en el poder.

Estos son los partidos de la clase en el poder. Por lo menos frente a las elecciones se quitan el rubor y se descaran, tal cual son. Atrás quedan los discursos apologéticos de principios y doctrinas filosóficas partidarias. Aquí simple y pragmáticamente se trata de ganar las elecciones y presentarse como los candidatos “del cambio”, del “pueblo”, de los “ciudadanos”. Cualquier cosa que eso signifique. Atrás quedan la derecha, izquierda y centro. Aquí lo que importa es ganar, o conservar el registro y, por supuesto, los recursos. Lo de izquierda, derecha y centro queda muy bien para los buenos ciudadanos, bien intencionados, que se han tragado toda esa basura discursiva de la democracia representativa y del «tu voto vale” o del “ciudadano conciente”, o del “tú eliges”. No en vano invirtieron millones de pesos en publicidad chatarra y en mantener esa caterva de zorros del INE.

Para los candidatos de la clase en el poder, Ricardo Anaya y José Antonio Meade, el juego electoral es un ejercicio necesario para la simulación democrática. En realidad poco importa quién gane, porque quien gane de ellos ganarán todos los de su clase. Por algo son de la misma clase. Ayer se abrazaban efusivamente por sus logros en las cámaras, hoy se desgarran las vestiduras por sus travesuras financieras y mañana encubrirán hábilmente sus deslices electorales. Y continuarán saqueando plácidamente a millones de trabajadores. Con el mismo programa que comparten: la agenda neoliberal.

Una tercera alianza se asoma en este circo electoral. La alianza singular de Morena con el PT y el impredecible PES. Pudo asombrar que aparezca el PES al lado de Morena, pero después de un momento el asombro desaparece. Tal como están las cosas, se pierde esa capacidad. Cada vez es más opaca esa vieja división de izquierda, centro o derecha. Decíamos, para los ingenuos ciudadanos sigue vigente. Para los lobos del poder, es historia. Lo necesario es el pragmatismo.

El candidato de la clase media del país, Andrés Manuel López Obrador. Candidato que representa a esa franja poblacional que sostiene una crítica al actual gobierno pero no quiere perder su “estado de confort” social y económica. Por tanto, deposita sus esperanzas de preservar ese confort en las manos bienaventuradas de quien promete hacerlo, sin dolor. Y cree que resolviendo la corrupción, resuelve el problema del país. Es la pequeña burguesía conservadora. En franca rebelión electoral con la gran burguesía oligárquica.

En síntesis, tres candidatos, dos programas. Una clase en pugna. Que en número no son ni el 10 % del padrón electoral. Al fondo, cubriendo el resto del espacio social, el botín de oro: los electores, los ciudadanos, los trabajadores, la gran clase trabajadora. Noventa millones de electores. Menos aproximadamente siete millones de estudiantes electores, menos 500 mil de las clases altas, quedan, alrededor de 82.5  millones de electores, todos trabajadores. De estos, 60 millones viven en la pobreza y 35 en la pobreza extrema. El gran botín electoral.

Millones de pesos para convencer a la inmensa clase trabajadora de “su” necesidad de votar por los candidatos de las otras clases que se presentan ante ellos como pertenecientes a su misma clase. 82.5 millones de trabajadores desparramados en toda la geografía nacional, desvinculados entre sí, individualizados, pendientes del aquí y ahora, imposibilitados de observarse a sí mismos como inmensa clase de 82.5 millones de trabajadores. Cegados y atomizados. No organizados.

Al otro lado, los depredadores, la partidocracia, con sus certeras estadísticas, tantos hombres, tantas mujeres; tantos en este estado, tantos aquí; tantos en esta condición social, tantos en otra. Organizados en el INE, esa estructura que radiografía, limita bordes, marca perímetros, señala fondos, destina presupuestos para guiar, orientar la gran cacería: 82.5 millones de trabajadores.

Ochenta millones y medio de trabajadores, incapaces de construir su propia alternativa, tendrán que elegir el próximo 1 de julio entre los candidatos de su histórica y sistémica clase enemiga: o la gran burguesía oligárquica pro imperialista, o la pequeña y mediana burguesía nacional conservadora.


Foto de portada: Facebook Ricardo Anaya.






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1 Comentario

el 14/08/2018

Para ganar una miseria no necesitas conocer a nadie, ni estar en nada, de política ni de religión ni de sectas de poder económico, te vales por ti mismo, así funciona esto… ¿Sin política, qué obtienes por ahí? Miseria, temporalidad y paro, sueldos por debajo de mil euros, explotación e incertidumbre, y a los cincuenta años sin trabajo hasta la jubilación, que cobras lo mínimo, a no ser que tu padre sea el dueño de una empresa y te meta. No hay mercado laboral en realidad, es un mercado de familiares y amiguetes, solamente lo público puede hacer que cobres un sueldo digno que te permita hacer una vida para siempre, tener una familia, una mujer y sacar adelante unos hijos, pero para eso tienes que estar bien situado políticamente… Fíjaros lo que ha ocurrido con el mercado laboral privado, 6 millones de parados con la crisis de los últimos diez años, hasta los enchufados se han visto en la calle, con su vida rota por no cobrar nada o un subsidio de hambre, separaciones conyugales, conflictos, enfermedades y sufrimiento, mucho sufrimiento, mientras que lo público se ha mantenido, eso sí con una congelación de salarios. Y los que han logrado salir del desempleo, lo menos viejos, trabajan con salarios miserables, en muchos casos de la mitad que antes de la crisis, y en la eventuralidad total.

Por el hecho de pertenecer a un partido político, tener un carné y pagar una cuota mensual o trimestral pequeña, no significa necesariamente que te den algo que valga la pena, un trabajo fijo y bien pagado, en lo tuyo, pagándote la titulación universitaria, tienes que tener contactos con la dirección, con gente que tiene capacidad de liberar fondos con poder con su firma para contratarte o sacar un plaza fija en algún organismo público… Pero si no conoces a nadie te da igual estar que no estar, a lo mejor pueden darte migajas, alguna subvención temporal pero que no te soluciona, sin contactos estar puede ser algo sentimental y emocional, de corazón, pero nada más… Hoy día ya no existe ni izquierdas ni derechas como hace unas decadas, solamente hay gente que tiene dinero y gente que no lo tiene, esas son las diferencias ideológicas y de clase en la actualidad.

Un partido político es como la sociedad misma, si no conoces a nadie, nadie te da nada. Para que un partido político te meta y te acepte, te haga diputado o te de un cargo bien pagado sin contactos, tienes que ser alguien famoso por tu actividad profesional, como un partido nuevo que ha aparecido hace unos años que tiene varios artistas en sus filas, y algunas tías muy buenas muy agradables a la vista, tienes que ser alguien bien valorado socialmente… que les venga bien tenerte en sus siglas como publicidad para obtener más votos en las elecciones. Los que son de verdad de un partido sea de izquierda o derecha son los que llevan un pastón todos los meses y se solucionan la vida para siempre… el resto de militantes porque vayan a pegar carteles en las elecciones o de interventores o apoderados en las mesas de las votaciones, no lo son realmente porque no se llevan nada o apenas nada… La fidelización a algo siempre está en el dinero, así es la vida.

ARTURO KORTÁZAR AZPILIKUETA MARTIKORENA ©



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