SOMOSMASS99
Agustín Galo Samario / SomosMass99
Salamanca, Gto. / Domingo 20 de marzo de 2016
«Ni la peor contaminación de Pemex se compara con la de Quidesa» y «los que más la sufren son los niños y adultos mayores», dice con énfasis Fernando Baca Amador, de la organización Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía.
Fernando Baca lleva más de diez años de luchar contra los desechos tóxicos generados por Químicos y Derivados S.A. de C.V. (Quidesa), que se presenta a sí misma en su página de Interntet (http://www.quidesa.com.mx/) como «el principal productor y comercializador de aceites minerales blancos, petrolatos, sulfonatos y aceites técnicos en México desde hace mas de 40 años». «Creemos que no hay nada más natural que los Aceites Minerales Blancos y los Petrolatos. Nosotros comenzamos con Materias Primas que naturalmente se obtienen de la tierra y las purificamos hasta su estado final. Nuestros productos han sido un alivio para la gente desde que eran bebés y nosotros continuamos creciendo en nuestra innovación y desarrollo de nuevos y mejores productos para encajar en el mundo de hoy».
En el portal de Quidesa no hay una sola línea que se refiera a las denuncias en su contra por la contaminación que ha generado en terrenos del Cerro de la Cruz, donde en 1998 murió el joven Fernando Rangel al caer de su bicicleta en el sitio preciso donde la empresa ha depositado miles de toneladas de residuos peligrosos. Nada, tampoco, de que ya fue clausurada por las autoridades ambientales y que a pesar de ello, aunque lo reconoce abiertamente en su texto, opera por lo menos parcialmente.
Fernando Baca, que junto con otros salmantinos han interpuesto varias denuncias contra Quidesa desde hace años, conoce a la empresa como pocos. Aporta algunos datos: está dentro de las industrias fabricantes de productos químicos orgánicos industriales en Guadalupe, Nuevo León. La organización es ubicada en Toledo No 112 poniente. Se fundó en el año 1962 (hace 52 años). Ha estado operando 47 años más que lo normal para una empresa en México y 44 años menos que lo típico para fabricantes de productos químicos orgánicos industriales. Se estima que tiene actualmente 33 empleados, que supera a las compañías instaladas en Nuevo León, las que a su vez reportan entre cinco y 21 trabajadores en promedio.
Un poco de historia
El activista cuenta que hace 30 años en la colonia Humanista, situada a dos kilómetros del tiradero de desechos tóxicos, habitaban 15 personas y mil ejidatarios en los poblados de Rancho de la Cal, Santo Domingo y Urétaro. Todos, en las cercanías del Cerro de la Cruz, del que las autoridades de ese tiempo decidieron explotar material para pavimentar la ciudad de Salamanca, entonces en constante crecimiento.
En el cerro se veneraba a la Virgen del Rayo 1 y a San Isidro Labrador, patrono que favorecía el cultivo de los agricultores. Eran frecuentes las peregrinaciones desde muchas comunidades a la capilla construida por jesuitas en lo alto del montículo.
“Antes vino la detonación del municipio con la instalación de la refinería Antonio M. Amor (1956) y ya con la producción petroquímica fue que se fundó Quidesa. En ese momento el camino que llevaba a la capilla se destruyó, el templo se empezó a desmantelar porque era difícil el acceso y eso lo aprovecharon los ladrones para llevarse los santitos y las imágenes.
“Quidesa es una fábrica pequeña, pero produce grandes cantidades de aceites y muchos productos más que vende en el extranjero. Pero en ese tiempo, como no había norma mexicana para proteger el ambiente, empezaron a abusar de los ejidatarios y a tirar sus desechos a cielo abierto», relata Fernando Baca.
En 1991, lo que era la oficina de Ecología Municipal se encargaba de dar los permisos. El gerente de Quidesa es el que fue alcalde de Salamanca precisamente en ese tiempo, en el periodo 1991-1993, Juan Manuel González García. Otro presidente municipal, Jorge Ignacio Luna Becerra, también es socio de la empresa, que en un tiempo era extranjera. «Ellos convencieron a los campesinos de que era bueno quemar los desechos. Les hicieron un pozo, les arreglaron un templo y los engañaron diciéndoles que las cenizas de la planta eran fertilizantes y que se las regalarían porque servían para sembrar sus tierras”.
Por esa época Fernando Baca trabajaba en la planta sulfuradora de la refinería Antonio M. Amor y no se percataba de lo que pasaba, aunque vivía a dos kilómetros del depósito de desechos de Quidesa, pues confundía los olores. Fue en 1998 cuando tres jovencitos de la secundaria Albino García se fueron de pinta al Cerro de la Cruz en bicicleta. Fernando Rangel cayó al hoyo que sirve de tiradero y murió quemado. «Hubo una demanda y entonces se vio que el caso era un foco rojo. Aún así no se le tomaba mucho en cuenta».
Ya para 2006 los niños pequeños que vivían en la colonia Humanista se empezaron a enfermar. “Mi hija se ponía mal cuando salían los olores. Hay ahí miles de toneladas de sustancias químicas que con el sol, lluvia o frío se incendiaban. Fuimos al municipio, a Protección Civil, al PVEM, a Ecología, pero nadie hizo caso.
“De joven me gustaban los temas ecológicos, era cuando tenía 16 años y el gobierno criminalizaba a los jóvenes por lo que sucedió en el 68, quería decir que eran drogadictos, vándalos, cuando lo único que hacían era defender sus derechos. Así que luego con este problema me iba los domingos al jardín principal a repartir volantes. Muchos seguramente decían ‘mira ese loquito que está hablando solo’. Pero ahí me encontré con personas que también iban a informar de otros problemas. Fue así que me metí al Frente Ciudadano Regional en Defensa de la Soberanía y como los que estaban ahí eran ingenieros, maestros y otros profesionistas, me echaron la mano».
En 2011 vino a Guanajuato el Tribunal Permanente de los Pueblos, se organizó una audiencia en Atotonilco, en San Miguel de Allende. El tema de la contaminación de Quidesa lo llevó el ingeniero Manuel de la Torre Rivera, del Consejo Consultivo Municipal Ambiental, un organismo que funge como moderador entre los ciudadanos, el municipio y las industrias. Llevó las denuncias que habían presentado ciudadanos y el propio Fernando Baca.
“Ya para entonces sabíamos que en Salamanca caía lluvia ácida. Pero aunque no lloviera, la ropa, las sábanas que se colgaban a secar terminaban todas negras por el humo en la ciudad. A la contaminación también contribuía Pemex, que desde la época de Miguel de la Madrid y Carlos Salinas han querido desmantelar, le dejaron de invertir. Pero ni la peor contaminación de Pemex se compara con la de Quidesa, porque la de esta empresa es de productos químicos que resultan cancerígenos».
El activista concluye con esta afirmación basada en el conocimiento de un caso estudiado por años, como vecino de Salamanca, habitante de la colonia Humanista y «como afectado por la empresa Químicos y Derivados S.A. de C.V».: «Ahora los niños pequeños y los adultos mayores son los que más se enferman de las vías respiratorias, del estómago, del hígado y padecen dolores de cabeza, hemorragias nasales, vómitos. Son ellos los que más sufren de la contaminación de Quidesa”.
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