SOMOSMASS99
©Gaudencio Rodríguez Juárez*
Jueves 8 de marzo de 2018
¿Por qué las mujeres soportan durante años la violencia y malos tratos?, ¿por qué no piden ayuda o cuando se les otorga la rechazan?, ¿por qué no rompen una relación que las destruye?, ¿por qué disculpan, justifican y ocultan los malos tratos?, ¿por qué algunas denuncian, luego se arrepienten y hasta perdonan al agresor?
Las y los especialistas en el tema advierten que el hecho de que los interrogantes giren en torno a los comportamientos de ellas sin problematizar los de los agresores, obtura la comprensión del problema.
Buscar las causas en la víctima, apelando a teorías del masoquismo o de la provocación, contribuye a la revictimización y a la perpetuación del problema.
Los estudios empíricos en el tema hoy dejan claro que a las mujeres no les gusta el maltrato, sino que lo padecen. La violencia es un proceso silencioso y paulatino. Entra de puntillas y corroe. De ahí la importancia de conocer su dinámica, causas y consecuencias. La especialista Belén Nogueiras enumera las siguientes:
– Los malos tratos los ejerce un hombre con quien la mujer mantiene un vínculo afectivo y amoroso, por lo que los sentimientos hacia él son más complejos y ambivalentes que los que se producen ante la violencia cometida por una persona extraña y desconocida, y las secuelas mucho más graves.
– Los malos tratos no son hechos aislados, sino que se prolongan durante mucho tiempo, por lo que van debilitando gradualmente las defensas físicas y psicológicas, generan miedo, sentimientos de indefensión e impotencia.
– Gran parte de los malos tratos cuando se producen en el ámbito doméstico, generalmente quedan invisibles para las personas cercanas a las mujeres.
– Los malos tratos se ocultan tanto por los hombres que los ejercen, como por las mujeres que lo sufren. Las mujeres han sido socializadas para tapar, guardar y proteger la imagen de los hombres.
– En la mayoría de las ocasiones, los hombres que maltratan tienen una buena imagen pública, es en el ámbito privado donde se sienten legitimados para ejercer la violencia (doble fachada).
– Las mujeres siente vergüenza de sufrir violencia, de no ser capaces de pararla ni de protegerse a sí mismas y a los hijos, si los hay. Se sienten culpables por ello y también por haber elegido como pareja a un hombre violento o, incluso, por no haber podido cambiarle. Esto les impide contar lo que les está pasando y pedir ayuda.
– Las mujeres suelen ser educadas y socializadas para potenciar sus habilidades de empatía, comprensión, tolerancia, perdón, lo cual en ocasiones se vuelve en contra de sí al tratar de siempre entender, llegando incluso a justificar al agresor aludiendo al estrés, problemas de infancia del agresor, etcétera. Lo cual conduce a minimizar o negar la violencia.
– La infravaloración de las mujeres y su baja consideración social también se ponen de manifiesto en las ideas y mitos que circulan sobre las mujeres maltratadas. Ellas suelen ser las únicas víctimas no consideradas inocentes, sino débiles, cómplices.
– Existe dificultad para reconocer socialmente que la cultura y la identidad masculina en la que los varones han sido socializados fomenta los comportamientos violentos y el ejercicio de poder sobre las mujeres.
La responsabilidad, entonces, es diferencial: al agresor le corresponde detener su propia violencia, a la víctima ocuparse de su propia seguridad, y al testigo, cuando existe, apoyar a la víctima, oponerse al victimario y nunca justificar el abuso. No nos confundamos.
* Psicoterapeuta / [email protected]
Foto de portada: Pixabay.
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